Arrozales: tradición milenaria, productividad y ecosistemas únicos

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EFE. Los extensos campos de arroz que existen en España se asientan sobre tradiciones milenarias, tienen una muy elevada productividad que ha sido económicamente rentabilizada durante siglos, y se han convertido en el ecosistema perfecto para miles de aves.

Son uno de los mejores ejemplos para comprender el significado de la red europea Natura 2000, ya que la rica biodiversidad que existe sobre esos terrenos no se entendería sin la actividad humana y agrícola.

Y es que España cuenta, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, con más de 100.000 hectáreas de arrozales, un cereal que se cultiva en hasta diez comunidades autónomas, aunque las mayores extensiones se concentran en Andalucía, Cataluña, Extremadura, Comunidad Valenciana y Aragón.

Pero además de por haberse convertido en ecosistemas muy especiales y con unas características únicas, el arroz es uno de los productos más protegidos del mundo por su importancia estratégica, ya que es la base de la alimentación de cerca de la mitad de la población mundial.

Más de 100.000 hectáreas de arroz en España

En Europa, la Política Agraria Común (PAC) prevé ayudas para la producción de arroz, pero de forma prioritaria para la producción sostenible de este cereal en el marco de las ayudas agroambientales, con el fin de contribuir a la mejor conservación de estos valiosos humedales, la mayor parte de los cuales está ya incluido en la red Natura 2000.

Uno de los más populares es La Albufera de Valencia, que además de Parque Natural está catalogado como Zona de Especial Protección para las Aves y como Lugar de Importancia Comunitaria dentro de Natura 2000.

Aunque el punto más popular y visitado de este espacio es la laguna central, ese lago principal está prácticamente rodeado por inmensos campos de arroz que han propiciado el arraigo de usos y costumbres ancestrales que han determinado el uso de aperos, de una indumentaria y hasta una arquitectura característica de la zona.

La información registrada ante la Unión Europea revela la trascendencia de conservar este espacio, por la importancia que tiene para la conservación de numerosas aves acuáticas y por contener además varios endemismos vegetales.

Entre esas aves destacan las colonias de garzas (más de 4.000 parejas) y las larolimícolas (unas 3.000 parejas), además de la masiva invernada anual de numerosas anátidas, que algunos años ha superado los 70.000 ejemplares.

Son, los humedales, una de las piezas clave del conglomerado de espacios de la Red Natura 2000, y entre ellos muchos de los que han sido creados o moldeados por el hombre a lo largo de los siglos, como los embalses o los azudes, y la importancia de los campos de arroz en ese sentido ha quedado patente en numerosos estudios e informes.

Uno realizado por la Generalitat Valencia y la Oficina de Gestión Técnica del Parque Natural de La Albufera ya puso de manifiesto la relevancia del cultivo de este cereal para este espacio, y constató que los campos de arroz juegan un importante papel en los procesos de descontaminación natural al actuar como “filtros biológicos” y mejorar así la calidad de las aguas superficiales.

Incide este estudio en la importancia de que todos los esfuerzos que se hagan para garantizar el futuro de este humedal se centren en hacer compatibles las actividades económicas ligadas al cultivo del arroz con la conservación de la valiosa biodiversidad que existe y con la preservación del este característico paisaje.

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La alimentación de algunas aves depende casi exclusivamente del arrozal

Además, y debido a la capacidad limitada que presentan los ambientes naturales del parque natural de producir alimento, la inundación prolongada de los campos de arroz favorece el crecimiento de una importante comunidad de invertebrados (insectos o crustáceos) que constituyen la base de la cadena trófica del parque, y algunas especies, como las garzas o las gaviotas, dependen casi exclusivamente de los arrozales para obtener alimento.

Otro de los mejores ejemplos para comprender esa compatibilidad se localiza en el Delta del Ebro, donde se encuentra la Reserva Natural de Riet Vell, un espacio donde se está cultivando arroz ecológico, pero que además se ha convertido en un motor de desarrollo local gracias al turismo ornitológico y al atractivo de las numerosas aves que nidifican y se reproducen en este lugar.

Como en La Albufera o en el Delta del Ebro, los campos de arroz de las Vegas Altas del Guadiana -en Extremadura-, o las extensiones de arrozales de Andalucía y Aragón son un enjambre de biodiversidad y un hervidero de aves, lo que ha contribuido a multiplicar la funcionalidad de esas explotaciones y a diversificar sus oportunidades, ya que tras esa biodiversidad y esas aves están los aficionados al turismo de naturaleza y los ornitólogos interesados en contemplar y fotografiar esos paisajes y esos recursos.

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