La excelencia no tiene excusas

Por Nazaret Solís Mendoza 

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Un siglo sin luces

El siglo XXI nos viene confirmando aquella licuefacción de valores, creencias y comportamientos de la que Zygmunt Bauman avisó en su libro Modernidad líquida (1999). Parece que todo va sucumbiendo a las aguas de este actual río caudaloso, y no hay dónde aferrarnos. Vargas Llosa, como buen maestro de la palabra, bautizó la cultura de nuestra época como La civilización del espectáculo (2012), donde nada permanece y donde todo dura según su éxito comercial. Evidentemente, la trascendencia del ayer es la tangencialidad del hoy. Las grandes metas y la añeja excelencia ya no son un fin, ni siquiera un medio. La mediocridad ha estructurado un nuevo orden. Perdonen el mal agüero, pero es posible y probable que, en este paso de lo sólido a lo líquido, llegue un último estadio, el del gaseoso, donde todo se deshaga en nuestras manos.

En este panorama, la vuelta a la melancolía se hace inevitable. En el Siglo de Oro, el Quijote de Cervantes fue fiel reflejo de un hombre que ya no encaja y, por lo tanto, su muerte era inevitable. En nuestro siglo, el Vaticano –otrora símbolo de la eternidad– se desmorona ante nuestra perpleja mirada. Ahora, ni lo terrenal ni lo metafísico enamoran; el ser humano –desencantado o desenamorado– ya no quiere verse obligado a peregrinar, en busca de una nueva felicidad o, cuanto menos, algo  que le prometa la salvación.

 

Una santa para tiempos tan revueltos

Así, pues, ¿cómo explicar que, en el 2016, Helena Cosanohaya publicado –y con gran éxito comercial– un libro sobre una santa del siglo XVI? Para mí, la respuesta es muy sencilla: Helena Cosano ha sabido interpretar los signos de nuestro tiempo y ha sabido ver lo que en verdad necesitamos: necesitamos de santaTeresa de Jesús.

Teresa de Cepeda y Ahumada fue una mujer necesaria para su tiempo. El siglo XVI exigía personas con la suficiente entereza de ánimo para hacer frente a los trastornos sociales y organizativos que padecían tanto el Imperio español como la Iglesia católica. Y ella supo comprender y aceptar la labor que debía acometer, sabedora de que, con la salud debilitada, sus esfuerzos y sufrimientos se multiplicarían hasta someter a prueba la propia vida. Con su ejemplo, podemos certificar que la búsqueda de la excelencia en nuestra vida no tiene excusas.

Santa Teresa de Jesús es necesaria para nuestro tiempo. El siglo XXI vuelve a exigir personas con la suficiente entereza de ánimo para hacer frente a los profundísimos trastornos sociales, culturales y, esencialmente, de la persona humana que padecen nuestra sociedad y, hay que decirlo, la Iglesia católica. Ante estos síntomas, el siglo XXI necesita a su doctora. La imagen de la santa de Ávila vuelve a seducirnos, con mucha más intensidad, en todos los niveles de esta vida que se pierde entre tantas modernidades y virtudes demasiado líquidas.

Como vengo afirmando, la vida y el pensamiento de la Doctora de la Iglesia resultan especialmente atractivos para nuestros tiempos, tan veloces como atomizados; unos tiempos donde es más fácil inventarse héroes y superhéroes, porque los de verdad, los de antaño, los que inspiraban y se erguían como paradigmas de virtud, están en peligro de extinción. Esta actitud frente a una crisis muy humana, nos advierte una necesidad íntima y vital, la de volver a enamorarse del mundo. Sin embargo, los métodos escasean y las tentativas fracasan continuamente. ¡Cómo amar un mundo que, día a día, se nos presenta más irracional y violento! Aquí emerge con firmeza santa Teresa. Ella nos dice –o nos grita– con su ejemplo que sí es posible. Ella no solo es una respuesta, sino el auténtico héroe para tiempos tan confusos.

 

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Teresa. La mujer o cómo llegar a la excelencia

Helena Cosano ha escrito una muy humana y conmovedora novela, gracias al apoyo de la editorial La esfera de los libros. Este es un libro bien documentado, que evita polarizar las reflexiones de la santa y que se esfuerza por continuar sus pensamientos, basándose en los diversos escritos de la carmelita (algunos de ellos presentan cada capítulo del libro). En ese sentido, Teresa. La mujer logra con éxito no caer en despropósitos o en aquellos falseamientos que la autora condena: «Su figura se ha convertido en un personaje manipulado por el poder para servir distintas ideologías, interpretado, reinterpretado, malentendido, a veces incluso falsificado» (p. 11). Así, desde las primeras líneas resulta un texto sincero, verosímil, con predominio del monólogo intimista, confesional, que nos permite comprender que Teresa fue también un ser humano, que cometió errores, que tuvo miedo, pero que no cejó en fiel cumplimiento de la tarea divinamente encomendada. Con ella sabemos que el camino hacia la excelencia, hacia el trabajo bien hecho está plagado de impedimentos, pero también de descubrimientos personales:¿Quién soy? y ¿Hacia dónde voy? son preguntas fundamentales –hoy más que nunca– que Helena Cosano ha sabido responder, apoyada en el enorme impulso que supone la vida de Teresa de Ávila, una mujer que tuvo todas las de perder, pero que, con inteligencia y fortaleza, alcanzó la gloria y la eternidad. Algo que, al día de hoy, todos debemos volver a aspirar.

 


Nazaret Solís Mendoza es doctor en Filología Hispánica y Teoría de la Literatura. Actualmente, publica sus trabajos de crítica literaria en su blog La oreja del burro.

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