Así nos afecta viajar en avión

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La altura significativa del avión contribuye a que la sangre de un cuerpo absorba menos oxígeno, provocando sensaciones de fatiga y sueño.

 

Actualmente, recorrer el mundo es una actividad ciertamente sencilla. Basta con ahorrar lo suficiente para un boleto de avión para alcanzar el destino deseado. Lo que nos permite planear e imaginar toda una serie de sucesos para nuestro goce y aprendizaje. No obstante, a veces suceden eventos que “nos cambian la jugada” de nuestro itinerario. Como por ejemplo, los efectos fisiológicos de un vuelo en avión:

La alteración del sentido del gusto durante un vuelo. De acuerdo con un estudio en 2010, este tipo de transporte puede evaporar la mucosa nasal, inutilizando a las membranas encargadas de detectar los sentidos de la comida y del gusto. Inclusive las percepciones de lo dulce y lo salado disminuyen hasta un 30 por ciento cuando nos encontramos a una altura considerable.

La sangre oxigenada  se ralentiza, causando somnolencia y cansancio. La altura significativa del avión contribuye a que la sangre de un cuerpo absorba menos oxígeno, provocando sensaciones de fatiga y sueño.

La sangre se acumula en las piernas y los pies. El objetivo es lograr que la sangre fluya de las piernas al corazón, flexionando los pies, extendiendo las piernas, contrayendo los oblicuos.

El gas en los intestinos se expande, sintiendo la urgencia de sacarlo del interior. Sino, es probable que este gas pueda producir dolor o llegue a afectar a los oídos a la hora de arribar.

Tu cerebro tarda en adaptarse al cambio de horario (el famoso jet lag).

La piel se deshidrata. Para reducir este efecto, existen bálsamos y lociones que ayudan a recuperar la complexión hidratada. 

Dada la deshidratación, tu cuerpo requiere de mantener los niveles apropiados de líquidos. Como por ejemplo, jugo de jitomate.

 

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