DECORACIÓN VINTAGE: LA CASA CON EL FELPUDO MÁS CHULO DEL MUNDO

Por Joaquín Castro. Juez sustituto.

Muy buenas. Comencemos con una definición, la definición del término vintage:

Este es el término empleado para referirse a objetos o accesorios de calidad de cierta edad, pero que aún no pueden catalogarse como antigüedades. En la actualidad, el término se ha generalizado y se utiliza para designar cualquier cosa; instrumentos musicales, automóviles, libros o fotografías, y su uso aparece especialmente en moda y decoración. La palabra inglesa vintage proviene del anglo-normando vintage, y éste a su vez del francés antiguo vendage. Por su parte, vendage es una evolución de la palabra latina vindemia. La utilización de esta palabra por los bodegueros para referirse al vino de sus mejores cosechas ha hecho que su significado haya ido modificándose con el tiempo y designe en la actualidad todo producto antiguo de calidad. Es el equivalente a retro o clásico en castellano, o de crianza en terminología enológica. Este anglicismo se utiliza especialmente para referirse a moda y el diseño posteriores a 1900. Vintage es, en definitiva, un estilo de decoración. O, al menos, lo es hasta que uno conoce a The Cramps; en ese caso, el término vintage se amplía: vintage es un estilo de vida.

No lo doy por supuesto: puede que alguien no conozca a The Cramps. Así que ahí van unos pequeños apuntes:

The Cramps son un grupo clave en la historia del rock; fundado a inicios de los años setenta, supieron conjugar el primitivo rockabilly con la música de garaje más primitiva, basándose en un sonido muy personal, una conseguida mezcla de distorsión en la guitarra, ritmo con síncopa y la característica forma de cantar de su cantante. Todo, aderezado con una estética de película de serie B, sexo masoquista y glamour realmente cutre de Las Vegas.

The Cramps se formó cuando Lux Interior y Poison Ivy (Erick Purkhiser y Kristy Wallacese en el Registro Civil, o lo que tengan en Estados Unidos) conocieron en el marco incomparable de un curso de chamanismo en 1972. De inmediato congeniaron y, además formar un grupo, acabaron formando una de las parejas más duraderas del mundo del rock.

Y lo que es más importante para esta sección de decoración: fundaron un hogar.

Tras residir un breve periodo de tiempo en Nueva York, se trasladaron a LA, donde hicieron lo que supongo que hacen todas las parejas: trastear hasta encontrar el lugar ideal para su nidito de amor; y vaya si lo encontraron: la casa en la que se instalaron Lux Interior y Poison Ivy es una vivienda unifamiliar al lado de un cementerio. Lo que parece un chiste malo dentro de una secuela barata de “La Familia Adams”, en el caso de The Cramps es cierto: en una entrevista en 1992, dijeron que eligieron la casa por los vecinos. El cementerio, por cierto, es el Forest Lawn Memorial Park, en Hollywood, CA.

Y aquí es donde entra en juego el concepto vintage: en la casa de los Cramps, nada de nada es posterior a 1950, exacta y literalmente. Ni siquiera la pantalla de televisión, que como se puede observar en la fotografía que acompaña a este artículo es el legendario modelo fabricado por Philco de pantalla ovalada; la casa entera es un homenaje a la formica, y el triunfo del horror vacui y de los elementos decorativos socialmente descartados por ser considerados de mal gusto, como las cabezas de animales disecados, las esculturas de sirenas de yeso, o (y esto es cierto) arlequines mecánicos giratorios. Y las alfombras de dibujos geométricos mareantes en colores imposibles, casi olvido decir. La decoración de la vivienda es la expresión radical de una concepción vital, del vintage como modo de vida. Sirva como ejemplo, en la entrevista mencionada de 1992, Lux Interior no menciona su salón, sino que habla de su “boudoir meta-lunar”. Es el escenario de los tebeos de las Hermanas Gilda, o de los dibujos animados de The Jetsons (los Supersónicos, aquí en España).

Hace décadas que Lux Interior y Poison Ivy descartaron la realidad tal y como nosotros la conocemos, y decidieron vivir la suya, anclada en otra época, y no sólo por cuestiones estéticas: su casa es el escenario de un mundo, el mundo de sus canciones, donde se encuentran a las chicas que van por el mundo en bikini y con metralletas, a las moscas humanas, y a la gente mezquina, a los monstruos de las lagunas, y a los martinis que en vez de cubitos de hielo tienen ojos (“bikini girls with machine guns”, “human fly”, y “mean machine”, “the creature from the black leather lagoon”, y “eyeball in my Martini”, respectivamente). Nada de extrañar, máxime en un grupo cuyo concierto más famoso (13  de junio de 1978) fue celebrado en el California State Mental Hospital, en la localidad de Napa, CA, ante una audiencia formada en su totalidad por enfermos psiquiátricos.

La decoración vintage es, al fin y al cabo, una moda, un criterio estético más o menos en boga, algo que para la mayoría de los ciudadanos se reduce al final a la elección de un sillón de los hermanos Eames, o en el rescate de una radio de válvulas Phillips, irrecuperable para su uso pero muy bonita encima de un aparador. Para The Cramps, el vintage, en cambio, es una foto fija: no solamente quieren la decoración de otra época, quieren la época en sí. Y la parte más marciana, sucia, tórrida, oscura y atrayente de la misma, debo decir.

La casa de The Cramps, por cierto, tiene el felpudo más chulo del mundo. Es un felpudo blanco, en el que, en letras negras mayúsculas negras, se lee: “VETE DE AQUÍ”.

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