Historias para no dormir. Un acercamiento al mundo de Poe


Algún investigador debería plantearse el estudio del impacto que tuvieron las adaptaciones de Poe; realizadas por Chicho Ibáñez Serrador; para la aproximación al relato escrito en ingles en España. La televisión se convirtió en guía de entrada del relato angloamericano, con series como The Twilight Zone, quizás la mejor serie de la historia en el terreno de lo fantástico), The Outer Limits o Night Gallery. Todas ellas gozaban de un presupuesto mucho más amplio que las obras de Chicho, pero el talento de los actores patrios estaba a la altura sin dudas. Chicho trabajó con precariedad de medios, pero con una imaginación y entusiasmo desbordantes. Hasta ese instante las referencias que se tenían en aquella grisura cultural a que nos habían condenado, eran las escasas referencias de series extranjeras. Chicho aportó su imaginería, su creatividad sin límites y su juventud arrolladora. Sus ideas estaban claramente influidas por una televisión, ajena al Régimen que sobrevolaba aún la cultura española.

 

Los cuarenta y cuatro episodios de “Historias para no dormir” hoy forman parte del imaginario colectivo de una época. Aquella noche de los viernes, era una cita ineludible para los amantes del misterio y de la literatura. Primaba la técnica teatral (a diferencia de las citadas series americanas), pero el lenguaje se fue enriqueciendo, apoyado en la calidad de unos actores que nos hacían olvidar los decorados de cartón-piedra. Las creaciones de Mingote, utilizadas como fondos, denotan la  genialidad y el soplo de aire fresco que aquellos pioneros iban a traer a un mundo con escaso contacto con el exterior. Narciso Ibáñez iba a tender un puente entre varias culturas. Llegaba con la experiencia de series como Mañana puede ser verdad, una de las escasas series de terror en la televisión argentina. La original era casi un proyecto familiar. Cuando Chicho actuaba, Ibáñez Menta dirigía. Y viceversa.

 

Aquí encontró más medios y el apoyo del director de TVE (José Luís Colina), que tras ver el episodio piloto, confió en el recién llegado. Aquí ya podían verse autores como Ray Bradbury o Robert Louis Stevenson (Dr. Jekyll), aquí retitulado “El hombre y la bestia). Pero fue su adaptación de la obra de Poe “El Corazón Delator” (El último reloj), magníficamente interpretada por Ibáñez Menta, la que le permitiría crear las obras más notorias del fantástico televisivo.

 

Chicho adoptó la costumbre de otros dos grandes: Hitchcock y Rod Serling. Sus presentaciones antes de cada episodio eran un compendio de humor negro y sabiduría que suponía una parte irremplazable de cada episodio. La reunión de tres culturas: el teatro argentino, el gótico norteamericano y la paupérrima TVE, dio como resultado un crisol de episodios inolvidables. La literatura inglesa se introducía en los grises hogares a través de la magia de la televisión, convirtiendo la  pantalla en un medio para la recreación de los potentes relatos del malogrado autor de Boston. Historias como “El Barril de amontillado”, aquí retitulada “El Tonel”, “El extraño caso de Mr. Valdemar”, bautizada como “El pacto” o “El último reloj”; adaptación de “El corazón delator”, forman parte de las vivencias de una generación que conoció al depresivo y genial escritor norteamericano a través de la pequeña pantalla. El episodio de “El Cuervo” es un ejemplo de maestría narrativa, donde la biografía de Poe, encarnada por Rafael Navarro, plasma con genio creativo la vida atormentada e incomprendida del malogrado escritor. Dieciséis años después, los mismos actores protagonizarían el remake de “El caso del Señor Valdemar”. Sería el canto de cisne de un realizador que nos ofreció atmósferas insanas, vericuetos de la mente nunca transitados en este país. Que nos hizo, en definitiva, un poco más humanos.