Maestros que atraen

Por José Antonio Ricondo Torre

 

PestalozziJuan Enrique Pestalozzi (Zurich, 1746 – Brugg, 1827); un precursor de la Pedagogía moderna.

 

 

Los recortes,

las leyes en las que hay que aprender

las cuatro reglas, los reyes y los ríos,

y los padres que llaman a sus hijos e hijas

príncipes y princesas…

El país en donde a los niños se les exigen

horas de clase de natación, danza, idiomas.

Una media de ocho horas al día, casi horario

de esclavos. Y se les compran trajes, disfraces,

golosinas, cuentos.

Y no hay quien les enseñe, escuche

y les ponga en el lugar conveniente, en su

lugar, en ese en el que se desarrollen con

naturalidad, en el respeto del saber hasta dónde.

Sin control.

Difícil para los sufridos maestros oponerse a

tanto desatino.

 

Miyo: Borrador de “La bisoñez, el retroceso educativo y los padres-abuelos”.

 

 

Federico Fröbel (Alemania, 1782 - 1852), “el pedagogo del Romanticismo”

Federico Fröbel (Alemania, 1782 – 1852), “el pedagogo del Romanticismo”

No hace tanto que los maestros y su oficio tenían el derecho a ser contemplados y disfrutados por los demás; eran tiempos en los que la sociedad se asombraba y entusiasmaba con la función que tenían estos educadores de las nuevas generaciones del país. Poco a poco -no creo que por moda-, ser maestro ya no está en el ranking de las profesiones más valoradas. Vivimos tiempos del chafarrinón, del abandono de la Administración como en otras épocas de oprobio y censura hacia los maestros, y de dejación de la comunidad.

Hoy, todo va rápido. Los padres, muchas veces, no tienen tiempo de revisar los informes trimestrales de sus hijos; y estos no lo entienden, siendo aquellos los protagonistas. Los padres quieren resultados, también rápidos, queriendo ver en sus hijos una especie de inversión de futuro, aumentado así más la contradicción; según esta, el problema del éxito en la educación reside solo en los buenos estudiantes, no dejando de haber, también en el sector de los profesionales quienes, por inercia, montan de nuevo la película de Sergio Leone, faltándoles el protagonista del feo en su discurso. Cierto es que no nos paramos mucho en cuidar un lenguaje a veces lesivo, discriminatorio y falso cuando hablamos de los alumnos.

Y así, entre unos y otros, no reparamos en una de las máximas más fundamentales y con más rigor en Pedagogía: no hay escolares e hijos intratables y extraños, sino una formación contraindicada, un desarrollo inconveniente y un perfeccionamiento incorrecto de los jóvenes. Nos falta tiempo para pensar en ello.

 

2No hay escolares intratables, sino una formación contraindicada

 

¿Qué puede estar sucediendo cuando lo real es que los alumnos y los hijos siempre recuerdan en su vida a sus maestros y a sus padres?

Si eso es cierto, y lo es, ¿por qué nos obstinamos y nos resistimos a esta evidencia? Hay suficientes interferencias extrañas y somos demasiado renuentes a revisar nuestras liturgias, así como a desbloquear nuestras rutinas, nuestras costumbres nunca puestas en cuestión y nuestros hábitos faltos de razonamiento alguno. Sin embargo, los alumnos sí piensan en el maestro que tuvieron, como los hijos nunca olvidan a sus padres por lejos que se hayan ido.

 

???????????????? La maestra rural, Diego Rivera.

 

Leo una anécdota que cuenta un médico de familia coruñés que nació en un medio privado de rentas y de libros. Y recuerda a su maestra doña Carmen, que tanto peso culminante tuvo en su vida. Le prestó sus libros “y leí a Pearl S. Buck, Somerset Maugham, Mark Twain y Anatole France con diez años” –escribe en Nueva Tribuna este alumno agradecido. De ahí le llegó su intenso amor por la lectura y los libros; y apoyado para cursar el bachiller, nos expresa y subraya “que un buen maestro cambia la vida de una persona, puede modificar la trayectoria de un destino”. Los maestros nunca han sido enemigos de nadie, solo de la incultura, el atraso y la conciencia acrítica. Ha sido y es una profesión a la que se han arrebatado y consagrado con intensidad y alegría, y con el ideal y la seguridad de atender a la edificación de una comunidad y de una nación contemporáneas y rejuvenecidas.

Arriba utilicé la palabra ‘recuerda’, y viene al hilo recordar ahora -la repito pues puede ser eufónico- su etimología: ‘Volver algo o a alguien al corazón (cor, cordis)’. Para eso sirve la memoria, y no para una enseñanza mecanicista, memorística y repetitiva que solo retiene a corto plazo los conocimientos, sin aprendizaje significativo alguno y sin memoria comprensiva. Curiosamente, también en inglés ‘aprender de memoria’ es learn by heart, aunque tenga el sentido que estamos criticando. Sin embargo, no deja de ser una preciosa expresión; o como en el francés, el mismo significado tiene par coeur. Contradictoriamente, si pasamos del corazón al cerebro, al entendimiento, al campo cognitivo, la mente, el idioma italiano guarda dimenticare, olvidar. Es curioso.

 

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No son divagaciones. Si lo fueran, no son recursos despreciables para recordar y traer a la memoria y al corazón todo aquello que muchas veces nos ha hecho vivir, aprender y crecer y ser más felices con los demás. En definitiva, más niños y más personas.

 

 

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