A ningún hombre le gustan las Barbies

  • Dice el diario El País que las ventas de la muñeca Barbie, acusada de cosificar el cuerpo femenino, se han desplomado.
  • ¿Por qué Barbie cosifica el cuerpo femenino y Batman se va de rositas cuando cosifica la masculinidad a dos manos?
  • La obsesión con la muñeca Barbie es poco más que paternalismo acomplejado y antiamericanismo carpetovetónico.

 

 animated barbie childrens art
 Cristian Campos

 

No acabo de entender muy bien por qué extraña razón se presupone que las niñas adoptan a Barbie como un modelo real que imitar mientras que a los niños se les reconoce la inteligencia suficiente como para comprender que Buzz Lightyear no es más que un juguete. O por qué se considera completamente excepcional la idea de que un niño salte desde un cuarto piso imitando a Superman mientras que la posibilidad de que una niña se mate de hambre o se vuelva gilipollas con el objetivo de parecerse a Barbie resulta verosímil para muchas personas perfectamente sensatas en otros aspectos de su vida. De ello deduzco que la percepción mayoritaria es la de que las niñas tienen serias dificultades para distinguir la realidad de la ficción o un juguete de una mujer real.

La alternativa a esa deducción es pensar que la naturaleza femenina, esa que lleva a la mayoría de las niñas a preferir las muñecas a los camiones cementeros, le resulta repulsiva a muchos. Supongo que, paradójicamente, las prefieren niños.

Tampoco entiendo demasiado bien por qué misterioso hechizo de la percepción se acusa a Barbie de cosificar el cuerpo femenino mientras que Batman se va de rositas en esto de la cosificación de la masculinidad. Porque Batman es un tipo que folla a dos carrillos, no tropieza jamás con los marcos de las puertas, conduce tanques a la velocidad de un F1 y se pasea por la vida haciendo gala de una filosofía vital a medio camino de Friedrich Nietzsche, Ayn Rand y Henry David Thoreau. Filosofía que él materializa en su vida cotidiana a base de guantazos a dos manos capaces de partirle la columna vertebral a un caballo. Muy real el hombre no es, desde luego.

Y, finalmente, tampoco le veo mayor interés a jugar con una muñeca de “proporciones reales” que se parezca a la señora Carmina del quinto primera. Es la misma razón por la que los coches de juguete suelen ser Batmóviles y no Smarts.

Obviamente soy yo el equivocado y deduzco que no queda mucho para que las visitas al Toysrus sean indistinguibles de un paseo por los pasillos del Condis más cercano, con sus estanterías repletas de muñecas perfectamente fieles a la realidad más deprimente. Estoy hablando de muñecas con neurosis, crisis de ansiedad, tartamudeos, celulitis, pánico al vacío existencial y una absoluta incapacidad para saltar por encima de un taburete sin romperse la crisma en el intento. Ríanse ustedes de los bebés de juguete que mean y lloran y tocan los cojones como uno de verdad. En unos pocos años con cada Monster High Doll comprada por Navidad te regalarán una caja de alprazolam. No para ti, sino para la muñeca.

Por supuesto, este boicot absurdo a las muñecas Barbie no es más que el cólico nefrítico derivado de un empacho de paternalismo acomplejado. Ese que lleva a pensar que las niñas, y por extensión las mujeres, son seres débiles e influenciables capaces de tirar su vida por la borda por la sencilla razón de que las medidas de una muñeca cabezona se desvían un 15% o un 50% de las de las mujeres reales. Súmenle a ese empacho de paternalismo acomplejado unas gotas de antiamericanismo simplón, de ese que no ve más allá de los cuatro iconos de toda la vida (Starbucks, Coca-Cola, McDonald’s y, por supuesto, Barbie) y ya tienen ustedes el cocktail tontaina por excelencia del momento.

La cosa adquiere tintes aún más surrealistas cuando analizas los cánones de belleza femenina de revistas masculinas como Esquire, Complex, Nuts o Lui. ¿En qué página están esas rubias cabezonas de metro noventa, rellenas de botox y silicona pero aún y así con huesos hasta en los párpados, casadas con futbolistas y adictas al Instagram? ¿Dónde están las Barbies de carne y hueso, en definitiva?

Ya se lo digo yo: están en la prensa del corazón y en Elle, Vogue y Cosmopolitan.

Y por cierto, ¿a que no adivinan en qué sección del diario El País ha aparecido el artículo citado al principio de este artículo?

En S Moda.

No añadiré nada más, señoría.

Es decir, sí: Barbie fue diseñada en 1959 por Ruth Handler (que, hasta que no se demuestre lo contrario, pertenecía al sexo femenino) basándose en la muñeca alemana Bild Lilli.

Solo por contextualizar.

 

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