En la tierra de Buñuel

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Por: Gloria Serrano Solleiro

Hablar del Teruel bucólico y profundo significa, entre otras tantas cosas, hacer referencia a su arte mudéjar, Patrimonio de la Humanidad; al oro negro de Sarrión, las trufas; así como a los apetitosos embutidos de Bronchales, el místico ritual de la matanza del cerdo en Villafranca del Campo, los quesos de oveja de Tronchón, las tradicionales fiestas de San Antón en el Maestrazgo e inevitablemente, a Calanda, ese pequeño municipio del Bajo Aragón en el que Luis Buñuel Portolés nació a la par del siglo XX, una centuria más que generosa para el mundo de las artes y las humanidades.

Los vínculos que unen al creador de Un perro Andaluz (1928) con México son harto conocidos, basta recorrer su filmografía, las 20 películas que realizó en nuestro país, para darse cuenta que su inesperado viaje a esta tierra sería una de las decisiones más importantes de cuantas tuvo que tomar en la vida. Subida al cielo (1951), La Ilusión viaja en tranvía (1953) o El Ángel Exterminador (1962), son algunas de las memorables cintas que Buñuel dejó como legado y que nos hablan de su capacidad para transformar a un lenguaje audiovisual el surrealismo de una época en la que, como diría Bertolt Bretch, lo viejo no acababa de morir y lo nuevo no acababa de nacer. Sin embargo, fue con su obra maestra, Los olvidados (1950), película declarada por la UNESCO en 2003, como Memoria del Mundo y Patrimonio de la Humanidad, que Buñuel expuso con mayor claridad su carácter transgresor y la crítica mordaz a esa sociedad mexicana aburguesada de los años cincuenta que marginaba a los que siguen siendo el más amplio segmento de la población, los pobres. En este sentido, el cine de Buñuel constituye además todo un registro con el cual dar batalla a la desmemoria colectiva de la que adolece el siglo XXI.

La autenticidad de la obra de este calandino es tal, que resulta imposible imitarse; no obstante, la impronta conceptual que dejó en otros cineastas, de su generación y contemporáneos, es evidente. Quizá este sea también el caso de Diego Quemada-Diez, el director hispano-mexicano cuya ópera prima, La jaula de oro, recibió el año pasado, precisamente en la tierra de Buñuel, los premios a mejor dirección y equipo del Festival Internacional de Cine de Calanda 22 por Don Luis. La cinta sin duda nos remite a esa cinematografía subversiva que encontramos en Los olvidados, aunque no es el rasgo distintivo de este largometraje. Su relevancia, más allá de la impecable estética con que se aborda el tema, está en el extenso trabajo de investigación de su realizador, gracias al cual logra proyectar con fidelidad la crudeza del contexto migratorio en el que hombres, mujeres y niños (sí, niños), son prácticamente expulsados de su tierra natal al no encontrar ahí las condiciones mínimas para subsistir con dignidad.

La jaula de oro es una película que, valiéndose de Juan, Sara y Chauk, los tres personajes centrales, nos plantea una realidad cotidiana cada vez más difícil de entender. Es la realidad del migrante indígena que es humillado por sus propios compañeros de camino, incapaces de identificar sus orígenes en las facciones de un adolescente tzotzil; la de jóvenes centro y sudamericanos que se aferran con todas sus fuerzas a la vida y, paradójicamente, también a esa alegoría de la muerte que se conoce como “La Bestia”, el tren que cruza México de sur a norte y que constituye su medio principal para llegar a la frontera con los Estados Unidos. La Jaula de oro son fragmentos de una biografía que nunca acabará de completarse, la de la movilidad espacial; pero también es una necesidad persistente de contar las historias que de ésta se derivan, en particular cuando todos los demás lenguajes intentan invisibilizarlas.

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Así lo hizo Buñuel y así lo hace ahora Diego Quemada-Diez. El primero aragonés, el segundo castellanoleonés, ambos migrantes. Dos españoles a los que su encuentro con el país azteca supuso mucho más que la llegada a un lugar en donde hacer cine. Dos miradas antropológicas de un mismo fenómeno social, el de la exclusión y la segregación como modus operandi, en un país que aún no atina a reconciliarse con su pasado ni a comprender esta intrincada geopolítica de la que depende la vida de millones de seres humanos. Pero no se trata sólo de una temática común, como se podría pensar. A  mi parecer, la verdadera convergencia de Buñuel y Quemada-Diez se  encuentra en la originalidad del guion y la integridad del discurso, a partir de los cuales cada uno en su momento y, pasando por encima de los convencionalismos y el mensaje único que impone el cine comercial, hace su aportación para dar voz a los más vulnerables e indefensos dentro de la escala social.

Claro está que el fenómeno migratorio y la problemática en que deviene, no son exclusivos de México y su vecino del norte; así lo deja ver, por citar un ejemplo, el cortometraje Hiyab (2005) del periodista Xavi Sala, que en ocho minutos nos ofrece una apología de la diversidad cultural que nutre a España y una reflexión obligada para quienes se atrincheran en los prejuicios ante aquello que representa lo diferente, lo ajeno.

Esto es el cine sin tamices. A veces una dolorosa poesía, a veces el remedio contra la danza de la indiferencia que solemos ejecutar; pero siempre una forma de incomodar, de agitar las conciencias ante la gravedad de los acontecimientos que trascienden la pantalla y que, en ocasiones, parecen más una burla de la imaginación. Y esto es justamente lo que refleja Diego Quemada-Diez en La jaula de oro, la narrativa de un observador nato, coherente con su propia realidad y comprometido con los olvidados de nuestro tiempo.

Siempre lo digo, hay que ver buen cine. Frente al individualismo y el aislamiento deshumanizantes que vivimos, nada mejor que este cristal en el cual observarnos. Acaso al hacerlo aprendamos, primero a reconocernos y, después, a darnos la mano. Si lo hemos olvidado, es momento de recordar lo necesario, lo vital que para toda persona es sentir.

Nos leemos pronto…

 Sitio web: http://lajauladeoro-presskit.com/index.html

Trailer: http://lajauladeoro-presskit.com/trailer.html

 

 

Source: La Jaula de Oro

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