Los últimos días, o más de lo mismo

Por Irene G. Reguera.

Los hermanos Pastor proponen un nuevo film apocalíptico, tras su anterior largo, Infectados, también del mismo género. En este caso, una extraña epidemia se extiende por todo el planeta: una especie de agorafobia letal, denominada “el pánico” acosa a los seres humanos, e incapaces de salir al exterior,  se ven obligados a quedarse en sus casas, puestos de trabajo, o cualquier sitio cerrado. Marc, el protagonista (interpretado por Quim Gutierrez), se decide a abandonar la oficina que le ha servido de refugio desde que se vio afectado por “el pánico”, para buscar a su novia, emprendiendo un viaje por el subsuelo de Barcelona, acompañado por un misterioso José Coronado.

     Las interpretaciones son correctas, sin grandes lucimientos ni resbalones: Quim Gutiérrez, al que acostumbramos a ver en comedia, cumple con el drama, y convence con su aspecto de náufrago demacrado. Coronado, elegante hasta arrastrándose por las alcantarillas, tiene el papel más complejo y elaborado de la trama y se le ve cómodo en él. La película la llevan a hombros en el plano interpretativo básicamente ellos dos, porque Marta Etura tiene un papel pequeño y de escasa relevancia, salva su parte pero no será este el personaje de su vida, y Leticia  Dolera hace poco más que un cameo.

Fotograma de la película.

Fotograma de la película Los últimos días.

    Visualmente resulta muy potente, las imágenes de una Barcelona arrasada, vacía y desolada la convierten en un personaje relevante de la historia, y hay que reconocer este mérito. El hecho de que podamos visitar espacios emblemáticos, como el Arco del Triunfo o la Diagonal, ahora desiertos, abandonados, es un gran logro. Las localizaciones son realmente impresionantes, muy bien logrados los efectos, la fotografía… Técnicamente, nada que objetar.

Fotograma de la película Los últimos días.

Fotograma de la película Los últimos días.

    Sin embargo,le falta algo para ser mínimamente memorable. Da la sensación de que el esfuerzo por imitar a las grandes producciones hollywoodienses, el intento por no parecer española, es tan prioritario que se han olvidado de cimentar una historia más completa, de pulir diálogos, de alimentar el desarrollo de la trama. De esta forma, se convierte en un film más, y es una pena, porque la idea inicial era buena y relativamente novedosa, era un nuevo enfoque del fin del mundo tal como lo conocemos, pero pierde fuelle y en vez de brillar, se limita a repetir los gags, los momentos, de otras películas del género, de manera que parece que solo hemos visto un batiburrillo de escenas típicas de films apocalípticos (así como otras que entran con calzador, y justificadas a duras penas porque es “ciencia ficción”,  como la del oso), ensambladas con poca coherencia, eso si, entre efectos especiales que inflan el significante, dejando enclenque al significado.

Fotograma de la película Los últimos días.

Fotograma de la película Los últimos días.

     No se consigue, salvo en escasos momentos, generar en el espectador esa sensación de angustia y de claustrofobia que debería provocar el que los personajes no puedan salir al exterior; la atmósfera asfixiante debería ser palpable y apenas es deducible de las imágenes.

    Y si no logra transmitir bien ni siquiera estas emociones básicas, cuanto menos otras más complicadas, como el afán por sobrevivir, la desesperación que lleva inexorablemente al caos, la conversión en poco tiempo de una sociedad desarrollada en otra  donde impera solo la ley del más fuerte… no se transmite eficazmente el pavor hacia lo que ha llegado a ser el ser humano una vez desbaratada la estructura social, ni tampoco la esperanza más o menos socavada del superviviente. La poca fuerza del guión quita muchos puntos a la película, y el mensaje se queda “cogido por los pelos”: la reflexión sobre el modo de vida actual y lo alejado que está de nuestros inicios y de nuestra esencia humana es apenas superficial, la crítica social pasa desapercibida.

Fotograma de la película Los últimos días.

Fotograma de la película Los últimos días.

    En definitiva, habrá que dar a Los últimos días un aprobado, valorando que pese a la inconsistencia del guión y al empeño en convertirse en una imitación de americanadas precedentes, en vez de reivindicar su originalidad y sus propios caminos, cumple el noble objetivo de entretener. Es un film comercial que resultará bastante pasable para los que gusten del género, una película que no dejará una huella importante en ningún espectador, y que probablemente suscitará comentarios del tipo “¡pero si no parece española!”, que según para quién, será o no un cumplido.

 

IRENE G. REGUERA

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