Eros tremendum

768px-Eros_bow_Musei_Capitolini_MC410_n3Por: Gloria Serrano (Fotografía: Eros, Musei Capitolini)

Qué esconde un cuerpo
sus caminos internos
el púrpura de sus adentros

Qué contiene el encaje
el sex appeal
las sombras de los ojos
las sombras de los pasos

Qué colores tiene un cuerpo
según la piel
según el tiempo…

Mardonio Carballo

Obviamente no será viendo 50 sombras de Grey, como Eros, el hijo de Hermes y Afrodita y el gran responsable de causar desasosiego en los corazones, nos develará los misterios que encierra la sensualidad, el placer, la atracción sexual, el amor y el sexo. Eros no es industria sino arte y como tal, tiene una concepción exquisita de la estética, por lo que para mostrarse prefiere un desnudo del fotógrafo francés Jeanloup Sieff. Le gusta transgredir los límites impuestos en cada época, por eso se identifica con la desafiante propuesta del norteamericano Larry Clark y la controvertida obra del artista japonés Nobuyoshi Araki. Eros habita las noches, aparece a la hora en que un día se une al siguiente. Es una actitud, una mirada que facilita el encuentro de dos torsos descubiertos, como las que aparecen en los retratos del alemán Jo Schwab.

Obviamente no será viendo 50 sombras de Grey, como Eros, el hijo de Hermes y Afrodita y el gran responsable de causar desasosiego en los corazones, nos develará los misterios que encierra la sensualidad, el placer, la atracción sexual, el amor y el sexo. La realidad es que Eros se siente más atraído por las mentes inteligentes, que por la mercadotecnia hollywoodense o los modelos de ropa interior de Calvin Klein. Empatiza con las preguntas de mujer y los silencios de hombre. Es un constante flujo de idas y venidas, el perfecto binomio percepción-comprensión que produce el milagro de lo bello, jugadas sorpresivas que nos enganchan, un auténtico duelo que personajes como Marcel Duchamp o a Vladimir Nabokov solo encontraron paralelo en el ajedrez.

Obviamente no será viendo 50 sombras de Grey, como Eros, el hijo de Hermes y Afrodita y el gran responsable de causar desasosiego en los corazones, nos develará los misterios que encierra la sensualidad, el placer, la atracción sexual, el amor y el sexo. Eros aprecia la complejidad temática y el ritmo narrativo que tienen películas como Blade Runner (1982) de Ridley Scott o Melancholia (2011) de Lars Von Trier.  Y si entrase por estos tiempos a una sala de cine, quizás elegiría ver Boyhood (2014) y de paso escuchar Deep blue de Arcade Fire o Modern times de Bob Dylan. Eros es un extraordinario plano secuencia que, como la noche vieja, se desvanece al amanecer.

Obviamente no será viendo 50 sombras de Grey, como Eros, el hijo de Hermes y Afrodita y el gran responsable de causar desasosiego en los corazones, nos develará los misterios que encierra la sensualidad, el placer, la atracción sexual, el amor y el sexo. Eros es la mejor de las elipsis, su encanto radica no tanto en lo que se dice, sino en lo que queda por decir. Le gusta el juego sin importar si se gana o se pierde. Juega por la necesidad de aprender, para ponerle un poco de diversión al tedio del mundo, para permanecer allí para siempre, por el ansia de sentir ese nudo que aprieta el estómago. Juega porque le gusta sufrir el orgasmo que otros tienen en la protesta social junto a otros ciudadanos indignados y juega para saber dónde termina el sexo y comienza el amor.

Eros es inmortal. Fue íntimo amigo de Georges Bataille y cómplice permanente de James Joyce y Nora Barnacle, que sin su ayuda, no hubieran podido expresar todo el deseo que dejaron registrado en aquellas cartas escritas a comienzos del siglo XX:

2 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín

Querida mía, quizás debo comenzar pidiéndote perdón por la increíble carta que te escribí anoche. Mientras la escribía, tu carta reposaba junto a mí y mis ojos estaban fijos, como aún ahora lo están, en cierta palabra escrita en ella. Hay algo de obsceno y lascivo en el aspecto mismo de las cartas. También su sonido es como el acto mismo, breve, brutal, irresistible y diabólico…

Obviamente no será viendo 50 sombras de Grey, como Eros, el hijo de Hermes y Afrodita y el gran responsable de causar desasosiego en los corazones, nos develará los misterios que encierra la sensualidad, el placer, la atracción sexual, el amor y el sexo. Eros no es ni amor cándido ni apología de la violencia contra la mujer. Tampoco son los buenos inofensivamente grises contra los malos y su ira mal contenida. Eros es persuasión, convencimiento, creencia y seducción. Es un relato ambiguo, sibilino, loco, desmesurado, lúcido, intenso, dulce y agresivo que se legitima a sí mismo. Es un laberinto de situaciones cotidianas, en ocasiones tan sublimes como una sinfonía de Bach.

¿Por qué no me reconocen?, ¿por qué hoy me buscan en Facebook, Twitter o Instagram?, ¿tendrán el coraje de adentrarse por los caminos internos para encontrarme? Se pregunta Eros con insistencia…

“Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante”, le responde contundente George Orwell. “El mundo está lleno de seres incompletos que andan en dos pies y degradan el único misterio que les queda: el sexo”, susurra con sarcasmo D.H. Lawrence al oído de Eros. Y para bien o para mal, una película que ha recaudado más de 400 millones de dólares en taquilla, ya nos dijo lo evidente. Sin embargo, horas después, una vez que ha terminado la función, nos damos cuenta de una verdad terrible: en la vida real con esa clase de erotismo no alcanza. Así que, mejor sería hacerle caso a Joan Didion y liberarnos de las expectativas de los demás, darnos a nosotros mismos y salir en busca del Eros tremendum que se oculta tras las sombras, tras la obviedad.

@gloriaserranos

 

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