DESCUBRIENDO LA FUNDACIÓN ANTONIO PÉREZ

Por María Vaquero Argelés.

Escondido entre pinares y casas colgadas se halla un lugar para un encuentro reposado con parte de los más importantes artistas españoles de los últimos tiempos. Un espacio donde los amigos de Antonio Pérez se convierten en propios y nos aproximan a su visión abstracta y contemporánea de la sociedad.

«En mi primer viaje a Cuenca (1957) conocí a Manolo Millares y a Antonio Saura; con ellos comenzó esta colección.

Más tarde, en París tuve la ocasión de vivir la amistad y el trabajo de diversos pintores.

Cuarenta años más tarde la colección vuelve a su lugar de origen

(Antonio Pérez).

Así, en 1998 la ciudad  de Cuenca se vio agasajada con la creación de la Fundación Provincial de Cultura Antonio Pérez[1]. La colección, donada por el artista y editor a la diputación conquense, se encuentra alojada en el antiguo convento de las Carmelitas Descalzas, un espacio de lujo a la hora de recorrer sus laberínticas estancias que albergan obras como son los objetos encontrados (verdadera pasión del coleccionista) y obras de autores como los mencionados Millares y Saura, además de Gordillo, Casamada, Arroyo, Canogar, Barceló, Isabel Muñoz o Zóbel, entre otros muchos. Escultura, con muestra de tallas de madera traídas de Zaire (por poner sólo un ejemplo), fotografía, obra gráfica (Saura tiene una sala dedicada a su trabajo), libros, pinturas… convierten las estancias, vigiladas por varios muñecos Michelin, en sorpresas constantes. Las perchas figurativas de Saura conviven con figuras de cerámica del Niño Jesús, la herida abierta de la oscura obra de Assad Kassab casi toca con el objeto encontrado que hace homenaje a Duchamp con ese corazón – ojo que se abre en una contraventana de madera y que esconde, ¡oh, sorpresa!, dos cerdos de plástico (obra No es un corazón, es un ojo. Homenaje a Marcel Duchamp).      

Pasear por la Fundación se convierte en una aventura en la que se descubren la mirada risueña de Marilyn en uno de los varios warhols, patios abiertos a la naturaleza donde poder entretenerse leyendo la serie gráfica realizada por Twozywo para ilustrar el relato de Jean – Paul Sartre, Eróstrato, o pasillos dedicados a la obra del Equipo Crónica, muy presente en toda la Fundación.

Obra perteneciente a la Serie Carpeta Negra (Equipo Crónica, 1975). Imagen tomada de Tiempos Modernos.

Obra perteneciente a la Serie Carpeta Negra (Equipo Crónica, 1975).
Imagen tomada de Tiempos Modernos.

Pero el objetivo de este artículo no es descubrir todos y cada uno de los tesoros que Antonio Pérez ha ido acumulando a lo largo de los años, como si de un Diógenes esteta se tratase; ni mucho menos. Lo realmente interesante es dejarse llevar, casi sin saber, sin itinerario preestablecido ni mapa de ruta que nos vaya guiando por cada uno de los rincones.  Y no importa si la visita se repite, de tarde en tarde o con frecuencia: cada vez será un paseo distinto, cada recorrido nos pararemos en piezas que no habíamos apreciado con detenimiento y observaremos lo no observado previamente. Tal vez los objetos encontrados tengan otro significado, tal vez entendamos (ahora sí, ahora no) las referencias a las que nos remite su «encontrador», Antonio Pérez.

Fotografía de una de las salas de la Fundación. Al fondo puede apreciarse la obra Cura, de Eduardo Arroyo. Imagen tomada de la web de la Diputación Provincial de Cuenca

Fotografía de una de las salas de la Fundación. Al fondo puede apreciarse la obra Cura, de Eduardo Arroyo.
Imagen tomada de la web de la Diputación Provincial de Cuenca

Es por ello que la Fundación es un pequeño mundo en constante cambio, también  debido a las distintas exposiciones temporales que se suman a sus fondos permanentes (en esta ocasión fue David Plaza Salgado quien se cruzó en mi camino con su Quimera).

Artistas internacionales, muchos más artistas nacionales y de la propia provincia de Cuenca, estancias iluminadas por la naturaleza en toda su plenitud de colores, frases para la posteridad (Dios ha muerto, Marx ha muerto y yo estoy mu malito – Viva Cuenca, en un objeto encontrado) y la tranquilidad de ese deambular por el antiguo convento que mantiene la paz entre sus paredes hacen de la Fundación Provincial de Cultura Antonio Pérez un recorrido imprescindible para todo amante del arte contemporáneo, para todo aquel que guste del placer de conocer y dejarse enseñar. Para no perdérsela.


[1] Y en San Clemente, pueblo situado a poco más de 100 km. de la capital manchega, se inauguraron el Museo de Obra Gráfica y el Museo del Objeto Encontrado, en 2006 y 2010 respectivamente.

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