CUANDO LLUEVE EN LAS RUINAS MAYAS, POR ANTONIO COSTA GÓMEZ

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CUANDO LLUEVE EN LAS RUINAS MAYAS
Cuando llueve se ven las viejas pirámides de Palenque entre la jungla envueltas en niebla misteriosa. La tumba de la Reina Roja tiene el interior pintado de rojo. En la escalinata del Templo de las Inscripciones se distinguen algunas inscripciones, por ejemplo un pez misterioso. El rey Pakal levantó todo esto, pero ahora él está con su cara de jade en el Museo Nacional de Antropología en Ciudad de México.
Las construcciones entre la niebla parecen una pintura china. Hay enorme variedad de árboles, y se escuchan los monos aulladores que parecen jaguares furiosos. Xibalba es el inframundo de los mayas, el mundo de los Nueve Dioses de la Noche. Y el rey Pakal los convenció al tenderse a dormir en lo más escondido del Templo de las Inscripciones.
Los niños te rodean y te ofrecen artesanías y se ponen a tu espalda para ver si pueden birlarte algo. En el Palacio destacan las buhardillas, las cresterías en lo alto, la abundancia de huecos, la torre elevada de ventanas enormes. El conjunto tiene un aire ligero y refinado, uno cree que Palenque era el París de los mayas, que allí hubo una vida refinada y artística, y luego todo se lo tragó la jungla durante siglos. Hasta que vinieron exploradores locos que hablaron de la Atlántida , de los extraterrestres, de los viajes astrales. Un falso conde polaco vivió en lo alto de una pirámide y escuchó por las noches todos los ruidos de la jungla.
Al cruzar el río, se ven otras pirámides más allá de los árboles. Se sube a ellas por escalones altísimos que agotan a uno. Se encuentra a un dios que fuma y a un dios que con el gesto te manda callarte. Se ven la Pirámide de la Cruz y la Pirámide de la Cruz Foliada y la Pirámide del Sol. Y entre los árboles te venden artesanías mayas ancestrales, te ofrecen muñecos con el sonido de los jaguares, te ofrecen ocarinas mágicas. Y uno se maravilla ante esos árboles de tronco rojo que llaman “indio en cueros”, pero que yo llamo “árbol de sangre”.
Y si se sigue al norte se encuentra otro grupo de pirámides. Y el río desciende entre espesuras y lleva a una cascada increíble que llaman “El baño de la reina” y parece un yacuzzi gigantesco. Y hay árboles con raíces al viento y hay hojas de tonalidades oníricas. Y uno piensa que sí, que esto era París, aquí no pensaban mucho en conquistar territorios, ni en torturar enemigos, ni le hacían mucho caso al Juego de la Pelota donde se mataba a los perdedores, apenas se distingue, aquí había artistas, había goce de vivir, había refinamiento. Y apreciaban exquisiteces entre los excesos de la jungla.
Y uno vaga entre la naturaleza desaforada, y siente el alma romperse, se nota el movimiento vasto de la divinidad. Y entre esos edificios que se confunden con la espesura y la vastedad de la vida, estos edificios que se tragó la jungla llenos de fantasmas parisienses, piensa en la Reina Roja que se bañaba en el río, piensa en ese río que atravesaba la ciudad como el Sena cruza París, piensa en el rey Pakal que en el fondo del Templo de las Inscripciones charla con los Nueve Dioses de la Noche, los desaprensivos llevaran su ajuar a Ciudad de México. Y uno siente que conecta como Pakal con el Xibalba profundo, con el inframundo de Xibalba donde se guarda todo.
El Palacio tiene laberintos de pasillos, de aposentos, de patios, de ángulos inverosímiles desde los que asomarse a la ciudad desperdigada y llena de alma. En un trozo de muro se nota la coloración increíble de los líquenes, ese tono verdoso tiene más matices de los que pudiera expresar Proust. En Palenque culminó la civilización maya antes de desaparecer, y se sienten millones de lluvias en las piedras gigantescas con que se levantaron esas pirámides en un lugar remoto.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
FOTOS: CONSUELO DE ARCO

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