La culpa: miedo al abandono

Por Raquel Díaz Illescas.

 

54. MIEDO AL ABANDONO

Las emociones forman parte  de nuestra vida, pues cada situación que vivimos o dejamos de vivir, hará que nos sintamos alegres o tristes, defraudados o entusiasmados, incluso que sintamos dolor y esto nos lleve al silencio y al desconsuelo. Esto es lo que sucede con el sentimiento de culpa. Cuando aparece, si no se sabe manejar adecuadamente, puede conducirnos al bloqueo y al encierro en nosotros mismos. Ser conscientes de ello, nos ayudará a superarlo sin que por ello seamos jueces de nuestra persona,  y convertir  la culpa en castigo.

El sentimiento de culpa suele ser muy fuerte cuando ésta se interioriza  contra nosotros mismos, pues dejamos de creer en nuestra valía personal y nos conceptuamos no merecedores de que nos quieran y respeten. La consecuencia de esto es que intentamos ser como creemos que las otras personas quieren que seamos, y así creemos evitar su abandono. Pero inevitablemente, nuestra forma de ser acaba manifestándose, por lo que el miedo al abandono se incrementa. Aparece entonces la agresividad  hacia uno mismo a través del autorreproche y la crítica constante, con el propósito de eximirse y ser capaz de ser dueño de la propia vida. Pero lo único que se consigue es  interiorizar cada vez más la desvaloración personal, y la redención nunca llega, pues buscamos que alguien nos libere. Esto no es posible, pues es la culpa la que nos impide ser libres, no los otros.

Sin duda, la culpa es una espléndida manera de ganarse la compasión de los demás, importando pocas veces que este deseo de ser compadecido, muestre el bajo concepto que tenemos de nosotros mismos. A veces, algunas personas y en determinadas circunstancias de su vida, prefieren la compasión de quienes tienen cerca, pues erróneamente sienten que de esta forma se sentirán queridos. Quererse, respetarse y valorarse a uno mismo, resulta para quienes se acompañan de la culpa, algo difícil de conseguir cuando la necesidad de sentirse amado y querido cada día, se hace mayor.
Saber si convive con nosotros la culpa es sencillo de averiguar, pues ésta se deja sentir a todos los niveles.

  •    Físicamente: presión en el pecho, dolor de estómago, de cabeza, de espalda, cervicales, etc.
  •    Emocionalmente: nerviosismo, desasosiego, agresividad, angustia, irascibilidad
  •    Mentalmente: pensamientos recurrentes con autoacusaciones y autorreproches.

 

Todo lo anterior es una llamada de atención, que nos indica que la culpa  está siendo mal administrada.
Mantener un determinado sistema de pensar y comportarse, favorece que la culpa anide en nosotros por mucho tiempo:

 

  •    Pensamiento polarizado: pensamos que las cosas son blancas o negras, buenas o malas, todo o nada, y no admitimos el término medio.
  •   Negativo: sólo tenemos en cuenta los detalles negativos y además los magnificamos, sin atender a los aspectos positivos, que siempre los hay.
  •    Rígido: nos basamos en un sistema de normas y reglas muy estricto,  donde el deber prevalece en todas nuestras acciones, sin tener en cuenta los deseos.
  •    Sobredimensionado: dejamos a un lado la responsabilidad de nuestra vida y pasamos a responsabilizarnos de las vidas de los demás y de cuanto ocurre a nuestro alrededor.
  •    Perfeccionista: adoptamos un nivel de exigencia demasiado alto en todo aquello que hacemos, necesitando de la perfección de las cosas para sentirnos satisfechos.

Al igual que ocurre con otros sentimientos, la culpa es una consecuencia de la escala de valores con que nos regimos en la vida. Si no hay acuerdo entre lo que pensamos, sentimos y más tarde hacemos, esto provocará conflictos personales, causando diferentes formas de reaccionar ante lo vivido:

  •    Sintiéndonos culpables exclusivos de todo lo ocurrido.
  •   Culpar de todo a los demás. Esta es una manera de evitar la responsabilidad de lo sucedido.
  •   Pensar que nadie tiene la culpa de nada, dejándolo a las circunstancias. Ésta puede resultar una buena forma de no agobiarse, pero no siempre la más responsable.

Nadie dijo que aprender a querernos sea una tarea fácil, pero sí que es muy gratificante.

 

 

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Fdo.: Raquel Díaz Illescas.

http://sexualidadpositiva.blogspot.com/

Licenciada en Psicología.

Terapeuta sexual y de pareja.

Teléfono: 622673040

 

 

 

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