Leyendo el mundo con los pies: Vivir Coimbra o La Luz del Atlántico

Por Ruth Cereceda

Hace algo mas de un año tuve la oportunidad de vivir en Coimbra durante unos meses por cuestiones de trabajo. En un principio, pensaba que era una pena que el destino no pudiera ser Lisboa, ciudad que conozco bastante bien y que me encanta. Sin embargo, al poco de llegar, Coimbra desplegó ante mi un encanto, una luz y un color que la han situado en directa rivalidad con la capital portuguesa.

Vista de Coimbra de noche

Vista de Coimbra de noche

Se trata de una ciudad pequeña, de unos 150.000 habitantes, situada a medio camino entre Lisboa y Oporto, y atravesada por el río Mondego. Durante los meses de verano atrae bastante turismo europeo, pero aún así, la vida discurre tranquila y sin aglomeraciones. Otra cosa es el invierno: Coimbra posee una de las universidades más importantes de Portugal que, fundada en 1290, es además una de las más antiguas del mundo. Durante el curso escolar, la población universitaria, como ocurre en Salamanca o Bolonia, casi dobla a la de la ciudad. De la Universidad de Coimbra y de su Biblioteca Joannina os hablaré en otro artículo, porque se trata de una visita indispensable en la ciudad.

Pese a no tener aeropuerto propio, Coimbra no está mal comunicada. Tiene una estación de autobuses y tres estaciones de tren, la de cercanías, situada en el mismo casco viejo; la de trenes rápidos y la de larga distancia, situadas a las afueras. La conexión en tren con Lisboa es de unas dos horas.

Al no ser un lugar de costa, no suele haber problemas para encontrar alojamiento. Sin embargo, cuando llegamos dio la casualidad de que se celebraba una reunión europea de clubes de gimnasia rítmica, y todos los hostales estaban completos, por lo que nos quedamos unos días en el Hotel Avenida, situado a orillas del río, hasta que encontramos un piso en la zona de Celas, al otro lado de la ciudad y detrás de la universidad.

El hotel era barato y el personal agradable, pero la verdad es que es un sitio algo cutre. No es que estuviera sucio, pero estaba todo bastante viejo y mal mantenido. El apartamento, sin embargo, era un estudio moderno en un edificio diseñado para población estudiantil. Tenía todas las comodidades a un precio muy asequible (portero, wifi, lavandería, sala común con televisión y aparcamiento), y fue todo un acierto alquilarlo. En relación a esto, no sé si sabréis que los contratos de alquiler en Portugal suelen hacerse por varios años, por lo que a veces es complicado encontrar un sitio para unas semanas o unos meses, que no sea un apartamento de vacaciones (y, por supuesto, con un precio “de vacaciones”). Sin embargo, por esa misma razón, los propios estudiantes realquilan sus pisos durante los meses de verano, con lo que se ahorran el dinero del alquiler.

El casco antiguo de la ciudad, cuajado de restos medievales y de construcciones renacentistas, barrocas, noucentistas y modernistas, se organiza en torno a los edificios y patios de la universidad, que se encuentra en lo alto de una colina. Las calles son en su gran mayoría peatonales, estrechas y empedradas. En la zona alta, todas las callejuelas están en cuesta o tienen escaleras, mientras que en la parte baja, a orillas del Mondego, son mas amplias, aunque se siguen manteniendo el empedrado y las zonas peatonales en su gran mayoría. La belleza de sus calles y edificios, unido al tamaño mediano de la urbe, hace de la ciudad un lugar ideal para perderse paseando.

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Y me diréis: “Bueno, sí, y ¿que se puede hacer en Coimbra?”. Pues para empezar podéis visitar la parte baja, organizada en torno al jardín y Largo de Portagem, en el extremo del Puente de Sta. Catalina. Allí encontraréis varias terrazas en las que tomaros un café (bica, si es denso, corto y solo; o carioca, si es solo pero algo más aguado, tipo americano). Del Largo de Portagem hacia el norte sale la Rua Ferreira Borges, que es una de las calles comerciales, llena de tiendas y pastelarías, y que llega hasta la Iglesia de Santa Cruz, junto a la que encontramos el café del mismo nombre. El café de Santa Cruz fue fundado en 1923 y mantiene una fachada y decoración modernistas que llaman la atención. Pese a que en ocasiones parece haberse convertido en un sitio típico de turisteo, por la cantidad de gente y los precios algo más altos de lo habitual, es un sitio que merece la pena probar, especialmente cuando organizan conciertos gratuitos de fado que, en la temporada de verano, suele ser cada semana.

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Iglesia y café de Santa Cruz

A medio camino de la Rua Ferreira Borges hay unas escaleras que dan a una calle estrecha y empinada que te lleva al Arco de Almedina -donde se pueden visitar los restos de la muralla y el museo de la ciudad-; al Museo Machado y a Quebra Costas, una calleja pindia desde la que salen y entran multitud de callejuelas en las que hay pequeños bares y terrazas, tiendas, restaurantes y cantinas -lugares donde puedes comer una ensalada y un bocadillo, con una bebida y una pieza de fruta por unos 3€-.

