DIOSES EN EL AGUA, POR ANTONIO COSTA GÓMEZ

Villa Adriana, Tívoli, Italia 

DIOSES EN EL AGUA
Solo hay una melancolía, y es la de no tener la plenitud. Por eso sentimos saudade los gallegos. Es lo que quiso el emperador Adriano en su villa de Tívoli.
Allí reunió todas sus visiones y sus sueños. Se inspiró en edificios que vio en el mundo entero, en todos sus viajes, en sus fantasías. Se adelantó al Barroco en sus plantas curvas, en sus claroscuros. Anticipó el Romanticismo en sus desmesuras, en los juegos de las formas sobre el agua.
Muchas construcciones se conservan muy bien. El Teatro Marítimo, en medio de un estanque a donde se retiraba cuando deseaba estar solo. La Plaza de Oro, con sus audacias barrocas. El Patio de los Filósofos, para emular las Noches áticas de Aulo Gelio.
Pero lo más asombroso es el Cánope. Adriano se inspiró en un templo egipcio que había en las afueras de Alejandría. Los dioses desnudos, en medio de una columnata ligera , con sus formas pletóricas, se fantasean en el agua. Igual que hace dos mil años.
Adriano no quería saber nada de Roma. Solo de Platón, del arte griego, de la imaginación en los distintos países. Quedó asombrado con la belleza de Antínoo y pretendió eternizarla, levantándole estatuas por todo el Imperio. La más fascinante es la que se conserva en el Museo del Prado, con su sensualidad nostálgica.
En la Villa Adriana Adriano descubrió la intimidad y la nostalgia : “Pobre alma mía, errabunda, tierna/ huésped y compañera de mi cuerpo/ partirás para lugares pálidos” Quería la eternidad sensual, una paradoja. Deberíamos estudiarlo en la Historia de la Literatura. Descubrió el alma, el secreto. Lo incomprensible, el secreto. Era Holderlin mucho antes de Holderlin.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
FOTO: CONSUELO DE ARCO

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