Black Sails. Érase un lugar llamada Nassau.

Érase una vez un lugar llamado Nassau. La propuesta de la norteamericana Starz sigue los pasos de su exitosa precedente, la imaginativa (en lo histórico) y de potente presencia visual Spartacus. Rodada en Cape Town Studios se presenta como una precuela de la celebrada novela de Robert Louis Stevenson “La Isla del Tesoro” con guión de Jonathan E. Steinberg (Jerico) y Robert Levine, otro de los habituales de la casa. Pero todo parecido con el argumento genésico es pura coincidencia, y sus conceptos (morales, éticos y cinematográficos) se alejan notablemente de todo el “cine de piratas” realizado hasta la fecha. Starz aporta los ingredientes que atrajeron al público en Spartacus: un diseño de producción cuidado, interpretaciones notables y argumento vibrante, pero salpicado de sexo y violencia en exceso gratuitos. Con cuatro nominaciones a los Emmy a cuestas y una cabecera compuesta por Bear Mcreary (autor de partituras como The Walking Dead o Battlestar Galactica), hipnótica y obsesiva. Tomando como referencia las canciones de trabajo marineras; desgrana un perturbador e insistente “leitmotiv”, imitando el sonido de una zanfona “in crescendo”.

Este instrumento de cuerda, de difícil afinación, datado en el siglo X para acompañamientos religiosos, revivió en Francia en el siglo XVIII. La visión dada por la productora es la de un mundo donde predominan las bajas pasiones, la violencia es una forma de vida y el sexo un medio para alcanzar los fines adecuados, es cierto que se aproxima a la realidad de aquella cofradía de pesadilla, formada por ladrones, asesinos, borrachos o proscritos. Aunque quizá este acercamiento es excesivamente radical, ya que la pretendida visión de la violencia, el sexo en estado puro  y el lenguaje soez, pueden alejar a espectadores que pensaban que iban a visionar “una de piratas” de toda la vida. Black Sails no es nada de esto. Las “Velas Negras” del título rompen con todos los esquemas vistos hasta la fecha desde aquella hermosa transgresora de la ley, que fue interpretada por una deliciosa Jean Peters en “La Mujer Pirata”, hasta los fallidos intentos de modernizar el subgénero “ad maioren gloriam” de Geena Davis (dirigida por su marido), capitaneando la tripulación en la adrenalínica “La Isla de las Cabezas Cortadas”.

A años luz quedan conceptos como la divertida saga protagonizada por Johnny Deep y sus piratas del Mar Caribe. Un experimento que basándose en una atracción de Disneylandia no podía dar juego en el terreno de la sangre y el sudor, pero que consigue un producto burlesco, original y valiente (esa caracterización suicida de Deep). Antaño hubo experimentos no canónicos, convertidos en clásicos como “El Temible Burlón”, con un acrobático e inolvidable Burt Lancaster. Los piratas clásicos como el “Capitán Blood” del elegante (e insufrible) Errol Flynn, o el añorado Tyrone Power, interpretando en fastuoso color a Henry Morgan, paseando su apostura en “El Cisne Negro”, no tendrían cabida en las tripulaciones canallescas y amorales de estos navíos.

Al seguidor de esta serie, le parecerán pacatos y menguados combatientes los protagonistas de cintas como “Piratas del Mar Caribe” (1942). Aunque resulta difícil reconquistar aquel espíritu de aventura y romanticismo que destilaban las obras de Cecil B. de Mille (por no hablar de la insuperable interpretación de Paulette Godard). La obra maestra del cine de facinerosos marinos es, sin duda, Moonfleet, nacida de las manos de Fritz Lang. Cine en estado puro con Stewart Granger en su mejor papel. La pictórica composición (inspirada en pinturas de Hogarth), con reminiscencias dickensianos y la banda sonora de Miklos Rozsa, nos entregan una poderosa lección de cine.

Black Sails combina a partes iguales notables interpretaciones con escenas de acción perfectamente realizadas. El diseño de producción es apreciable. Costumbre habitual en los productos Starz. Baste recordar series tan detalladas como La Reina Blanca en la Inglaterra partida por La Guerra de las Dos Rosas, La Roma degenerada de Spartacus, la recreación de Los Pilares de la Tierra, sobre el best seller de Ken Follet, o el imaginario renacentista recreado en Da Vinci´s Demons. La reconstrucción de los espacios, navíos o ciudades, es cuidada y detallada. Por ello chirrían los “defectillos” como esos fondos de navíos navegando o paisajes lejanos, donde el “render” 3D no ha sido trabajado como precisaba y el CGI destila un estilo de videoconsola. También se nos antoja demasiado moderno para la época el lenguaje utilizado en algunos diálogos, o albergamos la duda sobre ventanas de vidrio en un lugar perdido del Caribe, o porqué los personajes no tienen la dentadura podrida.

