El miedo lo tienen ellos

Por Javier Vayá
Articulo-015-715x1024Nunca jamás podré defender un asesinato por muy despreciable que la persona asesinada fuera o pudiera parecer. Entre otras muchas cosas porque cualquier día todos podemos tener un motivo, una excusa, una persona o varias que nos resulten lo suficientemente odiosas como para acabar con su vida y ellos con la nuestra. Tampoco puedo alegrarme o celebrar una muerte, otra cosa es que no me afecte, que otras muertes me duelan más, algo humano, cada uno tenemos cosas propias que nos duelen. En ese sentido los chistes, chascarrillos, insultos y demás vertidos en internet con motivo del asesinato de Isabel Carrasco me resultan deleznables.

Tan deleznables y repugnantes como los que se vierten todos los días contra Ana Pastor, Pilar Manjón o Pedro Zerolo entre muchos otros y que no parecen haber tenido tanta repercusión pese a que, como la propia Pastor afirma en un artículo, han intentado denunciar estos insultos y amenazas de muerte en numerosas ocasiones sin resultado alguno. Por otro lado también me repugna la rapidez con la que la derecha mediática se lanzó sin saber todavía nada sobre la autoría del asesinato a criminalizar el descontento de la ciudadanía con los políticos, los escraches y las legítimas protestas. La mayoría de ellos son los mismos que se dedican a verter la mayor y vergonzante ponzoña desde los púlpitos que ostentan en periódicos que actúan más como panfletos propagandísticos del régimen que de otra cosa.

Luego ya no importó que se supiera que el asesinato lo había cometido alguien “de los suyos” por razones de inquinas personales y políticas, el daño, el bulo ya había sido dirigido, lanzado y recogido por políticos que hicieron caso omiso a la realidad. Ya en los supuestos medios neutrales o generalistas se habló más de lo que se decía en redes sociales, comenzaron los arrestos de Tuiteros y se colocó encima de la mesa la urgente necesidad de regular los comentarios en las redes sociales. Una vez más la derecha de este país demostró su calaña utilizando el cadáver todavía caliente de uno de los suyos en beneficio propio. Quizá sí que sabían más de lo que parecía, o lo imaginaban o intuían y quisieron tapar el posible escándalo o la mala imagen que podría causar el asesinato una vez la investigación avanzara.

De todas maneras lo que sí evidenciaron es el miedo que tienen. Su reacción se asemeja a la de un niño que hace algo mal y se anticipa al imaginario bofetón de su padre cubriéndose la cara. Son muy conscientes de todo lo que están haciendo, de la violencia que sus políticas neoliberales y capitalistas están ejerciendo contra la ciudadanía y ellos mismos se sorprenden de que todavía no haya ocurrido nada grave. Sus ataques contra cualquier forma de protesta por mínima que sea, su intención de abolir hasta el derecho al pataleo, aparte de otro paso más para ejercer un control absoluto sobre el pueblo no es más que la evidencia de su miedo. Un miedo que también se demuestra en la intención de crear una gran coalición entre los dos partidos destinados a repartirse sucesivamente el pastel.

Un temor injustificado ya que cuando lean estas líneas ya se conocerán los resultados de las elecciones europeas y, o mucho cambia el panorama, o los dos grandes partidos continuaran pese a todo siendo los más votados, quizá con algún leve estirón de orejas. Nada que no les permita repantigarse en sus cómodos sillones y saber que no hay mejor treta para un cobarde que infundir su propio miedo a sus enemigos y que la cuerda siempre puede apretarse otro poquito más.

Además la jugada les saldrá perfecta con una excelente coartada para “regular” lo que se dice en las redes sociales. Como dije al principio detesto los insultos, amenazas o bromas de mal gusto, pero ya sabemos cómo “regula” este gobierno y cómo parece que tan solo es punible lo que viene de un lado, mientras que lo que viene del suyo (que casualidad) solo son chiquilladas.

 

 

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