Neymar llega al Barça

Por Francisco Espinosa

488Era diciembre en Barcelona cuando las ciudad se paró. Las once de la mañana de un día nublado y los bares que normalmente servían café empezaron a repartir birras. El Barça enfrentaba al Santos de Brasil por la final del mundial de clubes en Yokohama. Era 2011, el equipo de Pep Guardiola dio un repaso al mítico equipo brasileño que tuvo en sus filas a Pele. Para todo el mundo quedó una imagen de dominio absoluto y buen futbol, en especial a un joven del equipo santista que quedó anonado.

“Nos han dado una lección de cómo jugar al futbol”, declaró Neymar al finalizar el partido en el que no pudo hacer nada mientras veía como Messi y compañía dejaban el marcador 4-0. Fue un partido digno de los mejores estadios tradicionales de Europa, pero fue en Yokohama cuando el destino se le cruzó a la joven figura brasileña.

Durante mucho tiempo, la prensa madrileña puso a Neymar en la órbita del Real Madrid. Los reportajes sobre los goles de la estrella naciente y hasta de la canción que bailaba al anotar un gol se volvieron rutina diaria en las páginas de los periódicos o en los portales web. Las cualidades escurridizas del futbolista que ilusiona al país más ganador de mundiales en la historia, no se discuten. Sin embargo, se analizaba su estilo desenfrenado de ser, de su sangre latina se discutía. Aún así, con el porte de un chico de barrio y las calcetas hasta arriba de las rodillas, juega a la pelota como pocos en el mundo.

Neymar pasó de ser un jugador que pudiese aportar calidad en el campo a un efecto mediático que topó con los límites de la coherencia periodística. Justo cuando en Madrid estaban hartos de la nueva nota absurda del brasileño, el Barça entró al juego. Los papeles se intercambiaron. La prensa catalana tomó el mando de la idolatría precoz hacia una promesa que construía mas dribles que campeonatos. En Madrid, empezaron a sobresalir los defectos y la poca actitud responsable de Neymar y hasta se llegó a escribir que el jugador sería un fracaso en Europa sin siquiera verlo en acción.

La novela que han protagonizado Neymar y el Barça raya en los límites de lo absurdo. Declaraciones de todos lados aportaban un nuevo capítulo de una narrativa que no terminaba de convencer hasta al más ingenuo lector. El Santos aprovechó todo el ruido mediático y puso a su joya con un precio exorbitante. Con tan solo 21 años, su valor era cercano a los 50 millones de euros.

Las apariciones con Brasil han hecho que el “jogo bonito” haya regresado, no así el buen funcionamiento. En los juegos olímpicos, la selección verde-amarela llegaba con el cartel de favorita, que se amplió con el fracaso de España. Neymar era el estandarte de ese equipo que movía masas todo por ver al que decían era el futuro mejor jugador del mundo. Con la carga tan grande de no haber ganado nunca un oro en futbol, la selección de Brasil sucumbió en la final ante México y volvieron las críticas.

A un paso del verano Europeo, donde dinero va y viene intercambiando mercancía, el Santos anunció que había aceptado dos ofertas por su joya. El Barcelona y el Real Madrid tenían el visto bueno del club y dejaban todo en manos del jugador. Por un momento Madrid se llenó de ilusión esperando la respuesta de Neymar. Aún con las críticas, periodistas y aficionados se preparan para ver al juvenil futbolista que ha sacudido un mercado que aún no empieza. La prueba de jugar al máximo nivel está puesta para agosto, cuando Neymar salte a los campos europeos donde todo es más rápido que en Latinoamérica.

Con los dos clubes más importantes de España esperando por su decisión, Neymar recordó aquella tarde de Yokohama cuando el Barça le dio una lección de futbol y alabó a Messi. El joven desembarcará en can Barça listo para aprender otra lección mientras revitaliza al Barcelona. El mundo futbolístico ansía verlo en acción para poder alabarlo o acabarlo de criticar. Mientras, Neymar vuela a Barcelona, con el sueño cumplido de un chico que costó cerca de 50 millones de euros.
 

Sin Embargo

 

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