Regreso a casa, la odisea de la vuelta al amor

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Por Ana María Caballero Botica

El contexto político, cultural y social de un país resulta determinante en la formación de una generación o generaciones, máxime cuando este régimen político resulta ser una dictadura y por tanto existe una imposición ideológica. Se trata de la China de la Revolución Cultural de Mao, punto de partida que ha escogido el director Zhang Yimou para su último trabajo Regreso a casa. El filme aborda las reconciliaciones y rupturas familiares, la recuperación y la pérdida de identidad y, en definitiva, una lección sobre las fatalidades de la vida que escapan, o no, a nuestro control.

Regreso a casa narra el difícil periplo del disidente Lu Yanshi (Daoming Chen) por volver al hogar junto a su mujer Wanyu (Gong Li) y su hija Dan Dan (Huiwen Zhang), a la que tuvo que dejar cuando apenas tenía dos años de edad. Esa difícil fractura paterno-filial será precisamente la causante de un fatal giro de los acontecimientos en el primer intento de reencuentro de la familia. Con el fin de la Revolución Cultural, Lu Yanshi consigue regresar definitivamente a casa, pero han pasado 20 años en los que, además de los cambios sufridos en el país, se ha producido uno más importante y doloroso que concierne a su esposa, afectada por una amnesia que le impide reconocer a su marido.

 

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Zhang Yimou cuela hábilmente ese trasfondo político-social-cultural en una historia que es, por encima de todo, una demostración de amor y compromiso llevado al límite de su pureza. Y lo hace mostrando el contraste entre dos generaciones bien diferenciadas: Una virgen, la que representa la hija que, aleccionada desde la cuna, antepone el culto al partido y a sus propios intereses como bailarina, – lo que supondrá un enfriamiento de la relación con su madre – y otra, la de los progenitores, a quienes le flaquea su fidelidad a un sistema que veladamente cuestionan, pero acatan.

A lo largo de varios saltos temporales, Lu Yanshi se las ingenia para volver una y otra vez hasta su esposa, buscando tocar una tecla definitiva que le permita reconocerle. Pero en el camino, Yanshi irá descubriendo otros secretos y a su propia hija, quien a su vez acoge a esa figura paterna en su vida. El tiempo pues juega en el filme un papel casi tan importante como el del trío protagonista, en el que, una vez más, Gong Li encabeza la filmografía del director y destaca muy por encima del resto del reparto con una interpretación soberbia de mujer aparentemente frágil y desvalida por su enfermedad, pero fuerte en sus convicciones.

Regreso a casa tiene la virtud de recuperar ese cine de carácter reposado, y hasta épico, muy en la línea de los primeros trabajos de su director, aunque poco innovador en el apartado técnico. En este caso, Zhang Yimou recurre a una gran dosificación de la contención de los sentimientos, generando en el espectador una tensión, – y por qué no decirlo, una cierta frustración – sin recurrir a la fórmula del happy ending. Más bien, Regreso a casa puede considerarse un cuento de sabor agridulce que nos permite viajar en el tiempo a esas historias atemporales contadas con buen gusto y cargadas de emociones. Se agradece esa vuelta al cine de ayer y de siempre.

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