Arco de Almedina y subida a Quebra Costas

Arco de Almedina y subida a Quebra Costas

La zona de Quebra Costas, que conecta la parte baja del casco histórico con la de la universidad, es un laberinto a descubrir por el que puedes perderte durante horas antes de saber por donde salir. Es también el lugar donde se sitúan los establecimientos culturales más alternativos de la ciudad: tiendas de música y diseño, moda, calzado y artesanía realizados por creadores jóvenes, con muchas ideas para renovar los motivos y formas tradicionales, con elegancia y sofisticación. El ambiente musical de la ciudad es muy animado, y es esta también una zona de conciertos, que se organizan al atardecer en las terrazas, y son gratuitos. Callejeando por aquí, muy cerca de la universidad, os encontraréis con las dos catedrales de la ciudad: la Sé Velha, edificio románico coronado por almenas y con decoración de influencia islámica, y la Sé Nova, con fachada y retablo barrocos.

Por otra parte, del Largo de Portagem hacia el sur encontraréis el Jardín Botánico de la ciudad, encargado por el marqués de Pombal hacia 1720 para que sirviera de laboratorio experimental a la universidad; y el acueducto de San Sebastián, que es una reconstrucción “moderna” (del siglo XVI) de una obra de origen romano que, supongo, conectaría los depósitos de agua del Mondego con la originaria Conímbriga -ciudadela romana situada a unos 15 km. de la actual Coimbra, que fue abandonada hacia el s. V en favor del emplazamiento actual-. También hacia el sur se encuentra el paseo nuevo del río Mondego, con el parque del mismo nombre; un lugar amplio con jardines y restaurantes con terrazas sobre el río, que se ha convertido en zona de esparcimiento muy popular entre los conimbricenses.

Los jardines son especialmente importantes y agradables en esta pequeña joya de ciudad. Destacan el Jardim da Manga, situado tras la iglesia de Santa Cruz, que tiene un templete renacentista en el que se encuentra la Fuente de la Vida; y el Parque de Santa Cruz-Jardim da Sereia, que comienza en uno de los extremos de la Plaza de la República, al final de una avenida arbolada cuajada de edificios modernistas, y denominada Jardim da Avenida da Sá Bandeira. En la Sereia hay una pequeña cafetería donde tomar un refresco o un café y un pastel disfrutando de la tranquilidad del parque y, en verano, proyectan cine al aire libre en una pantalla portátil y con sillas de tijera.

Al otro lado del río, cruzando el puente de Santa Catalina, se encuentran las ruinas románicas del convento de Santa Clara a Velha, abandonado a causa de las continuas inundaciones por las crecidas del Mondego, y la construcción barroca del convento de Santa Clara a Nova. Ambos merecen la pena, pero las ruinas románicas me parecieron espectaculares, sobre todo, porque hay construidas una serie de pasarelas a varias alturas que te permiten acercarte a ver detalles constructivos y decorativos, a los que normalmente no se alcanza.

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En esta orilla del río también se encuentra la Quinta das Lagrimas, una antigua residencia de lujo del siglo XVIII, hoy convertida en hotelazo-de-varias-estrellas, cuyos jardines pueden visitarse de forma gratuita. La finca recibe el nombre de la trágica historia de amor entre la joven noble gallega Doña Inés de Castro y el Infante Don Pedro de Portugal y, en los jardines, salpicados de árboles centenarios y ruinas neo-góticas, se encuentran la Fonte dos Amores y la Fonte das Lágrimas, de las que se tienen noticias de su existencia desde el siglo XIV.

Llegados a este punto se hace necesaria, para terminar, una referencia gastronómica: hoy voy a escoger los Pasteis (Pasteles) de Tentúgal, una delicia de dulce de huevo envuelta en un “paquete” de pasta tipo filo, que se confeccionan en el pueblo de Tentúgal (y originariamente en el Convento de Nuestra Señora del Carmelo, en Tentúgal), a unos 20 km de Coimbra y que, pese a no ser nada golosa, se convirtieron en el acompañamiento perfecto para el café galao (con leche, grande y en vaso) de mis desayunos conimbricenses.

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Me dejo muchas cosas en el tintero, como la zona de Adro de Baixo y Adro de Cima, la Rua dos Gatos y la iglesia de San Bartolomé, su plaza y su mercado, que también son ideales para el callejeo… Coimbra es uno de esos lugares que llaman “con encanto”. Para mi, el encanto se le puede encontrar casi a cualquier cosa, depende de cómo se mire. Sin embargo, sí es verdad que el aire tranquilo, la luz tan intensa, el calor, el olor vegetal de la noche y, en general, el ambiente que se respira, transmiten una serenidad, una belleza, una elegancia y una facilidad -creadas por sus gentes tranquilas y amistosas que, al llegar te hacen sentir bienvenido, y al marchar te cargan los bolsillos de saudade-, como no se encuentra a menudo en este mundo.

http://leyendoelmundoconlospies.wordpress.com/ | Octubre 2013

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