El imperio de Amazon

Por Sebastián González Mazas

600x600Jeff Bezos, líder supremo de amazon, ha sido noticia estas últimas semanas. En contra de lo que cabía esperar, el motivo de su liderazgo informativo no se debe a que piensa penalizar a sus trabajadores porque de vez en cuando necesiten dormir o comer. Esta vez el asunto es mucho más serio; En un plazo de cuatro años, Jeff Bezos planea llenar el espacio aéreo de pequeños aviones no tripulados que se encargarán de llevar los pedidos directamente a los domicilios de sus clientes. Con este revolucionario sistema, se pretende reducir los tiempos de espera desde que el cliente realiza su compra hasta que el producto llega a sus manos.

 

Jacinto Molina, sindicalista de postín, que lo mismo se encadena a la Giralda que te saquea un supermercado, no esconde su preocupación por las supuestas condiciones inhumanas a las que son sometidos los trabajadores de la filial española. Por eso, ni corto ni perezoso, decide dar un toque de atención al señor Bezos.

 

–       Jeff, amigo. He recibido informaciones de que te estás pasando por el forro la legislación laboral, y ni yo ni mi sindicato vamos a consentir ningún abuso con los trabajadores de tu empresa en España. Así que no andes jugando con fuego porque a la mínima te mando una inspección.

 

–       ¿Abuso? Me parece que te equivocas, Jacinto. Yo a mis trabajadores los trato como si fueran mis hijos. No sé quién te habrá contado semejantes calumnias-

 

Jacinto, que no se fía para nada de las palabras del norteamericano, aumenta el tono de sus amenazas. No tiene miedo y está dispuesto a llegar a las últimas consecuencias con tal de defender los derechos de los trabajadores.

 

–       ¿Cómo tienes el ácido úrico?- pregunta Jeff, mientras saca punta a su látigo

 

–       Que yo sepa, bien. Mis últimos análisis decían que todo estaba en orden- responde Jacinto, que no sabe a cuento de que viene la pregunta.

 

–       pues mañana te invito a una mariscada como Dios manda, Jacinto. Y no admito un no por respuesta.

 

Quince mariscadas después, Jacinto se convirtió en secretario general de su sindicato. Amazon respiraba. A ningún insensato más se le ocurrió volver a cuestionar las prácticas empresariales del señor Bezos.

 

 

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