¿Somos cultura o somos genética?

Los niños ferales podrían ser clave en uno de los debates más intrigantes sobre la naturaleza humana.

 

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Por María González de León

 

Los niños ferales y los mitos alrededor de ellos  han fascinado y horrorizado al hombre desde tiempos remotos. Ya en la mitología griega podemos encontrar casos, por ejemplo Rómulo y Remo, los míticos fundadores de Roma, criados y amamantados por una loba como animales salvajes. También una de las varias versiones que narran la infancia de Zeus cuenta que éste fue dejado por su madre Rhea en una cueva para evitar que su padre lo devorara y ahí, en la oscuridad de esa cueva, fue criado por la cabra llamada Amalthea.

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 Un niño feral (en inglés, wild child) es aquel que ha crecido lejos de la sociedad humana y de sus convenciones. Las razones por las cuales un niño crece en estas condiciones pueden variar, ya sea porque se pierden en un lugar despoblado (hecho que sucedía con más frecuencia en la Antigüedad) o porque sus padres u otros familiares los aíslan deliberadamente. Por lo general, los niños ferales no saben hablar, desconocen cualquier tipo de regla o convención social y son incapaces de relacionarse de manera ‘normal’ de acuerdo a los cánones culturales.

Existen muchos casos documentados de niños ferales; uno de los más notables es el del pequeño niño francés Victor de Aveyron, que a finales del siglo XVIII fue encontrado por los habitantes del pequeño pueblo de Saint-Sernin-sur-Rance deambulando por los bosques cercanos. Victor había pasado la mayor parte de su vida solo en el bosque y cuando llegó a la civilización supuso un objeto de curiosidad y de estudio; incluso fue adoptado por un maestro que se dio a la tarea (nada trivial y relativamente exitosa) de reinsertar al pequeño a la sociedad. Victor de Aveyron y su historia fueron inmortalizados en 1969 por François Truffaut, en su película L’Enfant sauvage. Así también, el cineasta Werner Herzog hizo el retrato cinematográfico de otro caso de un niño feral, el de Kaspar Hauser, quien pasó los primeros años de su vida aislado en la oscuridad de una celda. Mowgli, el protagonista de El libro de las tierras vírgenes y Tarzán, son dos conocidos ejemplos de niños salvajes en la literatura.

2559843_640pxEn noviembre de 1970, las autoridades de Los Ángeles, California, encontraron a una pequeña niña de 13 años que había pasado la mayor parte de su vida encerrada en una habitación donde sólo había una bacinica y una cama. Esta pequeña, que fue bautizada con el pseudónimo de Genie (palabra inglesa que hace referencia a los seres fantásticos conocidos como genios), había sido aislada y maltratada por su padre y jamás había tenido contacto con el mundo exterior. Cuando fue encontrada y separada de su familia, Genie tenía 13 años, pero se veía como una niña de 7; era incapaz de hablar, no sabía jugar, escupía todo el tiempo y sus movimientos se parecían a los de un animal. El caso de Genie es uno de lo más estudiados por la ciencia moderna: la pequeña fue analizada exhaustivamente por psicólogos, psiquiatras, neurólogos, lingüistas, sociólogos y una infinidad de personas que veían en este caso una oportunidad para saber más sobre la mente y sobre el comportamiento social y psicológico de los humanos. Después de haber sido adoptada por varias familias sin éxito, Genie fue llevada a una clínica localizada en las afueras de Los Ángeles, donde vive hasta el día de hoy. Su padre se quitó la vida unos días después de que la pequeña fuera descubierta por las autoridades.

Al ver los videos y fotografías de la pequeña Genie, y de casos semejantes, surgen preguntas difíciles de responder: ¿Por qué los niños ferales causan tanta curiosidad y nos pueden horrorizar al  mismo tiempo? ¿Qué es lo que estos niños reflejan del género humano? ¿Qué es lo que hace que una persona sea parte de un grupo social o se le considere civilizada? Y finalmente, ¿cuál es el efecto que tienen las sociedades y sus reglas sobre la naturaleza humana?

Los niños ferales son incapaces de adquirir un lenguaje (o al menos, son incapaces de utilizar una lengua de manera correcta y funcional), no se mueven, no sonríen, no se comunican y no crean lazos afectivos como la gente que se desarrolla dentro de una sociedad. El camino para conocer la mente y la naturaleza de los seres humanos aún no ha sido recorrido del todo. Una prueba de esto son los niños ferales y las interrogantes que surgen frente a ellos. ¿Qué es lo que hace humano a un hombre? ¿Es acaso su contacto y desarrollo dentro de una cultura o es su naturaleza genética?

 

Twitter de la autora: @MissMariaaaa

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