¿Se aguza la inteligencia en tiempos de penuria?

Por José Antonio Ricondo

Si no, observemos detenidamente la siguiente imagen:

 

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Si la inteligencia, ante todo, no es más ni menos que la capacidad que poseemos de comprometernos y responsabilizarnos con los apuros inaplazables y apremiantes de nuestro entorno, no dependiendo de esas prisas, sino venciéndolas con nuestra inteligencia y sentido de descubrimiento e imaginación. El conocimiento y la sabiduría que nos trueca en propietarios o titulares del universo, del mundo natural, es una contestación del conocimiento a la naturaleza, tal que, en su espíritu, la argumentación del Neandertal en el momento que imaginaba y hacía dispositivos, ingenios o utensilios mortíferos de pedernal. (Doc. Cedri).

Porque, ¿nuestro cerebro cómo actúa? La neurobiología afirma que se compone y organiza como un sistema sellado, como un sistema de gobernanza con diferentes dependencias y directores que desempeñan misiones y procesos múltiples y variados. De manera aproximada, pasa eso cuando oímos “Un año calentando el ambiente… Yo no soy TONTO”. Se nos moviliza y aviva un ‘polímero publicidad’ que, fundamentándose especialmente en identidades ordenadas y multiplicadas, es una suerte de oficina que instruye a las otras agencias.

En este caso publicitario, si nos llegase solo por la radio, tendríamos, claro está, cierta confusión en el mensaje, porque las palabras solo tienen significado en su contexto: ¿Quién lleva más de un año calentando el ambiente?, ¿quién ha tratado de tratarnos como tontos?, ¿se estará refiriendo el spot a unas tiendas de informática y electrónica?… Y cuando grita “15 AÑOS La vamos a liar parda”, cualquiera podría caer en la cuenta de que es así, que se está refiriendo a las tiendas, que no podría ser que en política dure tanto ese liarla.

 

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No somos Robinsones. Acordonados por los demás, sumergidos en nuestra cultura, somos sucesores y descendientes. Y los manuales son el tren de ese patrimonio.

Así, por fin, la figura de la publicidad es correcta. Al darse ya la imagen ‘publicidad’, el negociado de registro e ‘identificación’ ha reconocido un motivo que haya afectado a esta idea. Evidentemente, no todos los sistemas, direcciones y símbolos impresionan, se personalizan o caracterizan de igual manera en nuestro planeta. Cuando se ha creído lo contrario es cuando más argumentos han tenido los grupos sociales y culturales para oprimir a los demás.

En tiempos de penuria, aún podemos saborear a los libros, aun con la posibilidad de que sean una insoportable aflicción si están ungidos de control y poder totales. Cuando eso sucede, es vital desencadenarse de él. El libro ha de ser dialogador por entre el tiempo y espacio, apareciendo como un excitante intelectual, sin competidor aceptable.

 

imDoc. A. A. A. Photo y G. Walusinski

 

¿La inteligencia se puede medir como se computa una potencia o un ímpetu somático cualquiera? ¿O taxativamente la mente se evidencia en estructuras incluso contrarias conforme a las culturas y conocimientos en los que aquella brota y se educa? Es indiscutible que si mantenemos y admitimos excesivamente la naturaleza psicológica del talento y de las capacidades, nos enrocaremos desilusionados y frustrados. Las pruebas positivas para un universo concreto se vuelven estrafalarias e insignificantes mientras nos esforcemos en tratarlas en otro cuyas coordenadas de observación y de señales sean diferentes.

Tras los ensayos de varios psicólogos -W. K. Köhler, entre otros-, se reconoce en los animales un género de inteligencia utilitaria y empírica. La humana, ‘en cambio’, se distingue de la primera por la aptitud de asentar vidas, coherencias frescas y jóvenes a través de las reseñas encontradas guardadas en el baúl de los recuerdos y porque el motivo de estas reorganizaciones no radica albergado necesariamente hacia la ejecución de las obligaciones instintivas -involuntarias e inconscientes-.

