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DUINO, LOS ÁNGELES SOLITARIOS, POR ANTONIO COSTA GÓMEZ

Duino 

DUINO, LOS ÁNGELES SOLITARIOS , POR ANTONIO COSTA GÓMEZ
Mirábamos por las ventanas la vastedad del Adriático, y sentíamos que aquellos eran los panoramas que había visto Rilke. Salimos a una terraza que se llamaba Terraza de las Elegías, allí decía que en ella Rilke habia compuesto las primeras elegias, y nos abrimos a la vastedad.
Bajamos otra vez, salimos a las terrazas que recorrían todo un frente del castillo, llegamos hacia el otro lado y vimos la Dama de Blanco, otro castillo más antiguo abandonado en lo alto de una roca que sale en el mar. Era un castillo blanco y solitario que debe resplandecer en la noche como un fantasma. Había una leyenda sobre una mujer abandonada allí que se paseaba por las noches para proteger a su hijo de la muerte. Salimos al jardín de la entrada, en una esquina había una mesa grande de piedra con dos sillas, y en el ángulo subían unos rosales. Aspiré con locura esas rosas que seguían siendo tan locas como cuando Rilke las aspiraba, les extraía todo su sentido.
Entramos , exploramos las salas cubiertas que había antes de pasar al patio de armas, unos restos arqueológicos, el trozo de una fuente. Recordamos que la escalera era una obra maestra de Palladio y no se apoyaba en ninguna columna, era un logro de energía, la espiral soñada que subía a lo alto, miramos las personas que bajaban o subían, parecía la escalera de Jacob.
Volvimos a salir a la terraza, entonces sentí un olor que me trajo toda mi infancia, lo seguí. Temblando te dije que allí estaba la Higuera de la que hablaba Rilke en la Cuarta Elegía, que ésa era la Higuera, esa misma. Nos quedamos los dos mirándola asustados, estaba por fuera de la barandilla trepando en el acantilado, detrás de ella se veían las lejanías de la costa escarpada de Istria. Estuve allí recibiendo hasta los tuétanos aquel olor, de niño los higos me habían proporcionado mundos enteros.
ANTONIO COSTA GÓMEZ

FOTO: CONSUELO DE ARCO