El tiempo y los ríos no corren para atrás


Estoy poniendo el título de este post y ya tengo que cambiar el tipo de letra. Mi Pc se obstina en ponerme el Times New Roman y a mí este tipo de letra me chirría, me parece vieja y fea.  De acuerdo: se puede ser vieja y guapa, como también se puede ser joven y fea. Pero en este caso alguna letra de ordenador y ciertas personas se quedan en lo primero.

 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                               Foto: David Mark en Pixabay

No puedes escribir con comodidad si la letra no te gusta. Así que, para mi misma,  me la he cambiado del Times New Roman a  Calibrí que me parece mucho más alegre, y sobre todo mucho más amable.

En la mitad de la vida saltas de lo bueno está por llegar,  a lo tengo todo vivido,  en un abrir y cerrar de ojos. Soñar es gratis (también en esta época) pero cambia el escenario y te vas dando cuenta que ya no sueñas en futuro sino en pasado.  

El otro día leí un post de Laura Ferrero donde mencionaba a Yanusari Kawabata: yo desconocía totalmente quien era ese hombre e imagino que seguiré sin conocerle ni a él ni a sus obras. Sin embargo me quedo con la frase a la que hace referencia esta joven y talentosa escritora: “el tiempo y los ríos no corren para atrás”, una gran visión de lo que fue y lo que nos queda.

Hay que buscar alicientes y tratar de mirar hacia adelante, por mucho que las energías se nos den invertidas y nos toque a nosotros reubicarlas continuamente. Cuando se es muy joven solo parecen existir proyectos hacia adelante, a pesar de que en realidad no se tiene nada más que un territorio vacío. Y a medida que avanza el tiempo y uno se hace mayor -sería entonces cuando más deberíamos enfocarnos en lo que todavía ha de venir-, entramos en una especie de tortícolis emocional que nos hace tener la cabeza girada continuamente. Al final duele, y no estamos cómodos en ninguna posición.

Estoy convencida de poder avanzar aprovechando lo que se mueve a mi alrededor. Si no se pueden cambiar las cosas, al menos la percepción o la sensación que nos producen. De modo que, si hubiera escrito con Times New Roman todo lo que acabo de expresar en esta columna, sonaría triste y olería a naftalina.  

Por eso al releerlo en modo Calibrí que casi tiene nombre de pájaro tierno, me siento mucho mejor, y la frase de Kawabata ya no me entristece, sino que me espolea.