Entrevista a Germán Díez Barrio, autor de la novela ‘A fuego lento’


Germán Díez Barrio. Nacido en Buenavista de Valdavia (1952). Residente en Valladolid. Hasta la fecha ha publicado cuarenta y nueve libros, de narrativa, teatro y lenguaje popular, y realizado adaptaciones de nuestros clásicos. Ha sido galardonado con diversos premios de teatro y narrativa. Es autor de una biografía de Nelson Mandela escrita en cómic. Aparece en varias antologías y estudios sobre literatura actual y ha colaborado en diversas publicaciones colectivas.


 

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D.A.- Tras publicar El cocinero del rey, finalista del Premio Azorín de Novela y del Premio Alexandre Dumas de Novela Histórica, nos propones ahora A fuego lento, una nueva novela que podríamos definir como “vallisoletana, policíaca y gastronómica”…

 G.D.- Mi novela A fuego lento es un agradecimiento a la ciudad de Valladolid y a sus gentes, que me han acogido muy bien. Es policíaca porque la trama gira en torno a un robo que se produce en el despacho del alcalde mientras en un pleno abordaban la seguridad ciudadana y también es gastronómica porque a lo largo de la novela están presentes las comidas, el alterne y las tapas. En Valladolid, como en otras ciudades, se alterna mucho y bien.

 D.A.- Nada más comenzar el relato, el detective Policarpo Pérez rememora el paisaje castellano de su infancia aludiendo a las “figuras geométricas” de Cuadrado Lomas. Comparto esta visión abstracta de la meseta como la mejor manera de definir nuestro paisaje…

 G.D.- Yo tengo un cuadro de Cuadrado Lomas en mi comedor y cada vez que lo miro veo la representación de nuestro paisaje castellano. Lo he mencionado en la novela porque un día viajando en avión a punto de aterrizar en Villanubla, vi los campos castellanos igual que los que pinta Cuadrado Lomas y me identifiqué perfectamente con él.

FOTO GERMAN

D.A.- Y otro matiz que me gustaría destacar es el deje pucelano que tienen alguno de tus personajes y que tú has sabido captar perfectamente. Si te soy sincero, en alguna ocasión me ha parecido escuchar a mis propios suegros discutiendo acerca de cuál es el mejor de los panes que aquí tenemos; el de picos, el riche, el lechugino…

G. D.- Yo soy un palentino residente en Valladolid desde hace muchos años. Estudié el bachiller en el colegio de El Abrojo, en Laguna de Duero, y después Filología Hispánica en la Universidad de Valladolid. Siempre he estado unido a la ciudad, una ciudad que admiro y me siento muy contento de vivir en ella y agradecido por la consideración que me prestan muchos, y por ello hablo de Valladolid como de mi casa.

D.A.- Como ya hiciste en tu novela anterior, mencionas de nuevo el famoso incendio que tuvo lugar en Valladolid en 1561. Quizás este hecho sea tan importante para ti como debería de ser para el resto de nuestros vecinos…

 G.D.- Efectivamente. En la novela A fuego lento hablo del incendio de Valladolid por la importancia en el futuro que tuvo para la ciudad, no solo por el hecho en sí. La reconstrucción de la ciudad estuvo auspiciada por Felipe II que nació en el Palacio de Pimentel. A partir de entonces las calles se trazaron a cordel, se convirtieron en más anchas y despejadas y con soportales. Las plazas fueron más grandes y se mejoraron los materiales. Valladolid se convirtió en un centro de desarrollo de los nuevos estilos: el herreriano y más tarde el barroco.

D.A.- En un momento dado, los detectives de tu novela pasean por el Campo Grande y se topan con el sempiterno barquillero del parque. Al leer este episodio, me ha dado por pensar que estos famosos barquillos pucelanos funcionarían –para los que hemos nacido y crecido en Valladolid- como verdaderas “magdalenas de Proust”…

 G.D.- Tienes razón. Los barquillos del Campo Grande siempre han sido un referente para los niños que acudían a tan bello lugar, por sorprendentes y sabrosos. Son un olor característico y un recuerdo de la infancia que traigo al presente y que muchos vallisoletanos se verán identificados.

GERMÁN DÍEZ Y DAVID ACEBESD.A.- Para terminar, quisiera comentarte un detalle del que me he percatado casi por casualidad. Resulta que en mi mesa de trabajo coincidieron el otro día A fuego lento y el Lazarillo de Tormes. Pues bien, resulta que el momento más crucial de tu novela se desarrolla en el Mesón Taberna La Solana y que en el clásico picaresco la madre del lazarillo, nada más comenzar la obra, se va a trabajar a un mesón del mismo nombre. ¿Será cosa del azar o es que, de algún modo difícil de explicar, el pasado nos persigue siempre?

 G.D.- Es una curiosa e importante coincidencia. Después de situar el final de la trama de A fuego lento en el Mesón Taberna La Solana, donde yo voy regularmente, me di cuenta de que también la madre de Lázaro trabajó en el Mesón La Solana de Salamanca. Estoy de acuerdo contigo de que el “pasado nos persigue”, aunque sea inconscientemente. La coincidencia es total, salvando las distancias. En La Solana yo me encuentro muy a gusto y además del jefe y el cocinero, conozco a todos los parroquianos que van a tomar un vino con regularidad.



Ficha técnica

Título: A fuego lento

Autor: Germán Díez Barrio

Género: Novela

Editorial: M.A.R Editor, 2015

ISBN: 978-84-943553-9-4

Páginas: 205 págs.

 

 

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