La oportunidad que nos brinda Cataluña

Por Domingo Garí

 

Marcha festiva por la independencia. Foto: María Pérez

Marcha festiva por la independencia. Foto: María Pérez

 

El proceso abierto en Cataluña cuya reclamación principal es el “derecho a decidir”, y no la independencia, como afirman los medios de comunicación y las fuerzas políticas del españolismo, puede traernos ventajas evidentes al resto de los ciudadanos del Estado. La primera de todas ellas es mejorar la democracia, que tan mala salud tiene en estos tiempos. En el pasado fue la reclamación de autonomía de Cataluña (y del País Vasco) la que abrió la vía a la descentralización política, que en aquel entonces fue denostada por la derecha española, y que a día de hoy a todo el mundo le parece fantástica. Si las fuerzas del inmovilismo ganasen siempre, estaríamos en las cavernas, de hecho algunos todavía lo están.

La segunda ventaja que tendría el éxito de la reclamación catalana sería la de llevar al Estado una profunda remodelación, incluyendo como posibilidad derivada la apertura del debate sobre la forma-estado. Es decir, podría ayudar a que en las otras nacionalidades, incluyendo la mayoritaria (española), se instale en la agenda el asunto de si es conveniente seguir con el modelo de monarquía parlamentaria o vendría mejor decantarse por un proceso constituyente que vislumbre la forma republicana como una opción viable y deseable. A este respecto es preciso recordar que en la historia contemporánea española los procesos de federalización o confederalización vinieron acompañados, y retroalimentados, por derroteros republicanos.

 

El gran día de Girona, 1864, Ramón Martí Alsina.

El gran día de Girona, 1864, Ramón Martí Alsina.

 

La tercera ventaja asociada a la autodeterminación de Cataluña, podría tener la virtud de fomentar la impugnación del modelo neoliberal. Cataluña como referente de nuevas políticas más justas y solidarias, que combatan el dogma que lleva a amplias masas de ciudadanos a situaciones de desesperación, y acrecienta la tasa de explotación sobre la población trabajadora como si hubiéramos retrocedido al siglo XIX. Por la actitud del movimiento de masas en Cataluña, y por la implicación de los sectores populares, el proceso abierto no será, tal y como anuncian los voceros del españolismo, una reproducción del neoliberalismo a una escala menor. La mayoría de las fuerzas en liza refutan el dogma neoliberal con la misma energía con que cuestionan el dogma de “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Infame artículo constitucional impuesto en 1978 desde instancias superiores tal como recogió en sus Memorias el ponente constitucional Jordi Solé Tura.

Independientemente de lo que difunde el altavoz mediático del españolismo y del neoliberalismo, ninguna de esas dos vías son imponderables de la historia. Son sólo estrategias de dominación contingentes. La voluntad, la lucha y nuevas estrategias, también contingentes, las desplazarán para posteriormente ser desplazadas también ellas mismas.

Coincidiendo con el asunto catalán, nuevas correlaciones de fuerzas se fraguan en el Estado y una ciudadanía activa y comprometida se dispone a entrar en escena. En Canarias la mayoría de la población impugna la errática política de connivencia del gobierno del PP con la multinacional REPSOL. Aquí nos sumamos también a la ola de cambios que reclama, entre otras muchas cosas, el “derecho a decidir”.

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