EL PROGRESISTA ANGELICAL

EL PROGRESISTA ANGELICAL
Tiene gracia. El progresista angelical comprende el terrorismo integrista. Y se mira al espejo y dice: qué inteligente soy. Para él los integristas representan a los pobres contra los ricos, el tercer mundo explotado contra el primer mundo explotador, las otras culturas machacadas por la cultura occidental, los musulmanes humillados contra los cristianos ofensores. Los integristas representan a los antiguos colonizados contra los colonizadores. Pero no hay nada de eso. Los integristas no representan a esa gente, toda esa gente no quiere saber nada de ellos. La inmensa mayoría de la gente quiere vivir y que no le prohíban todo y que no maten en su nombre. Quieren escuchar música y quieren ver cine y quieren recibir el viento en la cara. Los integristas no representan a nadie, solo representan el fanatismo contra todo lo demás, ellos mismos contra todos. También aplastan a la gente de su entorno, esclavizan a sus mujeres, cortan el cuello a los desobedientes, hacen infelices a sus dominados. Decir que los integristas representan al tercer mundo aplastado es como decir que los Guerrilleros de Cristo Rey representan la cultura occidental. ¿Usted se sentiría representado si los Guerrilleros de Cristo Rey empiezan a destrozar musulmanes? Los integristas no representan a los musulmanes en absoluto y machacan a los musulmanes igual que a los cristianos. Por tanto no debe importarnos que los integristas nos den asco, igual que les dan asco a la inmensa mayoría de los musulmanes.
Y el progresista angelical no se da cuenta de que al identificar el integrismo con los intereses de todos los musulmanes está haciendo el juego a la islamofobia. Si el integrismo fuera la respuesta de los musulmanes injustamente tratados no sería extraña la reacción de rechazo a los musulmanes. Porque los muertos destrozados en las calles pueden más que los análisis sesudos en las bibliotecas. El progresista angelical propicia el rechazo a los musulmanes, hace el juego a la teoría de que hay una guerra de religiones, echa leña al fuego de la guerra de civilizaciones. Él mismo provoca lo que después rechaza escandalizado. Es como aquel verso de Sor Juana: “Hombres necios que acusáis”. Aquí habría que decir: “progre necio que acusas…”
Por lo demás, para el progresista angelical contra el capitalismo vale cualquier cosa. Todo es bueno si se opone a la cultura occidental. Incluso los sacrificios humanos, la esclavitud, los dioses feroces, lo que sea. También en 1940 fue mejor Hitler que el mundo occidental y durante un año todas las publicaciones comunistas tuvieron prohibido criticar a Hitler. Y ahora es progresista el integrismo. Es progresista esclavizar a las mujeres, destrozar toda cultura, prohibir la música, ejecutar homosexuales, cortarle el cuello a todo el que no esté de acuerdo. Esas cosas son el colmo del progresismo. Todo eso es mejor que las libertades, la “democracia burguesa”, las elecciones, la libertad de costumbres, el ir las niñas a la escuela.
Y a lo mejor todo eso no le parece progresista del todo, pero el progresista se apunta con los integristas como compañero del viaje. Sin tener en cuenta que cuando el viaje termine los integristas los van a eliminar sin contemplaciones, como a todos los demás. En Irán los comunistas se unieron a los islamistas contra la dictadura del shah, pero en cuanto triunfó la revolución los islamistas los liquidaron como ratas, como cuenta Marianne Satrapi en “Persépolis”. Pero son minucias para el angelito, él está en el cielo de las ideas, poniendo cara de inteligente frente al espejo, no desciende a las contradicciones y las complejidades de la realidad. Para él la inteligencia consiste en simplificarlo todo en el cielo de la progresía.
Y en ese simplismo angelical tampoco el progre tiene en cuenta otro dato. Y es que en el pasado el mundo occidental maltrató y saqueó a los otros mundos, pero ahora mismo muchos gobiernos corruptos y élites gobernantes de esos otros mundos saquean y machacan a sus propias poblaciones. Reciben millones en ayudas pero se las quedan los gobiernos. Hay muchos planes de colaboración pero los saquean los dirigentes. Llegan infinitud de ayudas contra los terremotos por ejemplo y se pierden en los despachos. Llegan toneladas de alimentos, pero sus gobiernos las venden. Como cuando llegaban aviones de la ONU todos los días a Sarajevo y el gobierno de la ciudad se lo vendía a la población. Como cuando los americanos acusan a los europeos de genocidio contra los indígenas , pero ahora ellos mismos, descendientes de esos europeos malvados, mantienen marginada a su población indígena.
No, para el progresista angelical no importa nada de todo eso. Solo importa poner cara de inteligente, decir: que comprensivo soy, y simplificar las cosas, hablar de los pobres contra los ricos, de los colonizados contra los colonizadores. Por lo demás dicen: que hipócritas somos, solo nos importan nuestros muertos, de los de otros mundos no hablamos. Pero eso es una ley psicológica elemental, siempre interesa más lo cercano, y en otros sitios hacen lo mismo. Yo estuve en Colombia y los periódicos solo hablaban de Colombia, estuve en Irán y la prensa en inglés apenas hablaba del mundo exterior.
Y por último, la idea de que la injusticia lo justifica todo, que el tercer mundo ha sido humillado, que es la hora de la venganza, etc. Esos argumentos también sirvieron a los nazis, también Alemania estaba humillada, también el tratado de Versalles fue muy injusto con Alemania. Pero qué más da, el angelito solo defiende lo que ha decidido defender de antemano, y no sirve de nada lo que le digan. Ha decidido mantener la pose de intelectual progresista, mirarse al espejo y decir: qué belleza progresista tengo, además no me altero, y cuando hay muertos reventados por las calles lo primero que hago es preocuparme por si hay una reacción de islamofobia. Sin pensar que los primeros que reaccionan contra esas muertes son los millones de musulmanes que quieren vivir tranquilos y ver la próxima película interesante.
ANTONIO COSTA GÓMEZ

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