11 sorprendentes datos sobre el orgasmo masculino

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Estas creencias, aprendidas casi de “boca en boca”, se han expandido como si fuera parte de una salud sexual segura y protegida.


 

La educación sexual, la que nos cuentan a través de anécdotas distorsionadas y experiencias desinformadas, parece ser algo realmente extraño y ajeno a esos talleres de sexualidad dados en las secundarias o bachilleratos. Pareciera como si el verdadero conocimiento sobre la sexualidad sólo se midiera a través del empirismo –viendo pornografía y la narrativa exagerada de esas aventuras en fiestas–. Pero… ¿qué puede aprenderse realmente de esta manera si no es transmitir creencias irracionales acerca de cómo un hombre y una mujer deben comportarse durante la intimidad sexual?

Cuando pensamos en un hombre –cualquiera que sea–, se espera que sea una especie de dios en el sexo: una persona que se excita con facilidad, que piensa en el acto sexual el 90 por ciento del tiempo, que ha tenido una larga lista de parejas sexuales –y todxs han salido satisfechxs–, que alardea de sus éxitos sexuales, etcétera.

Por otro lado, cuando pensamos en una mujer –cualquiera que sea– se espera que sea una especie de ser sexuado con límites: una persona que sólo tenga prácticas sexuales con su pareja –y por amor–, que sus parejas o experiencias sexuales sean mínimas como las de una “mujer de familia decente”, que una vez se convierta en madre se anule su sexualidad, que se excite al instante en que se estimula la zona genital, que no utilice algún preservativo o anticonceptivo con su pareja –de lo contrario se piensa que tendrá prácticas sexuales con cualquier, etcétera.

Estas creencias, aprendidas casi de “boca en boca”, se han expandido como si fuera parte de una salud sexual segura y protegida. Como si fuera un desfile de ideas delimitadas por una cultura patriarcal, donde el sexismo y el machismo son una especie de manual de conducta correcta –algo como un Manual de Carreño–. No obstante, son estos comportamientos los que brindan malestares y malentendidos asociados con la sexualidad: pavor cuando un hombre sufre de desinterés sexual, insultos y desprecio cuando una mujer se expresa como un ser sexual, incidencia de trastornos, infecciones de transmisión sexual o embarazos no deseados, etcétera.

Por lo que la invitación a –re–crear una experiencia sexual a través de la información y educación adecuadas, la libertad y el derecho a una salud –incluyendo la salud sexual– puede brindar mejores vivencias tanto con una pareja como con uno mismo.

Así que empecemos a compartir información real relacionada con el erotismo y la sexualidad. ¿Qué tanto se sabe del orgasmo masculino? Así como el orgasmo femenino tiene sus misterios, el masculino guarda complejidades y secretos que seguramente te sorprenderán:

 

– La eyaculación precoz ocurre sólo si la pareja no ha disfrutado ni llegado al orgasmo durante el acto sexual.

– En el momento de la eyaculación, el semen puede viajar hasta 45 km/h.

– Un orgasmo puede aliviar el dolor de cabeza, pues el cuerpo libera una sustancia –llamada endorfina– que ayuda a mitigar el dolor. Por otro lado, el semen cuenta con propiedades químicas que, al consumirse, reduce de manera natural la incidencia e intensidad de dolores de cabeza.

– El orgasmo y la eyaculación no siempre van acompañados. Hay hombres que pueden eyacular varios segundos después de haber tenido un orgasmo; o, inclusive, hombres capaces de inyacular –eyacular hacia dentro, provocando que el semen se dirija hacia la vejiga– y sentir el placer orgásmico.

– Mientras que el 85 por ciento de los hombres asegura haberle proporcionado un orgasmo a su pareja, el 64 por ciento de las mujeres acepta haber tenido uno.

– El punto G masculino existe, y se encuentra a 5 cm hacia dentro del ano. Es un pequeño bulto del tamaño de una nuez, ubicado en la zona prostática, el cual es capaz de potencializar los orgasmos ante la estimulación adecuada.

– En promedio, un hombre se masturba una vez al día.

– El orgasmo masculino libera una sustancia llamada prolactina, hormona que genera felicidad y satisfacción, la cual se produce 400 por ciento menos durante la masturbación que durante el acto sexual.

– Existe un periodo entre el orgasmo-eyaculación y la siguiente erección. Se le conoce como el periodo refractario. Para alargar o acortar este periodo, es indispensable mantener una salud física y mental.

– La excitación y el juego previo –estimular toda la piel– ayudan a intensificar la sensación orgásmica.

– A través del sexo tántrico, la estimulación del punto G y la inyaculación, el hombre puede tener orgasmos ilimitados.

[MamaNatural]

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