 

Sin duda el armazón dramático es la apuesta más fuerte de la serie. Toby Stephens (Muere Otro Día) es un capitán atormentado y con profundas fracturas morales. La composición hierática e impasible del británico, junto con la de su amante Miranda (una magnífica Louise Barnes), destacan sobre la del resto del elenco. Una titubeante Hannah New, a quien vimos en la serie “El Tiempo entre Costuras”, interpretando a la díscola Rosalinda Fox, amante del Alto Comisario Beigbeder en tierras marroquíes. Luke Arnold (The Tunnel) compone un John Silver, que en sus orígenes se antoja antipático y anodino, aunque consigue hacer crecer el personaje a lo largo de los capítulos hasta concluir en ese frenético episodio final, donde se nos revela la dolorosa transformación física hacia el John Silver que todos los lectores de “La Isla del Tesoro” rememoran. No les andan a la zaga Zach McGowan (Shameless. Drácula, Terminator Salvación) en el papel del inquietante capitán Vanes y Clara Paget (One Day, Fast and Furious) componiendo una pirata de existencia real “Anne Bonny”; taciturna y salvaje; en lucha constante con su identidad sexual. La canadiense Jessica Parker Kennedy; recién salida de series teenagers como Sensación de vivir, Smallville o El Círculo Secreto; decide subir la temperatura en su interpretación de una prostituta convertida en “Madame”, amante de las conjuras y la mostración de piel.  Hay sudor en el ambiente, calor tropical y suciedad consecuente con el lugar y las costumbres. Las heridas no tienen curas milagrosas ni desaparecen por arte de magia, sin embargo el aspecto histórico queda descuidado con armas que no son de la época, o el hecho de situar la acción en 1715, cuando la piratería ya agonizaba, aunque se respeta la veracidad el Código Pirata. Frente a otras opciones del género de aventuras, Black Sails regala diversos momentos de diálogos en camarotes, despachos o tabernas. Es en estos instantes donde se lleva a cabo la verdadera acción. Trapicheos, sin fin, cambios de bando, astucias sin par, y donde los actores pueden descargar todo su arsenal dramático.

 

Ciertamente los intervalos enlentecen el desarrollo de los acontecimientos para los espectadores más inquietos y ávidos de acción (que haberla, haíla). Black Sails es una melodía coral, orquestada para varias tramas en Do Mayor y afilados sables. En el aspecto histórico (y como ya le sucediera a su precedente Spartacus) la serie mixtura hechos y personajes reales con ficticios, dejando la verosimilitud para los libros de historia. No hay que olvidar el objetivo de cualquier productora es entretener y no elaborar un documental sobre la vida de los piratas. Bien asesoradas algunas situaciones, como los códigos que regían el mundo de aquellos fuera de la ley. Los personajes como Thomas Barrow y el Capitán Hornigold existieron realmente. Hornigold se presenta como el traidor que entrega a Eleanor a las autoridades inglesas, en realidad junto con Thomas Barrow, establecieron la republica de Nassau como gobernadores, junto a “Barbanegra”; que aparecerá en la tercera temporada para dar más juego; Anne Bonny o el temible Charles Vane. Hornigold se volvería contra los suyos tras un indulto, convirtiéndose en cazador de piratas.

 Hasta 1718 los piratas continuaron dando guerra, cuando los británicos enviaron como gobernador al ex corsario Woodes Rogers, que reformó la administración y restauró el comercio. Barbanegra seguiría por algún tiempo asolando las costas hasta su violenta muerte (cinco balas de pistola y veinte cuchilladas) en 1718. La pirata irlandesa Anne Bonny, que renunció a la herencia familiar para buscar aventuras, tampoco está bien reflejada en la serie, a pesar de la excelente interpretación de Clara Paget. Es cierta su relación con Rackman, que vestía ropas de hombre, pero su pareja la dejó enfrentándose a un cazador de piratas mientras se refugiaba en la bodega.

