«Abril o nunca», de Juan Gómez Bárcena
Posted on 7 abril, 2026 By José Luis Muñoz Creación, Dársena, Letras, Reseñas
CARLOS MANZANO
Quizá lo primero que debería decir es que, como lector, soy fan incondicional de Juan Gómez Bárcena. Hay algo en su manera de escribir, cierta particularidad en su estilo, en su mirada nunca superficial y menos aún rutinaria, cierto enfoque sutil a la hora de contar, y puede que alguna cosa más que no consigo identificar bien, que me resulta enormemente atrayente o, por qué no decirlo, gozoso; podría decir incluso que Gómez Bárcena tiene la exquisita habilidad de convertir todo lo que escribe en literatura, en literatura de verdad, en literatura con mayúsculas ―incluso si abordara algo tan insustancial como la lista de la compra, estoy convencido de ello.
A pesar de lo dicho, es decir, de estar totalmente entregado de antemano y de comenzar su lectura confiado en que iba a ser objeto una vez más de un mágico deslumbramiento, las primeras páginas de su nueva novela, Abril o nunca, publicada en 2026 por Seix Barral, en concreto las que se corresponden con la primera de las seis partes en que esta dividida, me supieron a poco (no digo que me decepcionaran, pero aunque parecían elaboradas por un buen escritor, bien cimentadas, más que correctamente contadas, diría que hasta elegantemente escritas, carecían de esa sutileza formal y esa ambigüedad subcutánea que tan pocos escritores son capaces de conferir a sus textos). Quiero decir que me costaba reconocer al Gómez Bárcena que me había cautivado en sus novelas Ni siquiera los muertos, El cielo de Lima, Kanada y Lo demás es aire, o en su flamante ensayo Mapa de soledades. Sin embargo, fue empezar el segundo de los capítulos, titulado ‘Primavera’, para entender que tal vez se tratara de un prefacio, de una introducción, incluso de un prólogo si se quiere ―no sabría encontrar una palabra más precisa―, la base imprescindible sobre la que dar forma a la estructura final y abrir el sendero por el que hacer discurrir el resto del relato; pero fue al terminar la lectura completa del libro cuando descubriría que dichas páginas serán la referencia imprescindible que dé sentido al último de los capítulos y, con ello, al conjunto de la narración, y cerrar de ese modo, con absoluta brillantez, como si estuviéramos ante un círculo perfecto, esta magnífica pieza literaria.
Porque Abril o nunca traspasa los límites de la novela convencional, del simple artificio narrativo que desarrolla y perfecciona una línea argumental, para erigirse en un complejo laberinto conceptual sobre el tiempo, la muerte, el pasado, nuestra propia comprensión de la vida, así como la imposibilidad de recuperar lo perdido (¿o no?), a través de ―podríamos llamarlo así― la epopeya particular de un personaje que siente la necesidad de reelaborar su propia comprensión del tiempo y de las etapas de la existencia y de luchar contra los límites (auto)impuestos de lo real. Y ahí es donde la novela alcanza niveles superlativos, donde se deja ver todo el talento de uno de los grandes escritores contemporáneos y donde los lectores inconformistas pueden encontrar material suficiente para solazarse más allá de los escenarios narrativos habituales y las historias ya contadas (o contadas de la misma manera, o con las mismas herramientas y similares recursos).
La novela, por otra parte, está surcada por un puñado de personajes luminosos ―que no sería justo denominar secundarios― que pululan alrededor del protagonista principal y lo llevan a transitar diferentes niveles de realidad, todos ellos tan sagazmente diseñados que se podría escribir una novela sobre cada uno de ellos (Mario, Natalia, John1419, Schneider, e incluso la misma Teresa). Asimismo, la búsqueda de lo irrecuperable que inicia Daniel, el protagonista, nos lleva hasta uno de esos foros absurdos de internet que hoy en día se han vuelto casi cotidianos donde los participantes elaboran las más disparatadas teorías ―aunque también, por qué negarlo, dejan caer algunas lúcidas reflexiones― sobre asuntos tan complejos y tan difíciles de abordar como el tiempo y el pasado.
Abril o nunca no es una novela de la que se pueda (se deba) hablar demasiado y desmenuzar su armazón argumental. Casi todas las puertas que se abren a lo largo de los capítulos siguen abiertas al llegar a la última página, todos los significados posibles siguen siendo válidos. Los lectores sabemos lo que hay, lo que es, lo que somos, pero aun así siempre queda esa parte interior incognoscible donde la mente quiere construir también su espacio propio y donde rigen sus propias leyes, y de cualquier manera no podemos dejar de sentirnos afectados por las debilidades y los miedos de nuestros semejantes, de reconocer en ellos cierta constante biológica que nos identifica como individuos de la misma especie. Y si además todo eso está construido con la prosa brillante y precisa de Juan Gómez Bárcena, tenemos un artilugio literario casi perfecto. De nuevo, una vez más, no me queda otra que rendirme ante el talento de un escritor que sabe ejercer su oficio y contar desde una mirada desprejuiciada que cuestiona a la vez que construye.
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Abril o nunca, Carlos Manzano, Juan Gómez Bárcena, novela, Seix Barral