«La habitación oscura» de Isaac Rosa

Por Francisco Arbós

 

61NZJqrY5qL._SL1500_

 

«No te quedes ahí. Vamos, entra, ya estamos todos. Tras la cortina, la puerta: está abierta, solo tienes que empujarla (…)»

 

Con un inicio así, uno podría creer que está jugando a una versión literaria del Crimson Room, y que en cualquier momento una voz en off interrumpirá la consabida melodía inquietante para ordenarnos que pulsemos con el ratón el interruptor de la luz y nos enfrentemos a esa habitación cerrada a cal y canto de la que solo es posible escapar resolviendo ciertos acertijos. Sin embargo, ni la habitación está cerrada, ni nos encontramos frente a una novelita de misterio cuyo único objetivo es plantearnos un enigma para ofrecernos la solución al cabo de trescientas páginas de lectura desesperada, ni su autor Rosa pretende postularse como candidato a escribir el próximo guión de David Lynch. Estamos en una habitación oscura –porque ya hemos entrado en ella, tal y como se nos pedía– a la que solo se acude para encontrar refugio y alrededor de la cual Isaac Rosa, uno de los narradores más notables de la narrativa contemporánea en español, ha construido una metáfora de nuestro tiempo inquietantemente precisa. Estamos en La habitación oscura (Seix Barral, 2013).

Dicho todo esto, el argumento de esta novela es más o menos previsible. Tras experimentar todas las posibilidades eróticas de un súbito apagón en el salón de una casa alquilada para cometer sus fechorías nocturnas de fin de semana, un grupo de amigos en tránsito a la madurez decide convertir el trastero en una habitación oscura en la cual seguir practicando sus juegos carnales. Por supuesto, lo único que buscan en ella al principio es procurarse un lugar en el cual manosearse mutuamente en completa legalidad, sin mancillar parejas ya establecidas pero que esconden deseos inconfesados. En la habitación oscura prevalecen unas reglas mucho más democráticas y honestas que las que los coartan en el exterior. En ella se puede batallar cuerpo a cuerpo o simplemente digerir en paz la borrachera. La única regla que compromete a todos es la del silencio. Nadie puede hablar mientras permanece entre esas cuatro paredes invisibles. Nadie puede identificarse a través de su voz como éste o aquel, ni siquiera para dejar claro que tiene pelos en la barbilla o los labios pintados. Y aunque esta premisa abre un inmenso abanico de posibilidades, lo que comienza como una aventura puramente erótica acaba convirtiéndose en una inevitable vía de escape.

«Aquí no éramos nadie, desaparecíamos, y eso nos hacía audaces»

Como el exterior no parece respetar aquella tregua ficticia, todos los integrantes de esa habitación tan particular deben enfrentarse a las dificultades de sus relaciones amorosas, a la frustraciones de sus carreras profesionales, a la firma de hipotecas, contratos laborales, facturas de viajes exóticos, matrimonios o libros de familia, pero también la liquidación de esas mismas hipotecas, finiquitos, divorcios devastadores, declaraciones de insolvencia y certificados de defunción prematura. La agresividad con que los acoge la vida nada tiene que ver con la eterna promesa de felicidad de una sociedad demasiado ciega para prever su inevitable extinción. Todos se han dejado seducir por las palabras melosas de políticos y vendedores de humo espiritual, y al final lo único que les queda para ser algo parecido a ellos mismos es la habitación oscura.

La prosa de Isaac Rosa atesora lo mejor del Javier Marías más ágil y visual, y del José Saramago menos reiterativo y moralizante. Se construye a partir de frases que fluyen como un torrente desbocado, sin apenas dejar tiempo para la respiración, de tal manera que no tenemos otra opción que diluirnos en ella, mojarnos en ese caudal prodigioso de ideas y emociones para que toda su fuerza cale en nuestros huesos. La narrativa de Isaac Rosa es voluptuosa, es visceral, busca inflamar nuestras células grises para que adquiramos algo de conciencia sobre nosotros mismos, y revolvernos de ira si es necesario ante la amenaza de convertirnos en simples cucarachas. Isaac Rosa es el nuevo Kafka de la literatura contemporánea en castellano, y La habitación oscura remite a una realidad demasiado vigente como para ser ignorada con la misma desidia con que hojeamos las páginas de los periódicos.

Una novela muy recomendable.

 

 

Noticias Otros Medios

Deja un comentario