No fue un 27 de septiembre cualquiera

Por José Antonio Ricondo

Es lo mismo que las efemérides no caigan en años múltiplos de cero o de cinco para decirnos aquello que le cuesta a la historia ni siquiera aludir. Finalizando el mes de septiembre de 1975, los últimos estertores y coletazos del engendro dictador acabaron con su broche final de muerte sin sentido, de las cinco últimas penas capitales que se ejecutaron en nuestro país. El que escribe se enteró con un amigo aquella mañana temprano, comenzado el otoño siempre de bochorno en el norte. La noticia empezó a correr primero tímidamente porque no podía creerse, nos dejó helados, los conocidos nos mirábamos atónitos. Para qué le servía a la dictadura esta nueva prueba de poder, qué intentaba demostrar con los fusilamientos de cinco jóvenes en cuyos consejos de guerra fueron penados por el asesinato de dos policías armados y dos guardias civiles. Fue al amanecer, al alba, como todas las ejecuciones sumarísimas, y en diferentes lugares, todos fríos y sin viso alguno de vida. Tres en el campo de tiro en Hoyo de Manzanares, uno en las proximidades del cementerio de Sardanyola, en Barcelona, y el último en el penal de Burgos. La media de edad de los cinco no pasaba de los 25 años. Mucho bochorno climático, mucho frío en el alma y una mañana bochornosa también en la que empecé a pensar cómo iba a explicar en su día a mi hijo, entonces de un año, esta sinrazón, este sinsentido, el origen de esa barbarie, por qué había jóvenes que mataban, por qué cantaban lo que fuese ante la tortura, por qué él había nacido aún en una larga dictadura.

 

En la prensa aparecía la noticia de las cinco ejecuciones de esta guisa: “FUSILADOS ESTA MAÑANA – FUERON EJECUTADOS POR FUERZAS DE ORDEN PÚBLICO – MANIFESTACIONES EN EUROPA Y ASALTOS A DIVERSAS EMBAJADAS ESPAÑOLA. LA DE LISBOA HA SIDO INCENDIADA”, todo pese a las muchas solicitudes de la prensa internacional para que se emprendiese un aperturismo en el país, y el entonces papa Pablo VI hizo una llamada, pidiendo también clemencia, a la que el dictador hizo oídos sordos. Quince países europeos retiraron a sus embajadores. Olor Palme, primer ministro de Suecia, pide por la capital con una caja de resistencia para las familias de los que iban a morir; Nicolás, hermano del dictador, le pide que se replantee esa audacia suya… Y de los once condenados, solo se salvaron seis, que fueron a presidio… La impresión era que según los testigos jurídicos internacionales estaban presenciando una parodia en el procedimiento y en el juicio, en fin de cuentas, un desgraciado y espeluznante embuste y mentira, sin tener en cuenta por supuesto el futuro y la suerte que les podía deparar a los procesados. A Hoyo de Manzanares no pudo acudir familiar alguno a la ejecución de los tres jóvenes aun siendo una ejecución pública, pero sí jalearon la suerte de Ramón García Sanz, José Luis Sánchez Bravo y Humberto Baena un número importante de gente trasladada en autobuses, muchos de ellos borrachos. Y esta trágica historia quedó grabada hasta hoy en la canción Al alba de Luis Eduardo Aute. Los días previos al ajusticiamiento, el cantautor compone quizás una de sus más destacadas canciones, llena de ternura, adoración, y a la vez de dolor:

 

Si te dijera amor mío
que temo a la madrugada
no sé qué estrellas son esas
que hieren como amenazas
ni sé que sangra la luna
al filo de su guadaña

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga
quiero que no me abandones
amor mío al alba
al alba, al alba
al alba, al alba…

Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas
comen las últimas flores
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre atrasada

Presiento que tras la noche…

Miles de buitres callados
van extendiendo sus alas
no te destroza amor mío
esta silenciosa danza,
maldito baile de muertos
pólvora de la mañana.

Presiento que tras la noche…

Al alba, Luis Eduardo Aute

 

 

En sí, la canción era una denuncia de la pena de muerte, cuyos versos supieron franquear la dura censura del régimen. Aquella fue una mañana de sábado en la que, si bien todo el mundo pensaba que iba a haber un punto de inflexión, se dejó patente que los dictadores llegan al poder matando y lo dejan de la misma manera. Toda, toda la prensa de entonces aplaudía que, al fin, había habido clemencia con seis de los once condenados; y, sin embargo, un dictador es un autócrata que no piensa, por eso la reacción ante las protestas de la Comunidad Económica Europea y de la Alianza Atlántica es una macromanifestación en la Plaza de Oriente de Madrid de adhesión a un líder totalmente debilitado que, acompañado por Juan Carlos de Borbón, a la sazón príncipe de Asturias, e ignorante de estar vendiendo la vida, la muerte y la paz, y contumaz para dejar a un pueblo falto de libertades todo atado y bien atado declara como en un pregón:

 

Todo lo que en España y Europa se ha armado obedece a una conspiración masónico-izquierdista, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece.

El día en que comenzó la desaparición del franquismo. Las presiones internacionales no pudieron frenar los cinco fusilamientos de 1975, Diario El País, 27.09.1985

 

Por mi parte, vaya nuestro recuerdo para José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Juan Paredes Manot (Txiki) y Ángel Otaegui.

 

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Imagen de portada: Ariel Mlynarzewics

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