PASEANDO EN CAMELOT, POR ANTONIO COSTA GÓMEZ

Castillo de Coca, España, 

PASEANDO EN CAMELOT, POR ANTONIO COSTA GÓMEZ
En el castillo de Coca, en Castilla, se rodó en 1967 la película “Camelot” de Joshua Logan, con Richard Harris y Vanessa Redgrave. Fue mi primera visión de la fortaleza del rey Arturo y de los amores de Lancelot con la reina Ginebra. Los americanos dan una anacrónica visión pacifista y democrática del rey como un superador del feudalismo. Pero yo de niño no me fijaba en esas cosas.
Es un castillo de ladrillos con torrecillas que flotan. Con aberturas en forma de cruz sobre un círculo que pueden tener algún significado esotérico. Con ritmos musicales de líneas y arquerías. Con falsos apoyos como las catedrales cistercienses.
El foso es de una potencia que abruma. Parece que se puede meter en él un mar que separe de todo al castillo. Como si entre el castillo y el mundo cupiesen barcos y lejanías y aventuras. Como si el castillo fuese una isla que crease otra realidad.
Las salas se afilan hacia la luz. Las aberturas abocinadas conducen hacia la luz destilada como un milagro. Parece un prodigio el exterior visto desde esas ventanas íntimas. Incluso la capilla con el altar en el ángulo parece clavarse en el espacio.
Me acuerdo de cuando el rey Arturo aparecía con un ramo de flores y decía que alguien tendría que cogerlas. Richard Harris estaba muy convincente y Vanessa Redgrave parecía única para hacer de reina Ginebra.
Tenía gracia convertir un castillo en el páramo castellano en el castillo céltico del rey Arturo. Aunque la mayoría de los decorados de interiores se hicieron en el propio Hollywood en cartón piedra. Y a veces se nota.
Por la Puerta de la Villa se entra en el pueblo de casas bajas. Por eso destaca la verticalidad de la torre de San Nicolás. La calle Canongia lleva hasta ella. Hay que torcer a la derecha para llegar al ayuntamiento y la iglesia de Santa María con sus fuertes gabletes y su linterna vaporosa. Por la calle Hontanilla tapada con árboles desnudos se sale otra vez de la villa.
Coca era una metrópoli celtíbera antes de Cristo y por eso se enfrentó con fuerza a los romanos. Y luego lo siguió siendo. Pienso en Teodosio soñando con ser emperador romano. Y consiguiéndolo al fin. Y levantando monumentos en Constantinopla.
Es un castillo compacto y fuerte. Pero el ladrillo y el color rosado le dan un toque irreal, fantástico. Parece que fuera un castillo pintado. O una ocurrencia del atardecer en mitad de la llanura.
Es fácil ver allí la pasión secreta entre Lancelot y Ginebra. Las caras que ponían Vanessa Redgrave y Franco Nero. El sueño de un mundo mágico bajo un rey que los amansara a todos. Y que les diera ilusión a todos.
Y al cabo todo es imaginación, todo es memoria. Lo que ocurrió realmente no importa, o quien lo sabe. Pero nuestra memoria lo destila todo. Ya lo decía Alain Resnais en “El año pasado en Mariembad”. Aquel castillo alemán donde rodaron la película podía parecer Mariembad y el castillo de Coca puede ser un castillo celta en Gran Bretaña.
Hay que comer un contundente asado castellano. Ir a uno de los restaurantes recios entre las sombras del pueblo. Y entonces el estómago sueña.
Jaime Gil de Biedma escribió: “Creo que quiero tanto al castillo de Coca que si pudiera me acostaba con él. Cuando lo recorro siento algo sensual”. Es verdad, es un castillo potente, pero también tiene algo de mórbido y de vicioso. Algo de fantasía sexual. Las arquerías decorativas. Las filas verticales de ladrillos. Las garitas en forma de boca abierta.
El río Eresma viene de Segovia y se dirige hacia Tordesillas. Contribuye a hacer sensual ese paraje llano y azotado por el Sol. Y el castillo en ciertos momentos parece flotar en la luz. Parece vibrar en una película.
Sí, Ginebra te lo pasaste bien en tus días, susurra uno al avanzar por los pasillos sombríos. Aunque luego tuviste un conflicto desgarrador. Y tuviste tragedia. Pero la vida te dio su magia. Y tú se la diste al mundo.

FOTO: CONSUELO DE ARCO

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