Darawish. XXXVI Festival Ibérico de Música de Badajoz


 

 

Con la caricia de una brisa; que se convirtió en intenso frío; comenzó una de las propuestas más interesantes de este XXXVI Festival Ibérico de Música de Badajoz. Ya en el equinoccio de la programación, la Sociedad Filarmónica de Badajoz programa (con acertado criterio), cadencias del mediterráneo de la mano de una agrupación formada por músicos sirios, iraníes y españoles. Al contrario que en la Torre de Babel, aquí está la búsqueda de sintagmas musicales comunes, la exploración de los modismos armónicos característicos de cada lenguaje. Para la creación de un lenguaje único y universal que transciende geografías y paisajes. Las obras pertenecen al próximo disco que publicará la agrupación. En Darawish predominan los modos árabes, misturados con cromatismos jazzísticos. Especialmente en los instantes en que la impecable técnica de Pablo Hernández Ramos (en la caña y la boquilla) o el pizzicato de Fernando Leira al contrabajo, entran en acción. Darawish mezcla texturas mediterráneas, con el sabor de los Balcanes. El aroma de los serrallos con el humo de un club de jazz o con los aceites aromáticos del Líbano. El resultado es una paleta de sonidos enriquecedora, un abanico de aromas que surgen de instrumentos tradicionales orientales (laúd, ney, darbuka, tombak) y se dejan cortejar por los occidentales (saxo, contrabajo). Un latido que nace de la percusión incesante, como una rítmica respiración, de Luís Taberna.

El resultado; más que fusión; es la creación de un espacio sonoro nuevo y apasionante. Darawish recrea desde temas típicos turcos como el “Laz” (con su compás de 7/16), hasta atmósferas netamente sincopadas del más académico jazz. “Persian Road” es una arriesgada obra donde los vientos llevan la voz cantante, obteniendo una curiosa textura del diálogo entre el saxo y la flauta, mientras el contrabajo ejecuta una base con remembranzas jazzísticas, para terminar inmersos en una apoteosis de sabor oriental, abruptamente cerrada. Otras obras del programa acercarían a tradiciones musicales como la palestina (Chergaoui), aromas de Persia (Bahare Delkash) o sobrevolarían las montañas armenias. Traerían hasta el patio de la Biblioteca de Extremadura el sonido de la flauta de Kaveh Sarvarian, evocando desiertos iraníes y derviches girovantes. La percusión de Luís Taberna se le une para crear un espacio de reminiscencias sufíes. Casi un  instante para la meditación. Los sonidos extraídos del violín de Larbi Sassi, uno de los mejores especialistas del Magreb, destilan tradición. Sassi ha formado parte de agrupaciones como “Sinouj” y su experiencia en la fusión de tradiciones queda patente en cada nota de su arco. En cada abanico sonoro donde rememora los acantilados de Siria, los abruptos desiertos de Libia. Sassi extrae de su voz los acentos melismáticos del canto árabe y juega con las características escalas del maqam en el mástil del violín. Hames Bitar recorre de cabo a rabo los trastes del laúd, ejecutando una amplia variedad de técnicas, con esos cuartos de tono tan característicos del la música árabe.  El sonido del grupo es redondo, certero, con matices de fisicidad.

 

Con reminiscencias de callejón habitado de especias, de cedros libaneses y danzarinas egipcias en el harem. El empaste de los instrumentos; especialmente los vientos; es milimétrico. La versatilidad de cada ejecutante es indudable. La raíz mediterránea crece en las arenas del groove, con una fuerte base rítmica, misturándose con los modos orientales (maqam) con fluidez. Rememorando en algunos compases los aires del “jondo” más andalusí.  Una propuesta ecléctica, étnica, global, atrevida, multicultural, respetuosa con las raíces y; al mismo tiempo; enriquecida con propuestas foráneas. Darawish está un pasó más allá de la World Music, por su sonido redondo, compacto, con aromas de medio oriente, su raíz africana y su vocación de mediterraneidad entrelazada con esa vibración y esas ráfagas de free jazz. ¿Jazz magrebí? ¿Sonido afromediterraneo? ¿Crossover Musical? Etiquétenlo como quieran. Pero en cualquier caso, un lujazo de músicos y de música, aderezada de especias orientales. Un viaje mágico alrededor de la cuenca mediterránea, con aderezos de bounce, de la mano de unos músicos sorprendentes.