El verdadero Rackman, apodado “Calico Jack” fue ahorcado tras esta incursión. Anne Bonny coincidió en la tripulación con otra mujer pirata tan salvaje y fiera como ella: Mary Read. Tras enfrentarse ellas solas al capitán Burneo, cazador de piratas (el resto de la tripulación estaba borracha) fueron perdonadas alegando estar embarazadas. Tras dar a luz al bebé, Anne desapareció de la historia oficial. La leyenda dice que terminó sus días en un convento. El Código de los Piratas, conocido como Charte Partie, recogía normas de conducta, castigos, reparto del botín, etc. Estrictas reglas de gestión que incluso preveían la perdida de algún miembro (manos, piernas) y sus retribuciones, prohibición a bordo de cartas o regulación del duelo entre tripulantes. Estas “reglas del diablo” no constituían un código único. Cada capitán o barco poseía sus propias reglas y era promulgada por el capitán y aprobada por todos, antes del inicio de la aventura. Incluso una parte de botín se destinaba a la Iglesia para que rezarapor sus almas o a instituciones benéficas.

 

Realizado el juramento ante un vaso de ron y una Biblia, comenzaba la aventura. En cierto modo la vida de aquellos hombres era una suerte de democracia fuera de la ley. La tripulación votaba y siempre tenían la última palabra. El papel de la mujer  en aquella época se reducía a ser monja, madre o prostituta. En la hermandad de los desterrados, cualquier mujer podía optar al mando y vivir sus aventuras. Este fue el motivo que alejó a Anne Bonny de la hacienda familiar. Las parejas de hecho homosexuales estaban perfectamente integradas. Incluso tenían una especie de Seguridad Social para los que sufrían amputaciones en la batalla. También es cierta la relación entre Rackman y Charles Vane o su disputa por el navío “Ranger”, del cual terminó siendo capitán. A pesar de tratarse de un “producto Michael Bay” (acción trepidante, explosiones, adrenalina, grandes planos), el autor de Transformers consigue dotar a su creación de intensidad dramática y un sinnúmero de subtramas con personajes que se mueven en zonas grises, que equilibra la vertiente espectacular.

El guión partiendo de un claro “McGuffing” (con permiso de Hitchcock) que es la búsqueda de la Urca de Lima, el navío español que lleva el tesoro de la corona y en realidad naufragó frente a las playas de Florida, siendo rescatada la mayor parte de su contenido posteriormente por los españoles. La flota llevaba lingotes de oro y pesos de plata, pero la Urca transportaba realmente pieles, chocolate, vainilla, etc. Aunque en la serie son los piratas capitaneados por “Calico Jack” quienes recuperan el tesoro. Los espectadores más avispados habrán pensado que se trata de un error de traducción cuando los piratas se refieren a dólares, pero no es así. Se trata de dólares españoles, monedas de ocho reales acuñados por los Reyes Católicos.

La nave en realidad se llamaba “Santísima Trinidad” y el apodo de Lima, era por su propietario Miguel de Lima y Melo. No fue “Calico Jack” el que consiguió parte del tesoro sorprendiendo a los españoles en el campamento de salvamento, fueron Henry Jennings y Charles Vane. Alrededor de este “McGuffing” gira todo el argumento de la serie, ya que cualquier lector de Stevenson y “La Isla del Tesoro”, comprende que están guiando al espectador hacía el que será el futuro tesoro enterrado del pirata cojo John Silver. El personaje de Eleanor Guthrie, interpretado con altibajos por Hannah New (licenciada en Filología Hispánica), está basado en una pirata irlandesa llamada Grace O´Malley que consiguió el perdón de la reina Isabel I para legalizar la turbiedad de sus negocios, basados en impuestos a las naves y abordar barcos mercantes. Los personajes del Capitán Flynt y John Silver “El Largo” tienen una génesis estrictamente literaria. Toby Stephens (hijo de la actriz Maggie Smith) interpreta un rol que en “La Isla del Tesoro” tan solo conocemos por referencias. En la época que desarrolla la novela, Flynt está muerto y el loro de Silver responde a este nombre como homenaje o broma macabra, ya que este antiguo cocinero no es trigo limpio y no guarda ningún parecido con el presentado en la serie veinte años antes. La Isla del Tesoro fue escrita por Robert Louis Stevenson y publicada en 1883, originalmente por entregas. Encartada dentro del género de la bildungsroman (novela de iniciación a aprendizaje) donde el personaje experimenta una evolución física, moral o psicológica.

