El Antiguo Régimen y la Revolución, de Alexis de Tocqueville. Reseña.

Uno espera de los clásicos una visión nueva, inédita, del presente. Este libro de Alexis de Tocqueville no defrauda, creo, esta esperanza.
El estudio del Antiguo Régimen y la Revolución desencadenada en Francia en el verano de 1789 destaca, sobre todo, por su interpretación de la Historia. Rigurosamente documentado en archivos de la época y apoyado en la propia experiencia del autor, de orígenes aristocráticos, que vivió en primera persona alguno de los hechos que analiza e interpreta, este libro es valioso, en mi opinión, por la luz que arroja sobre los procesos de cambio y permanencia en las sociedades humanas.

guillotina revolucion francesa
Parte de una descripción del Antiguo Régimen en la Francia del siglo XVIII: los grupos sociales, la Monarquía, los órganos e instrumentos del gobierno, las instituciones, los valores dominantes. La idea central, no explicitada como tal, es que la Revolución Francesa fue prefigurándose, anticipándose a sí misma, en las décadas inmediatas que la precedieron. En otras palabras: el estallido del verano de 1789 sólo vino a confirmar un movimiento de crisis, el mar de fondo que ya venía gestándose desde, al menos, el reinado de Luis XIV.
Nada hay nuevo bajo el sol. La enseñanza podría extrapolarse al momento presente, y formularse en unas pocas observaciones sencillas: Toda Revolución no es, en el fondo, más que el acceso al poder de quien ya lo tiene de hecho. En el caso de Francia, los grupos y las ideas que habían ido surgiendo de las incoherencias del Antiguo Régimen en el seno de sus propias prácticas e instituciones, fundamentalmente a lo largo del siglo XVIII, hasta imprimir su dirección y su sentido a los acontecimientos, mucho antes de que la Revolución estallara formalmente. En nuestro caso presente (tómese como hipótesis), podría aventurarse que dentro o en los alrededores de nuestras instituciones políticas actuales (el Estado Parlamentario de Partidos), ya están, desde hace años, los grupos y las ideas que han de tomar el poder. Frente a la ilusión de la izquierda, de la revolución como ruptura y aceleración de la Historia, la interpretación de Tocqueville parece describir la Revolución como sanción formal, ciertamente traumática, de un poder y una práctica que ya existen de hecho. El poder político sólo se deja tomar desde sí mismo.

toma wall street
Un día, se me ocurría leyendo el libro, ya no reconoceremos el Estado en que vivimos: se habrá producido una revolución silenciosa. Y nosotros la habremos sancionado sin darnos cuenta. Quienes antes mandaban de hecho, ahora mandarán también de derecho. El lugar de los actuales “políticos corruptos” lo ocuparán los tecnócratas y los lobistas de las multinacionales, que ya están ahí desde hace décadas. Vendrán –y esta es, creo, una de las grandes enseñanzas de este libro de Tocqueville- porque ya están ahí.
En el verano de 1789 había demasiados grupos y proyectos políticos en Francia. Por eso el cambio no pudo ser pacífico, progresivo, silencioso. No se pudo invitar a Luis XVI a convertirse sin más en Rey Constitucional. Había demasiado en juego. Demasiadas tensiones. Quienes ya tenían el poder de hecho, tuvieron que enfrentarse también entre sí para conseguirlo de Derecho. De los resultados puntuales de esa lucha surgieron las distintas fases de la Revolución Francesa, hasta que ésta fue finalmente sancionada y enterrada por la Dictadura de Napoleón Bonaparte.
¿Cómo ocurrirá hoy? Nadie lo sabe. De momento, el Estado Parlamentario de Partidos se deshace “dulcemente”, de forma progresiva y relativamente discreta. Los nuevos partidos y movimientos que reclaman una refundación de la Democracia podrían amenazar con interrumpir este interludio idílico, este paso pacífico “consensuado” de la democracia representativa a la pujante burocracia de los técnicos. En este caso, quienes ya tienen el poder de hecho podrían ver amenazadas sus expectativas de conseguirlo también de Derecho, y reaccionar de forma violenta, “revolucionaria”. Nadie lo sabe.

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Lo que sí parece claro es que nada volverá a ser como antes. En esto, creo yo, la Francia del verano de 1789 recuerda a la Europa del verano de 2015. El libro de Tocqueville tiene hoy acaso, una rara actualidad, un aire de nostalgia anticipada.

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