La química del amor

Generalmente responsabilizamos al corazón de ser el único órgano de hacernos sentir amor. Sin embargo, al ver a la persona amada, son muchas las partes de nuestro cuerpo las que reaccionan.

 

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Falta de aire, distracción o aceleración del pulso son algunos síntomas de esta “enfermedad”.

 

Por Mara Landa

 

 

Unos lo consideran atracción, otros, enamoramiento; en ambos casos la principal responsable de la sensación es la feniletilamina, un compuesto orgánico que inunda nuestro cerebro cuando estamos junto a la persona que nos gusta. De la familia de las anfetaminas, esta sustancia también se encuentra en alimentos como el chocolate, al que, por ejemplo, recurrimos cuando se sufre “mal de amores” como sustituto de la verdadera sensación.

La respuesta que da nuestro cerebro a esta invasión de feniletilamina son otras tres sustancias: dopamina, norepinefrina y oxiticina. Su combinación hace, por ejemplo, que un enamorado no se sienta cansado a pesar de estar noches enteras suspirando, pensando, hablando o amando al objeto de sus afectos.

 

Cariño, tenemos química

Todo el proceso de enamoramiento se explica con electricidad y química. Son las descargas neuronales, las hormonas y otras sustancias las que descontrolan el cuerpo y la vida al enamorarse. Y el sistema nervioso es el centro de todo este desequilibrio, donde se encuentran también el placer y el dolor.

La “enfermedad” del amor se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de ahí al sistema endocrino y nervioso, que produce todas esas intensas manifestaciones físicas. Estar frente a la persona deseada es sólo el inicio de toda una serie de reacciones que responden a los impulsos nerviosos,  y que llegan a capilares, glándulas sudoríparas, glándulas lagrimales, vejiga y genitales. ¿Las mariposas en el estómago? Simples descargas nerviosas en los intestinos.

 

 

Reacciones al amor:

 

–          Ojos grandes: la pupila se dilata hasta un 30% al ver a la persona que nos atrae.

–          Falta de aire: debido a la concentración de glucosa en la sangre, la respiración se acelera hasta 30 ciclos.

–          Excitación: la nariz es capaz de detectar las feromonas, moléculas inodoras secretadas por los genitales y las axilas. Las feromonas aumentan la libido y tienen un papel fundamental a la hora de atraer al sexo opuesto.

–          Distracción: aumentan los niveles de endorfinas y encefalinas, los impulsos de dolor disminuyen, así como el estrés. Lo que en lenguaje coloquial equivale a “andar todo el tiempo sobre una nube”.

–          Desinhibición sexual: la progesterona aumenta sus niveles y actúa como desinhibidor sexual.

–          Aumento cardiaco: el volumen de sangre y el ritmo de los latidos se acelera llegando a los 100 latidos por minuto. “Siento que se me sale el corazón”, solemos decir, porque las pulsaciones se agitan.

–          La temperatura corporal se eleva y el organismo secreta sudor debido al nerviosismo. A algunas personas le sudan las manos, la frente o los pies.

–          Mareo: la médula suprarrenal, localizada por encima del riñón, aumenta la secreción de adrenalina y noradrenalina, creando una sensación de vértigo.

Por supuesto, la consecuencia más importante de todas es el crecimiento del deseo. La testosterona es la hormona que determina el impulso sexual y la libido. En los hombres es segregada por los testículos en una dosis diaria de entre 6 y 8 mg; en las mujeres es de 5 mg y la elaboran los ovarios.

Esta explicación bioquímica del “milagro” del amor tiene poco más de una década. Para algunos es la aclaración de un proceso místico desconocido hasta el momento, pero que ha llevado de cabeza a hombres y mujeres, mortales comunes y poetas, durante toda la historia. Para otros, la explicación de los síntomas del enamoramiento ha quitado el romanticismo de estos sentimientos definidos hasta ahora como “magia”. Sin embargo, viendo todos los síntomas que sufre el cuerpo con el amor, el milagro más bien parece haber sobrevivido.

 

Tesoro, me produces endorfinas
 

La explicación de la supervivencia, como siempre, es la adaptación. El organismo se va haciendo poco a poco resistente a toda la explosión de sustancias, descargas y hormonas. Los efectos de toda esta actividad no duran más de 2 o 3 años.

¿Cuándo se pasa de desear intensamente a querer? Cuando los niveles de endorfinas superan los de feniletilamina, se inicia la siguiente etapa de una relación y una nueva marea química para nuestro organismo. Ahora, este compuesto similar a la morfina y los opiáceos, nos produce una sensación de seguridad y apego.

Cuando la química y la electricidad de la primera fase del amor se han calmado, si no se han formado lazos más allá del éxtasis hormonal, la relación tiene pocas oportunidades. Si no se han creado intereses comunes, empatía y complicidad, los efectos iniciales del enamoramiento serán sustituidos por frustración, desapego y, en algunos casos, odio. En el amor, como en todas las “enfermedades”, sólo hay dos salidas: la salud de una relación estable o la muerte del vínculo.

 

 [Hablemos de sexo]

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