“El cielo de Lima”, de Juan Gómez Bárcena

JGB

 

Por José Antonio Ricondo

El 23 de junio el ‘Club Rotario de Torrelavega’ –Cantabria- presentó la última novela de Juan Gómez Bárcena, “El cielo de Lima”. Precisamente este escritor fue uno de los que ‘inauguraron’ el “Certamen Literario de Relato Corto GABINO TEIRA” -otro más de los objetivos fundamentales de la organización rotaria torrelaveguense- y en el que obtuvo premios en varias ocasiones ya desde adolescente con Al disiparse la niebla, El Milagro de San Tirso– y en su etapa de juventud, Una villa moderna, El regreso y Encuentros.

En 2002 escribe la novela El héroe de Duranza, al año siguiente consigue el primer Premio de Narración Breve del Consejo Social de la Universidad de Cantabria con El Partido y dos años más tarde el segundo puesto en el Certamen de Relato Corto ‘Villa de Colindres’ con El libro de Adán. En 2007, su colección de poemas Doctrina de los ciclos es distinguida con el primer ‘Premio de Poesía José Hierro’. Con Canasto de papeles gana el Premio Internacional CRAPE de cuentos en 2008; y en el año 2009, el ‘Premio de Narrativa Ramón J. Sender’ con Farmer Stop. Los que duermen (2012) es su penúltimo libro de relatos.

Esta no deja de ser una narración sucinta de la vasta obra literaria de un autor joven de 30 años. Colaboró desde el año 2009, como Redactor Jefe de Cuento, en la revista de información cultural en Internet Culturamas y más tarde como entrevistador de otros escritores. Desde niño le gustaba escribir y, desde que le comenzaron a mandar trabajos sobre cualquier materia o escritor, nunca se avino a cumplir convencionalmente con un trabajo, sino que lo investigaba por su cuenta. Ya apuntaba maneras, vocación y oficio de escritor. Considerado él mismo como un ‘un niño bastante raro’, a los siete años decidió escribir a mano la historia de la humanidad, ahora guardada como una reliquia en diez cuadernos.

EL-CIELO-DE-LIMA

El cielo de Lima nace de una anécdota histórica real no muy conocida que le ocurrió a Juan Ramón Jiménez. Georgina Hübner, la verdadera protagonista huida de esta novela se carteaba con el poeta, y este acaba enamorándose de ella. Ciertamente esa protagonista no existía. Eran dos peruanos que se la inventaron para, así, poder estar con él. De nuevo, el escritor utiliza la frontera entre la ficción y la realidad, la idealización; según sus propias palabras, “en el amor -narcisista- tendemos a enamorarnos de nuestras propias fantasías” y, para ello, su escritura crea ingredientes con sus correspondientes fantasías. La anécdota le llega a los catorce años, investigando para hacer un trabajo escolar.

Con el tiempo, pensó que esta historia podría llegar a ser un cuento. El espíritu de esta anécdota poco conocida está en el libro. La realidad es que sí existió una limeña llamada así y prima de uno de los dos ‘bromistas’, quienes para poder conseguir, en principio, el libro del poeta acabado de publicar, ‘Arias tristes’, utilizaron esta enloquecedora aventura de amor imaginario. El poeta, de 23 años, recibe una carta de una inventada Georgina Hübner, de parecida edad, quizás un poco menor. En realidad, tanto José Gálvez como Carlos Rodríguez Hübner eran dos admiradores crueles que confiaban poder juntar gratis cuantos paquetes pudiesen con los libros de su admirado poeta, sus firmas, coleccionando su correspondencia y sus fotografías con sus firmas auténticas.

La usurpación del nombre por parte de los responsables de este juego triste iba a dar lugar a un hermoso poema por parte del poeta, “Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima, publicado en Laberinto, independientemente del infausto origen que tuvo. Georgina llegaría a conocer al poeta precisamente por mediación de un amigo suyo. Los dos, también serían conscientes de la farsa a la que habían sido sometidos. Georgina lo tomó como una chispa afectuosa, y a Jiménez, no le pesó la trampa inventada, y de ello eran conscientes la propia Georgina, los dos impostores y la que escribía las cartas -sin duda alguna, una mujer-. Para el poeta, lo importante era que había estado enamorado de Georgina y por lo tanto había existido.

Para Juan Gómez Bárcena, la prosa ha de tener sonoridad, toques poéticos, musicalidad. Y no le es difícil a este autor proporcionarnos esas pinceladas y nuevas proyecciones en nuestra narrativa. Como reflejo de ello y permitirse también él un juego, introduce en la narración a una rata. Al autor le faltaba algo, y así lo llenó. Un recurso que no nos hace despistarnos ni de la anécdota por la que surge el libro ni de la frontera de la que hablábamos arriba entre la ficción y la realidad:

“Por fin el momento de hablar de la historia de la rata filantrópica, que nadie ha contado y que nadie contará nunca si no lo remediamos ahora. Una rata semejante a tantas otras, Rattus norvegicus, que ya ha emprendido tantas veces la ruta Buenos Aires-La Coruña en el mismo transatlántico, aunque no sepa que existen La Coruña o Buenos Aires; es incluso razonable pensar que no crea en más mundo que la bodega de su barco (…)”.

 

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