¿Sabías que…? Emile Zola, Catherine Hessling e Irma la Dulce.

Por Helena Psijalis

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Cuando Emile Zola escribió la atrevida Naná en 1878 en desde luego no se imaginaba una versión cinematográfica, y mucho menos tan diferente, “modernizada” estéticamente en comparación con la obra original.

Por otra parte, era bastante habitual en los filmes de principio de siglo que se adaptaran obras anteriores a tiempos modernos: es el ejemplo de La Caja de Pandora de Pabst (Pandora’s Box, 1929): bebe del original de Wedekind y del victoriano Jack el Destripador pero que está ubicado en un marco claramente perteneciente a los años 20.

Una Venus con aires “vamp”

 

En la versión cinematográfica muda de Jean Renoir (fechada en 1926) hace aparición Catherine Hessling, entonces su esposa, y considerada una actriz llamativa pero algo limitada en sus actuaciones.

Al contrario que la mujer que se describe en la novela, una corista rubicunda y carnosa cual Venus surgiendo de las aguas y adaptada al canon del s. XIX; Hessling da vida  a una Naná de cabellos oscuros y aspecto mórbido, muy maquillada a la moda de los años 20 y más destructiva que bonachona: personificando la auténtica vampiresa de la década. Su vestuario es muy elaborado, parisienne y se aleja bastante de la Nana de la novela, que apenas aparecía cubierta por batas ligeras; curiosamente recuerda mucho más a una película muy posterior: Irma la Dulce (Irma la Douce, 1963).

Cuentan que al final de su vida, los amigos de Renoir proyectaban películas para él, y al ver de nuevo Naná se lamentaba: “Catherine, Catherine…¿por qué te habré dejado ir…?” lo cual no pareció hacerle mucha gracia a su última esposa, Dido Freire.

 

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