El deporte golpeado por la tragedia

Por: Ana M. Badía

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El pasado lunes, dos bombas explotaron en la meta de la carrera urbana más antigua del mundo. Boston recordará la edición 117 de su maratón como aquella en la que el terror le robó el protagonismo a los cerca de 30,000 participantes que un año más recorrían el famoso trazado el tercer lunes de abril.
Desde el 11 de Septiembre, Estados Unidos no sufrían un ataque de estas características.

Tan solo un año después de la invención de la carrera en los Juegos Olímpicos de Atenas, nació el maratón de Boston, prueba que se viene celebrando desde entonces, hablamos de 1897, de manera ininterrumpida, siempre en el Día del Patriota, el tercer lunes de abril, y siempre con el mismo recorrido: 42,195 kilómetros lineales desde Hopkinton hasta Boylston Street en su confluencia con Copley Square.

Para Boston su maratón es mucho más que un evento deportivo para el disfrute de los ciudadanos y amantes del deporte, es un lugar donde superarse a uno mismo, en el que reivindicar derechos y exponer críticas.

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A lo largo de su historia, Boston ha visto como sus calles conseguían que una mujer participara y terminara por primera vez en la historia una prueba que tenía prohibida por “naturaleza”.  En la católica y tradicional capital de Nueva Inglaterra, las teorías fisiológico-masculinas que establecían que el organismo femenino no era capaz de correr en competición más allá de 3.000 metros, se derribaron cuando Katherine Switzer, activista feminista, terminó el trazado tras conseguir dorsal sin exponer su sexo y evitar que el director de la carrera le expulsara al reconocerla entre un grupo de participantes.

Boston dio un paso para terminar con la discriminación de las mujeres en el deporte, ya que  cinco años después de dicho acontecimiento, en 1984, los Juegos Olímpicos incluyeron el maratón femenino como una más de sus disciplinas.
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El pasado lunes, la ciudad se preparaba para disfrutar un año más de la carrera, pero dos explosiones en la línea de meta reavivaron el fantasma del terrorismo en un país que no sufría un atentado desde el 11 de Septiembre de 2001. El 15 de abril tres personas murieron y más de 170 resultaron heridas a causa de las bombas, que marcan un nuevo episodio en la historia negra del deporte.

Las bombas del maratón de Boston han servido para no olvidar que el deporte, a pesar de las estudiadas medidas de seguridad,  se vuelve vulnerable ante actos sin sentido. En la memoria quedan algunos de los ataques de terror vividos en otros eventos deportivos.

 

 

 “Septiembre Negro”

En 1972, las Olimpiadas de Múnich sufrieron uno de los más terribles ataques terroristas recordados por el mundo del deporte. 17 personas murieron en el secuestro del equipo olímpico israelí por parte del comando palestino “Septiembre Negro”, quien reclamaba la liberación de 232 prisioneros árabes.

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Aquel día todo falló en el control de la seguridad por parte de las autoridades alemanas, quienes no solo no pudieron evitar  la cogida de rehenes, sino tampoco su muerte tras horas de cautiverio.

Los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, también pusieron en entredicho su seguridad cuando la explosión de una bomba en el Parque del Centenario provocó la muerte de una mujer y dejó heridas a 111 personas.

 

 

Amenazas y bombas en el estadio

El mundo del fútbol también ha sufrido las amenazas de los terroristas en los últimos años. En 2002 y tan solo tres horas antes de las semifinales de la Champions League que enfrentaban a Real Madrid y Barcelona en el Santiago Bernabéu, la banda terrorista ETA detonó un coche bomba en las inmediaciones del estadio hiriendo a 17 personas.

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En 2010, durante el transcurso de la Copa de África, la selección de Togo sufrió  en Angola el asalto de las Fuerzas de Liberación del Estado de Cabinda/Posición Militar (FLEC), que aterrorizaron al equipo ametrallando el autobús en el que viajan. El conductor y dos miembros del equipo técnico  murieron en el ataque, en el que nueve jugadores resultaron heridos.

Ese mismo año en Irak un coche bomba y el cinturón de explosivos que un terrorista kamikaze detonó en pleno partido en Tal Afar, al norte de Bagdad, dejaron 25 muertos y una de las mayores matanzas que un estadio de fútbol ha vivido nunca.

 

 

Sri Lanka

El país asiático también ha sido víctima de varios ataques terroristas. En 2008, 13 personas murieron y 90 fueron heridas en un atentado suicida a la salida del maratón que forma parte de las celebraciones de año nuevo en el país. En 2009 seria el mundo del cricket el que quedó conmocionado tras la muerte de siete personas y las heridas de seis jugadores del combinado nacional de Sri Lanka tras un ataque terrorista con granadas en Lahore, Pakistán.

A pesar de la seguridad, ningún gran evento puede estar 100% cubierto, aunque las autoridades trabajen en ello día tras día.
En Boston, el mundo del deporte vio como su historia volvía a teñirse de negro.

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