Convertida hoy en clásico de la literatura universal, obra cumbre del autor junto con El Extraordinario caso del Doctor Jeckyll, sus personajes se han transformado en iconos cinematográficos y literarios. Stevenson consiguió con su prosa que cuando se pronuncia la palabra “pirata” inmediatamente acudan a nuestra mente imágenes de loros, patas de palo, goletas negras, islas tropicales desiertas y mapas del tesoro con una X señalando sospechosamente el enterramiento de un tesoro prometido. En la novela también encontramos a Billy Bones (Merlín, Doctor Who), interpretado en la serie por un atlético Tom Hopper, ya que este es el contramaestre a quien Flynt entregará el mapa antes de morir. Motivo por el que, los que han leído la novela, conocían que Billy no había muerto cuando cayó al agua en la tormenta (ventajas de los lectores compulsivos).

Nassau ha sido un escenario recurrente en otras producciones cinematográficas. Desde el Help de Beatles, hasta la Operación Trueno de James Bond y su remake titulado “Nunca digas Nunca Jamás”. Repitió Bond en Casino Royale, y simula ser Grecia en la escena del océano de Solo para tus ojos.

La visión que el cine ha dado de esta novela navega desde el clásico mudo (1920) de Maurice Tourneur (padre del gran director Jacques Tourneur) donde Lon Chaney “el hombre de las mil caras” interpreta a Silver, pasando por una de las mejores versiones, la de Víctor Fleming (1934) con un inolvidable Wallace Beery caracterizado del pirata cojo, acompañado en el reparto de “monstruos” como Lionel Barrymore (tío abuelo de Drew, la niña de ET). En el año 1950, el director de “La Guerra de los Mundos”, Byron Haskin, le da una nueva visión a la aventura iniciática con Robert Newton como Long John, en la que quizá sea la mejor versión del clásico. Posteriormente crearía una secuela titulada “Las Aventuras de John Silver” repitiendo protagonista. Orson Welles intentó hacernos olvidar la interpretación de Newton, pero no lo consiguió en la película dirigida por John Hough en 1972. La televisión y el rostro de Charlton Heston, recuperaron al taimado pirata y Christian Bale (El Caballero Oscuro, American Psycho) como el personaje protagonista. Hasta la Rana Gustavo y Cía, tuvieron su momento de gloria remedando las páginas inmortales en “Los Teleñecos en la Isla del Tesoro”.

Las precuelas parecen haber dado suerte a la productora Starz, que ya consiguió el éxito con la precuela de Spartacus titulada “Dioses de la Arena”. No creemos que se atrevan a rodar después la continuación de esta historia de tesoros ocultos. Los espectadores y seguidores de la novela genésica, se rasgarían las vestiduras ante el concepto “explotaition” (sexo y violencia explícitos) de la cadena por cable, aunque camuflado bajo un diseño de producción de qualité.

 

El personaje de John Silver va creciendo desde un anodino y antipático; en los primeros capítulos; pícaro, hasta el actual manipulador. Consciente del poder de la astucia en ese sórdido mundo. La estrategia de Starz para esta serie, ha sido la unión de dos prometedores guionistas. Jonathan E. Steinberg, creador de las notables Human Target y Jericó. El otro asiento del tándem lo ocupa Robert Levine. A esto le añadieron el juego metaliterario de mezclar personajes conocidos por el espectador: Silver, Flynt o Billy Bones, para añadirles retazos históricos (Anne Bonny, Capitan Vane, etc).

Una vez mixturados con el número de pieles en exhibición (según cuota de la cadena) y de mandobles sangrientos ha dado como resultado un producto apreciable, con pequeñas aristas, pero prometedor y novedoso, con la firma de Michael Bay en las escenas. La serie sube como la espuma en el episodio quinto (dirigido por Mark Munden) y mantiene un nivel que en los primeros episodios, plenos de albaranes, cuentas y diálogos interminables, había fomentado la huida de algunos seguidores. También dentro del peculiar estilo de la cadena, encontramos la utilización racional de los cliffhanfgers, con objeto de dejar al espectador anhelando el siguiente capítulo.

 

Banda Sonora

Merece un capítulo aparte el soundtrack compuesto por el autor de obras como “Battlestar Galáctica”, el estadounidense Bear Mcreary. Pianista de formación clásica ha escrito las partituras de series como “Human Target” (en su primera temporada), The Walking Dead, la versión para TV de la saga de Diana Gabaldón “Outlanders”, “Da Vinci´s Demons” o “Terminator: The Sarah Connor Chronicles”. Sus estudios con Leonard Berstein, compositor de West SIde Story, le llevaron a reorquestar la partitura Kings of the Sun. El autor aportó a la serie instrumentos antiguos de su colección personal, obteniendo por casualidad mientras afinaba, ese chirrido desgarrador de la cabecera de la serie. La búsqueda de sonidos imperfectos, de una épica arcaica con sabor a salitre y la separación de los músicos en pequeños grupos para encontrar un ligero desfase armónico, desembocaron en esa perfección imperfecta que es la impronta de esta banda sonora.