 

 

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Por ejemplo, las paradojas, absurdos y contradicciones estriban  en exámenes tradicionales de lógica o razonamiento dialéctico que motivan una solución manifiestamente falsa, a pesar de situarse ante ella sobre un principio perfectamente preciso y exacto. Un modelo de ello es el dilema del cocodrilo. A orillas del Nilo, un cocodrilo ha capturado a un niño. Noblemente, expresa al afligido padre retornarle al hijo, si puede ser capaz de descifrar lo que iba a hacer con él:

-¡Ay, vas a devorarlo! –solloza el padre.

¿Con la desesperación ha perdido el oremus? Al revés, porque respondiendo así, si el despiadado reptil se come al niño, su padre lo ha vaticinado y precisamente ha de devolverle su botín. Y si lealmente el cocodrilo determina devolverle, el padre no ha atinado, pero el reptil ha desaprovechado también su comida. Asediado con esta vicisitud, el cocodrilo escoge devolver al pequeño.

En tiempos de penuria se aguza la inteligencia. ¿A quién no le gustaría ser delfín? Este pez ficticio es simplemente excepcional y admirable. Se le consigue instruir y dirigir tan correctamente o incluso mejor que al caballo y al perro. Descifra bastante acertadamente, manifiesta que aprecia y estima y que tiene imaginación. También, conversa con sus semejantes valiéndose de una lengua de sonidos. Es un sonar vivo. Los humanos hasta imaginan servirse de él para sus guerras. Si este cetáceo atesora tanto conocimiento y razonamiento como se supone, se opondrá y lo rechazará.

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A lo largo de la historia, y en cuanto a la inteligencia y su futuro, si esta se ha originado a partir del ser vivo, obedece al indiscutible requisito biológico de la protección y supervivencia de las especies biológicas, amenazadas por las fieras crisis del medio cultural, económico y social en donde se encuentran. ¿Será el final? Los instrumentos que han provocado su evolución siguen indudablemente trabajando e influyendo.

 

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Si analizamos la evolución del mono y del niño, hay un instante en el primer año donde el animal demuestra estar más provisto que el bebé. Pero el mono termina establecido en una etapa, en cambio el hombre avanza y pronto desarrolla la distancia a través de sus éxitos (Doc. Time Inc., 1976. Ralph Morse).

Este adelanto en la inteligencia es imperativo  para la perduración y conservación del género humano. Y el progreso de una humanidad evolucionada y la actividad de las transformaciones que le sobrevienen deciden reclamar a los invitados a este mundo que parece girar rápido una ductilidad y tolerancia mental e intelectual siempre importante. Y aún así, considerando este vertiginoso avance, ¿los marcos de esa elasticidad de la inteligencia del hombre, aplicados por la heredabilidad, no se presentan señaladamente cortos en un breve período de tiempo?

 

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Sin afán de superación, el talento no florece. El talento no se tiene, se conquista (Doc. Sygma)

La inteligencia está. Hemos observado hasta aulas llenas cargadas de ella en un orden latente: clases sobresalientes colmadas de seres vivos y despejados. ¿Son lugares en los que se polarizan los individuos armados de ella? Preexiste una herencia de la capacidad intelectual, y se dan asimismo las naturalezas indirectas y cercanas de la niñez: nutrición, medio. Un ambiente exquisito y fértil en estímulos sensoriales llega a aumentar lo que ha dotado en un principio la naturaleza. En el cerebro encontramos inmediato o contiguo a lo atávico lo que también se ha descubierto.

La historia del hombre es la del progreso de las virtualidades del cerebro, así nada nos permite hablar que hoy este se haya situado al máximo de sus expectativas. Su evolución adopta el florecimiento del progreso y el conocimiento, lo que revela que los críos de los pueblos más tribuales alcancen a ser semejantes al hombre más evolucionado.

 

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No todas las diferencias  están asociadas a principios culturales e históricos. Niños hay congénitamente sobresalientes. Promfila Watson, con 31 meses, jugaba al ajedrez (Paris-Match)

 

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