Había un viejo cuervo en Filadelfia

 

Por Antonio Costa

   Creo que era al atardecer. Solo la vi por fuera. Era una casa adusta y simple en el norte de Filadelfia. En el jardín se veía una escultura representando “El cuervo”. La casa era silenciosa y las ventanas cerradas. Fui andando hasta allí y el barrio estaba bastante callado cerca del río Delaware.

   Cuando Poe se instaló allí, al volver a Filadelfia en 1843, aquello era el barrio cuáquero. Estaban por allí esos creyentes entusiastas y ácratas que se ponen a temblar cuando reciben el Espíritu. Tal vez algo de eso sentía Poe, al conectar con el misterio.

   Todavía no había publicado “El cuervo”, pero seguro que ya lo llevaba en la cabeza. Su editor Griswold, cicatero y envidioso, que después de morir Poe lo llenaría de insidias, se negaría a publicarlo. Luego lo publicó un diario de Nueva York y toda América se estremeció. Se hizo popular de la noche a la mañana.

   Después dio unas explicaciones absurdas que no son más que chorradas, según él escribió el poema de manera totalmente calculada, como si resolviera un problema matemático. Negando toda inspiración. Pero eso no se lo creía ni él. Si el poema hubiera sido escrito de manera tan mecánica y muerta sería mecánico y muerto, no tendría esa vitalidad y esa seducción misteriosa que tiene. Poe experimentó una inspiración profunda, como la pitonisa de Delfos, porque el poema está lleno de soplo y de aliento.

   Y no es mala mi comparación. Porque precisamente el poema nos habla terroríficamente del Destino, de lo inevitable. De las profundidades oscuras en las que no podemos intervenir. No hay nada más terrorífico que esa frase repetida como una obsesión: Nunca más. Como si la propia vida hablase como una sonámbula. El cuervo es la noche y es la fatalidad. El cuervo es aquello que no podemos comprender y que no podemos superar. Y es inútil discutir con él. Según Robert Graves o Shakespeare representaría a las diosas oscuras, a los impulsos terribles.

   Su prima Virginia había muerto y no la vería nunca más. Y el cuervo le repetía : Nunca más. Es la infinitud del olvido y de la incomprensión. Es la soledad radical y la orfandad absoluta. Es el sentirse solo y abandonado para siempre. Precisamente en esa casa de la calle 7 había vivido Poe con su amada y con su suegra. La suegra lo tenía todo impolutamente limpio. Quería con tanta limpieza alejar la tuberculosis de Virginia. Poe a duras penas podía pagar el alquiler.

   Ahora hay centros que organizan visitas fantasmales en Filadelfia e incluyen la casa de Poe. Una vez incluso escenificaron fragmentos de sus obras en el sótano. Otra vez fueron unos Cazafantasmas a captar manifestaciones raras en la casa. Algunos dicen que vaga por allí su fantasma. En realidad en la casa no hay ningún objeto de Poe, ni nada de aquella época. Si queda algo son los espíritus en medio de las paredes ásperas. Si queda algo queda el silencio.

   En el sótano de aquella casa se inspiró para escribir “El gato negro”. Empieza diciendo que nadie le creerá y que no le importa nada. Porque el siempre habla de lo increíble y de lo inquietante. Lo que ocurre es que paralelamente desarrolló un espíritu analítico que pretendía explicarlo todo racionalmente. Y entonces sus intuiciones se escapan. Por mucho que dijera que la intuición es un razonamiento inconsciente. Eso es tanto como negar la intuición. Y lo siento pero esos relatos en que se adelanta a la novela policial, tan celebrados, llenos de deducciones, me aburren mortalmente. Igual que me aburre la novela policial tan en boga. Todo aquello fascinante que soñó no cabe en sus definiciones exactas. El se escapa de su propia cárcel.

   Yo me alojaba en el hotel Latham con edredones rojos mortales y cuando regresé al anochecer me sentí bastante oscurecido. Me fui al bar Noir de estilo europeo decorado con madera negra para sentir un ambiente bohemio y seguir pensando en poemas. Y al día siguiente me fui caminando como un vagabundo hacia la estación de ferrocarril cruzando el río Schuykill de agua fantástica al amanecer. Y pensé en el cuervo al que Poe dijo que se marchara de la estatua de Palas (la sabiduría racional) , pero le respondió que de eso nada, y se quedó allí como representante de la noche plutónica y la tormenta , negando toda sabiduría simplista, mensajero de la noche como los ciegos de Sábato, y diciendo : Nunca más.

 

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