La iglesia azul de Bratislava

 

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Por Antonio Costa Gómez
Fotografía: Consuelo de Arco
 

Nos cuesta trabajo encontrarla, pero tenemos que hacerlo. Bajo la nieve todas las calles se parecen, y encima hay obras que nos desvían mucho. Pero nos empeñamos en ver lo fantástico. Yo me oriento por el río Danubio, pero no está tan cerca del río. Al fin un estudiante nos indica claramente donde está.

La diseñó a principios del siglo XX el arquitecto Edmund Lechner y es una fantasía del Art Nouveau. Está cubierta de placas azules, con grandes círculos de los que salen cruces. Parece un juego libre, una travesura de niños geniales. O la gracia en sí misma, que siempre se muestra original y creadora. Parece la sorpresa de la inspiración.

El edificio tiene varios cuerpos y varias alturas, abunda en esquinas y pequeñas torres, tiene una articulación musical, un dinamismo que exalta. Y a la derecha de la fachada sube una torre redonda enloquecida. También tiene grandes franjas azules curvilíneas, encima una linterna , encima de todo una pequeña cúpula con diminutas buhardillas. Parece como si Dios se hubiera convertido en un artista bohemio, como si perdiera la rigidez oficial y nos hablara graciosamente. Esa torre lanzada a lo alto nos habla de entusiasmos y de rupturas.

Entramos y los arcos tienen cenefas azules, los bancos de madera son azules, hay tabernáculos azules y pequeñas cupulillas azules. Y encima del altar un recuerdo de arco azul y citas leves de azul por todas partes. Parece que uno estuviera en un espacio encantado, que la divinidad se volviera de juguete, que el recogimiento se hiciera ligero y sin peso. Una especie de oración encantada. La religión envuelta en esa fantasía azul nunca llegará a ser intolerante o furiosa. Me gustaría comunicarme así con un Dios azul (como el que inventó en un poema Juan Ramón Jiménez) o con una santa cuya santidad se haga azul, como esta Santa Isabel de Bratislava.

Pero si uno se fija en los detalles todavía queda más encantado. El edificio parece una casa con entradillas de techos movidos, con rayas moviéndose en mitad del azul. Hay cruces con dos travesaños horizontales como rompiendo la imagen. El ojo visionario en el triángulo está metido en enmarques curvos, debajo de tejas azules. Hay pequeños puntos azules y cenefas azules debajo de las cornisas. Como si el edificio entero fuese un bordado. Así uno puede ir con su abuela a la iglesia y esperar en silencio como si ella estuviese bordando un tapete. Sí, vale la pena en insistir bajo la nieve en encontrar la Iglesia Azul.

 

 

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