La cabecera de la serie es otro de los detalles destacables. Siguiendo la mejor tradición de “intros” como el hipnótico trabajo de True Detective o la originalidad de “Turn. Espías de Washington”, la colaboración de los directores Dougherty Y Karin Fong con el Estudio Imaginary Forces, es un delicado trabajo de orfebrería visual.

Las referencias de las pequeñas esculturas; simulando bronce y alabastro; realizadas digitalmente, beben de diversas fuentes entre las que se encuentran influencias de escultores como Bernini o Rodin.  También se puede apreciar el ascendiente del gótico o el rococó, o incluso el arte de las tumbas en el siglo XIX. El trabajo del fotógrafo madrileño Pablo Genovés, sus arquitecturas fantásticas y espectrales de espacios nobles y singulares, flota sobre la abigarrada imaginería en un ejercicio totalmente lícito de apropiacionismo artístico.

 

Figuras de un clasicismo vocacional y una luminosidad latente, chocan frontalmente con conceptos medievales como la danza de la muerte representada en los esqueletos. Al fin y al cabo ¿que mejor compañera tenían aquellos renegados? Cualquiera de las pistas nos remite a grupos de bucaneros trasegándose barriles de ron o de grog, bebida creada por ellos (ron rebajado, azúcar, zumo de limón) para combatir el escorbuto. El uso recurrente del tambor, la gaita, la zanfona, la pandereta y la percusión obsesiva, transmiten un aliento épico, una época legendaria. Sublimando la mugre, las costras, los costurones sanguinolentos y la falta de higiene de la realidad cotidiana.

El Soundtrack contiene instantes de gran emoción poética como “Funeral at Sea”, una intensa melodía a base de cuerdas, que comienza con reminiscencias célticas y donde la percusión marca el camino hacia un epílogo preñado de melancolía.

The Parson´s Farewell es quizás la pieza más hermosa de la BSO. Una cadencia de aires renacentistas que va “in crescendo” apoyándose en cuerda pulsada (púa) para ascender en los acordes finales con una fuerza arrebatadora. De nuevo la zampona y la imitación de gaitas, marca de la casa.

También encontramos versiones de canciones tradicionales como la dinámica The Golden Vanity”, una delicia en la peculiar voz de Doug Lacy (ex miembro del grupo retirado Oingo Boingo, donde coincidió con Dany Elfman, el compositor de las películas de Tim Burton (Eduardo Manostijeras, Batman o la melodía de Los Simpson) ejerciendo como líder del grupo.

Basada en una melodía tradicional inglesa que en realidad se llama The Sweet Trinidad, evoca el sonido de una taberna portuaria, es una deliciosa pieza con acordeón, sabor a ron derramado y reyerta de garito filibustero. Fue grabada en 1976 en el álbum de Martin Simpson con baladas británicas y estadounidenses.  Narra la historia del capitán de un barco y un grumete. Ha sido versionada en multitud de ocasiones (Bob Dylan, Peter Seeger y la que quizás es la mejor versión de los setenteros Peter, Paul and Mary). Todavía parecen quedar muchos navíos por abordar y ron para aliviar la garganta en esta serie a la espera de su tercera temporada.

BSO

  1. Theme from Black Sails
  2. NassauShores (from “I.” and “VII.”)
  3. L’Urca De Lima (from “I.”)
  4. The Banner of Captain Flint (from “I.”)
  5. Captain Kidd (from “III.” & “VI.”)
  6. On the Beach (from “III.”)
  7. Wondrous Love (from “I.”)
  8. The Wrecks (from “I.” & “II.”)
  9. Silver Overboard (from “II.”)
  10. ANation of Thieves” (from “II.” & “VII.”)
  11. All Saints (from “III.” & “VIII.”)
  12. Black Sails Theme and Variations
  13. Streets of Nassau (from “II.”)
  14. The Andromache (from “V.” & “VI.”)
  15. Clamanda (from “II.”)
  16. Vane’s Visions (from “IV.” & “V.”)
  17. Funeral at Sea (from “III.,” “IV.” & “VI.”)
  18. The Parson’s Farewell (from “VII.”)
  19. Pieces of Eight (from “VIII.”)
  20. Black Sails Main Title
  21. The Golden Vanity (from “VIII.”)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.