Jana Novotná, revolucionaria e inspiración checa para el mundo del tenis femenino

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Jana Novotná tiene tres medallas olímpicas bien guardadas en su casa. Fiel testigo de los cambios geográficos debido a la política, nació en un año movido en el mundo con reclamaciones estudiantiles que tuvieron origen en Paris. Creció bajo esos aires cambiantes que exigían igualdades sociales carentes en muchos sentidos. Su juego partió de eso que respiró. Como una manifestante pacífica, reclamó su lugar en la historia a base de mentalidad y talento.

 

Directa en su estilo, construyó un legado que le alcanzó para ser la 2 del mundo. Saque y Volea con una constancia de atleta profesional. Jana no era partidaria de largas conversaciones tenísticas entre rutinario peloteo. A los 18 años se convirtió en profesional con todas las credenciales necesarias para romper el circuito. Los noventa fueron el escenario donde constantemente se repitió su apellido. El juego de la checa revolucionaría al igual que sus formas.

 

Sensible como pocas, en 1993 no pudo contenerse y utilizó el hombro de la Duquesa de Kent para llorar desconsoladamente tras perder su primera final de Wimbledon ante la gran Stefi Graf. Jana había sorprendido al mundo con su juego. De pronto tenía dominada a la gran favorita. Fue la mentalidad la que le falló, traicionando sus nervios y perdiendo la concentración. La miembro de la monarquía la consoló diciéndole al oído que un día ganaría en ese césped sagrado.

 

 

jnFoto: EFE

 

Jana tenía una medalla de plata olímpica conseguida en Seul 88. Después vendrían las de bronce en Atlanta 96 en dobles e individual. Le costó cuatro años llegar a otra final en el All England Club. En 1998 se coronaría para beneplácito de todos los amantes del deporte blanco que veían en su figura a una jugadora distinta al resto. Fue en dobles donde encumbró su nombre al lado de varias tenistas entendiendo que al lado de Novotná ganarían. Fueron 12 títulos de Grand Slam.

 

Nombres como Helena Suková, Arantxa Sánchez Vicario y Lindsey Davenport se coronaron a su lado. Jana ayudó a que Martina Hingis se convirtiera en la número uno del mundo en las dos categorías. Sin necesidad de cosas extra cancha, acaparó portadas en 1993 cuando decidió casarse. Para sorpresa del mundo de aquella época, anunció su unión con su entrenadora Hana Mandlíková, una ex tenista profesional que se retiró a los 28 años de edad incapaz de superar su miedo mental a las lesiones.

 

En 1999 volvió a acaparar portadas por dos razones. Anunció su retiro de las canchas y su separación amorosa. Se fue encumbrada como alguien que dinamitó el deporte blanco con su mentalidad revolucionaria. De Europa del este, surgió un fervor por el tenis que hoy en día se puede ver en el tour de la WTA. Niñas que crecieron viéndola jugar, hoy son figuras de élite. En 2005, el reconocimiento que le faltaba llegó para ponerle justo cierre a su trayectoria. El Salón de la Fama del tenis le abrió sus puertas para hacerla miembro. Novotná ganó solo un Grand Slam, pero más importante aún, inspiró a futuras generaciones.
 

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Francisco Espinosa/ Sin Embargo

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