Después de la tormenta, el nuevo retrato familiar de Kore-Eda

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Ryota (Hiroshi Abe)  junto a su hijo Shingo (Taiyo Yoshizawa) y Kyoko (Yoko Maki), la exmujer de Ryota 

Por Ana María Caballero Botica 

El incombustible cineasta japonés Hirokazu Kore-Eda se ha convertido en un experto retratista de las relaciones afectivas y familiares. Es capaz de extraer de ellas la pureza del alma de unos personajes que se encuentran a menudo perdidos y necesitan de un guía para reencontrarse a sí mismos y el lugar que ocupan en ese nuevo espacio. En Después de la tormenta, Kore-Eda vuelve a su sempiterna recomposición de los lazos familiares, centrándose en la figura de un padre divorciado, bastante inmaduro e irresponsable, pero deseoso de mantener el afecto de su hijo en un drama agridulce con más momentos de comicidad que de pesadumbre.

Ryota (Hiroshi Abe), el padre protagonista se malgana la vida como espía de poca monta (básicamente desenmascarando infidelidades), tras una prometedora y precoz carrera como escritor cuando obtuvo en su juventud un premio nacional por una pequeña novela. Tras la caída del hijo, alumno y esposo ejemplar y la pérdida de su padre, Ryota ha quedado a la deriva, y malgasta lo poco que gana en continuas apuestas y juegos de azar, lo que le impide cumplir con el pago de la pensión alimentaria de su hijo Shingo (Taiyo Yoshizawa) de 11 años dificultando la relación con su exesposa Kyoko (Yoko Maki). El reencuentro forzado de la familia en casa de la abuela Yoshiko (madre de Ryota) durante una noche de tormenta se convierte en un acto revelador.

Lejos de ahondar en la miseria de su protagonista, que la hay y genera angustia, Kore-Eda apuesta más por mostrar varios rayos de esperanza en ese tifón de sinsabores que pueden contribuir a reestablecer el difícil equilibrio familiar y personal. Ryota no está del todo solo. Su compañero de fatigas en la agencia de espionaje es al mismo tiempo confidente y compañero leal. La otra luz reside en la grandiosa Kirin Kiki – habitual rostro de la filmografía del cineasta – metida en la piel de la madre de Ryota, Shinoda Yoshiko, una mujer cínica, entrañable y torpe – debido a su edad – pero llena de esa sabiduría que aporta la experiencia vital. Se trata sin duda del personaje más carismático del film y tanto aquel como éste se convierten en el Pepito grillo de su protagonista que, obviamente, padece un caso patológico de Peter Pan.

En ese sentido, el director japonés parece insistir en su cine en la fortaleza de los personajes femeninos frente a esa incapacidad de asunción de madurez por parte de sus equivalentes masculinos, a los que tiende a retratar como poco comprometidos y vividores. Aquí observamos cómo su ex mujer ha cortado, – con razón -, una relación en la que ella era la única que asumía su papel como padres de su hijo. Asimismo, la hermana de Ryota (Satomi Kobayashi), representa lo contrario a su hermano, una mujer realista, trabajadora y práctica. Y finalmente ese retrato tan sensato y necesario de la vejez femenina, lleno de riqueza en la figura de la madre que, pese a vivir en un piso minúsculo del que apenas sale, contiene un mundo interior inmenso.

Kore-Eda vuelve a demostrar en Después de la Tormenta la gran capacidad que tiene su cine para respirar autenticidad y cercanía, además de traernos constantemente la idiosincrasia del país del sol naciente y, todo hay que decirlo, su rica cultura gastronómica. La pantalla se llena de aromas sutiles, hogareños, dulces, salados y agrios, esos ingredientes que conforman la vida misma y que resultan extrapolables a otras latitudes y culturas. Kore-Eda es uno de los más universales e importantes directores nipones contemporáneos y haciendo honor a la lección que da sin querer Yoshida a su hijo en la película: “La vida es muy sencilla (…) Para alcanzar la felicidad hay que desprenderse de ciertas cosas”. Kore-Eda lo hace y el cine así, se disfruta.

 

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