Marina Tsvetaeva (1892 -1941). Confesiones

Por Teresa R. Hage 

marina tsvetaeva

 

Meudon (S. –et- O.)
2, avenue Jeanne D’Arc
A 6 de marzo de 1931

 

Querida Raisa Nikoláieva:

Tengo tantas cosas que contarle y que decirle, pero comenzaré por la más dolorosa: no estamos muriendo.

Las personas que durante cinco años seguidos nos ayudaron, de pronto dejaron de hacerlo: puede ser que se hayan cansado, puede ser que de verdad ya no puedan. Con la beca checa (350 francos al mes) lo mismo: desde enero (estamos en marzo) – nada. Debemos por todos lados: al de la tienda, al del carbón, a todos los conocidos, vivimos con la amenaza del gas y de la electricidad y, lo principal, el arriendo. El dinero que iba apareciendo era para el piso. Finalmente – desapareció, ya no hay, no hay con qué pagar. El plazo es el 1 de abril, después hay todavía cinco días de moratoria. No hay dinero para nada, comemos lo que nos fían en la tienda, no hay con qué ir a la ciudad, o va Serguéi Yákovlevich o va Alia, mañana no irá nadie, el dinero que tengo para el timbre es todo lo que nos queda.

Lo he intentado con Perekop. Tres intentos – tres rechazos. (Chisla, Volia Rossii, Sovremennye zapiski). Estos últimos, en boca de su jefe de redacción Rúdnev – último alcalde de Moscú: “Para nosotros la poesía está, cómo decirlo, en segundo plano. Tráiganos algo lírico, cortito, unas 16 líneas” (es decir, por unos 16 francos). El valiente (francés) – no se mueve. Se lo leí – por separado – a cuatro poetas. Lo admiraron – me felicitaron – pero nadie movió un dedo. Me pusieron en contacto (fuimos a comer unos blinis) con uno de los redactores de la Nouvelle Revue Française, casado con Chálpanova, mi compañera de escuela. Es el prototipo del comunista francés, sovietófilo. Me oyó y me oyó – y: “No entiendo nada de poesía, yo dirijo la sección de artículos sobre tal tema. Pero – cuando haya ocasión hablaré de usted. – Tráigalo, pero esté preparada para que lo rechacen. Además, de cualquier forma no tenemos dinero”.

Todo el mes pasado luché con estas dos obras. Inútilmente. O – “crisis editorial”, o – “la obra es demasiado innovadora” (esto – sobre El valiente francés). Perekop no le hace falta a nadie. Y no lo ocultan.

Después. Va a empezar a salir la Nóvaia Literaturnaia Gazeta [Nueva Gaceta Literaria]. Me invitan. Cualquier cosa – pero para el primer número. Inapelablemente. Estoy escribiendo un artículo sobre la nueva literatura rusa para niños. La comparo con los libros preescolares de mi infancia – y con la producción local. Todo con citas. Sobre el realismo y la fantasía. Sobre la fantasía enraizada (popular) y la fantasía-galimatías: los elfos de Tambov. 200 líneas – 100 francos. Me alegro. Y – rechazado. También en Rusia hay malos libros (los de propaganda) para niños. Y además de todo, al redactor, le gustaban mucho las hadas.

También estos 100 se desplomaron.

En una palabra – ME DEBATO. También se debate Serguéi Yákovlevich con su escuela de cine, se debate Alia con su dibujo (en el concurso de ilustración quedó – segunda, – “la felicitaron”) y su tejido – 50 francos un suéter de mujer, hecho a mano, con un dibujo. Toda la casa trabaja y – nada. No sé si le escribí que debido al agotamiento (estuve en la consulta de un buen especialista) perdí la mitad de una ceja, me recetó arsénico y masajes, – hace ya un mes de eso: ella no crece y yo ando por la vida con ceja y media.

No hay dónde esperar. En tres semanas hay que pagar el arriendo. Ir por la mañana a la tienda, ahorcados de deudas como estamos – es un suplicio. Fumo, como la Rusia soviética, en los años prerracionistas (fui una de las primeras a quienes adjudicaron una ración porque mi hija murió de hambre), fumo el tabaco de las colillas – tengo una caja llena de colillas, las guardaba para días aciagos y ¡helos aquí! Serguéi Yákovlevich tose con locura, no puedo seguir oyéndolo y corro a la farmacia.  – ¿Tiene algún jarabe barato? ¿De unos cinco francos? – No, de ese precio no hay nada, – el más barato cuesta 8,50, si devuelve el frasco – Le reembolsamos 50 centavos. – Entonces deme un frasco de polvo para cataplasmas.

Vuelvo y lloro – no por la humillación sino por la tos que voy a oír toda la noche. Y por la conciencia de que la vida es – injusta.

 ***

Así vivo. Hoy, con las últimas monedas – el timbre y el pan. Una libra. Ya nos lo comimos. (Tampoco en Rusia sabía cuidarlo – cuando era una libra.)

***

Y he aquí lo que le pido. En seis u ocho meses Serguéi Yákovlevich seguramente ganará algo (como camarógrafo). Pero para llegar hasta entonces – quizá usted podría hablarles a algunas personas de mi situación, para que cada uno diera una pequeña suma mensual (así me ayudaban aquellos que ahora han desaparecido). Ha de ser mensual, para que yo sepa con qué cuento. Algo como una beca. Para vivir, los cuatro, nos hacen falta mil francos – es decir, ¡250 francos por persona!

He pedido ayuda también en otro lado, también a una mujer – una gran amiga del poeta Rilke, del que tanto he escrito, pero no sé, por lo pronto no ha respondido. La sensación de que todos los sitios (en los corazones y en la vida) – ya están ocupados. Encima de las columnas – seguro.

***

 Volví a encontrarme con Pilniak. Fue muy bueno conmigo: le pedí diez francos – me dio cien. Pagué lo que debía de carbón (48 francos) y con eso me granjeé la posibilidad del siguiente crédito. Con los 50 francos que quedaron vivimos y nos transportamos cuatro días.

Y no transportarse – Serguéi Yákovlevich y Alia estudian – es imposible; y cada viaje (el tren y el metro) cuesta alrededor de 5 francos.

B. Pilniak me habló de Borís: es feliz solo, escribe, vive en su apartamento (el de Pilniak) – una casita en las afueras de Moscú – sobre aquella mujer sabe poco (NB! yo no pregunté), la vio una vez con Borís, Borís lo llevó a él, a Pilniak, a un lado  y le dijo: “Prométeme que no le pondrás el ojo encima”. – “Yo no lo haré, ¡pero ella ya lo tiene puesto en mí!” (Pilniak – a mí.) Pobre Borís, me temo que es – la Elena de turno (Mi hermana la vida).

Leí La muerte del poeta – unos versos prodigiosos de Borís a propósito de Maiakovski de una sencillez enorme, estaba de visita, no alcancé a copiarlos. Si lo consigo los copiaré para enviárselos.

En otra carta, le escribiré sobre la extraordinaria velada Ígor Severianin que me regalaron (la entrada, se entiende).

Por primera vez en nueve años de emigración vi a un – poeta.

Un abrazo,

M. Ts.

Le llegó El valiente ruso?

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