«Las buenas noches», de Isaac Rosa
Posted on 30 marzo, 2026 By José Luis Muñoz Creación, Dársena, Letras, Reseñas
CARLOS MANZANO
No sabría explicar muy bien de qué va exactamente la novela Las buenas noches, de Isaac Rosa, publicada en 2025 por Seix Barral. Desde luego, no va de una pareja que necesita encontrarse de vez en cuando para poder conciliar el sueño, o no va solamente de eso, o cuando menos diría que no va principalmente de eso. Que esa sea la línea argumental que vertebra la narración no significa que también constituya el elemento distintivo de la novela, lo que justifica su existencia. Porque en Las buenas noches, más que la historia como tal (que la hay, sin duda), destacan las reflexiones que la mente de un insomne puede llegar a elaborar, las diversas elucubraciones y fantasías que pueden llegar a surgir acerca de todo aquello que rodea su vida y la de los demás y que, ante la imposibilidad de enlazar unas pocas horas de sueño seguidas, azuzan su mente en las largas horas de vigilia. Y creo que es ahí precisamente donde la novela cobra verdadero sentido y trasciende su trama argumental (un argumento, por otra parte, bastante inverosímil, y que por tanto deviene más bien un subterfugio, un pretexto para construir sobre él todo lo que verdaderamente confiere entidad al libro).
En este sentido, la novela adopta a menudo la forma de ensayo libre, o de libro de reflexiones, da lo mismo, acerca del hecho de dormir, de lo que implica ese hábito universalmente instaurado, más allá de sus motivaciones biológicas. Son algunos de estos capítulos los que, a mi criterio, presentan un nivel literario más elevado, más sesudo también, y más dinámico. ¿Qué significa dormir como un bebé? ¿Qué implica una frase como esa? Vivir la vida, sin más, quizá no sea el mejor remedio para conciliar el sueño; puede que sea más bien al contrario: la vida nos quita el sueño. ¿Es posible dormir sin preocupaciones? El protagonista, cuyo nombre se nos oculta, va escribiendo por prescripción facultativa un diario del sueño, donde anota todos aquellos pensamientos que vienen a él ―tengan o no que ver con el sueño―, incluyendo datos como las horas efectivamente dormidas y los estimulantes ingeridos a lo largo del día. Pero la mente humana es como un líquido que fluye, que no se detiene, que siempre está activo, y por ello las anotaciones acaban derivando en una mirada entre racional y alienada que rebusca en la memoria y asume cualquier pretexto para sobrellevar el tiempo, hasta convertir el diario en algo así como una recopilación de lo que somos, de todo lo que nos limita o nos inspira, o dicho de otro modo, termina convertido en una especie de novela-mundo, porque en cierto sentido la obligatoriedad de dormir es tan perentoria como la exigencia de vivir, ya que aunque no todos podamos dormir a pierna suelta, todos sin duda estamos obligados a vivir con mayor o menor intensidad nuestras vidas respectivas.
La historia de los amantes nocturnos (uso el sustantivo ‘amantes’ aunque se limiten a dormir juntos), más allá de su inverosimilitud, o de su alejamiento de parámetros digamos cercanos a la credibilidad extraliteraria, está contada siempre desde la perspectiva del personaje masculino: es su voz la que nos sitúa ante las circunstancias que rodean a ambos personajes. Pero más allá de las diferentes fases que atraviesa la relación somnífera, que no son tantas, Rosa se sirve de ella para indagar como quien no quiere la cosa en temas como la culpa, la responsabilidad, incluso la verdadera dimensión de las relaciones de pareja, el significado de la fidelidad, la complicidad dentro y fuera del ámbito familiar, la complejidad de las emociones humanas, etcétera, temas todos ellos presentes en la literatura desde la pujanza del romanticismo, allá en el siglo XIX, e inherentes por tanto a nuestra definición de lo humano (de lo que se entiende por humanidad, de lo que nos hace humanos). Que de eso habla, a mi entender (y de muchas otras cosas), esta más que interesante novela de Isaac Rosa, que por otra parte está escrita con un estilo elegante y por momentos un tanto recargado, pero consecuente con un modelo de narración fragmentario y disperso, análogo a la deriva de los sueños, y siempre inequívocamente literario, una característica esta indispensable si de lo que estamos hablando es, cómo no, de literatura.
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Carlos Manzano, dormir, Isaac Rosa, Las buenas noches, Seix Barral, sueño