Generación del 14. Ciencia y modernidad

Por José Antonio Ricondo

El jueves pasado se inauguró en la Biblioteca Nacional la exposición Generación del 14, Ciencia y modernidad. Pone al día el sentido de esta Generación, cuando nuestro país se encontraba en la avanzada y progreso de Europa, en cuanto a la investigación en la ciencia, el respeto a la medicina para todos y la cultura para una ley universal. Hasta el 1 de junio, nos brinda ese sueño colmado de la aplicación y esfuerzo de aquellos artífices pensadores y estudiosos que iluminaron y aspiraron a una España moderna.

El poder y el peso de esta generación no fueron pequeños. Fue estratégico su predominio en los quince años que duró y culminante en la primera mitad del siglo XX, así como en nuestra España actual, comulgando con el Regeneracionismo por lo que toca a la educación, la ciencia, el conocimiento y la medicina, que debían ser nuestro buque insignia, nuestra preocupación nacional. Tampoco nos viene mal refrescar el significado del término generación, que tanto utilizamos y, a veces, con no muy buen tino.

 

1109981828_740215_0000000000_noticia_normalJosé Ortega y Gasset

 

Precisamente, uno de los teóricos del término en cuestión fue José Ortega y Gasset, el abanderado de la Generación. Dice que la historia muda de quince en quince años, ya que eso no es sino el lapso de tiempo en que se prolonga la supremacía y preeminencia de una generación. También nos recuerda que en todo momento conviven dos generaciones activas, a la vez que dos inactivas: los que tienen 45-60 años –tienen el ‘poder’, el gobierno, las ideas, el arte-; y enfrente, los de 30-45 -traen principios diferentes y se caracterizan por su oposición.

Ni que decir tiene que, como regla general, existen otras dos generaciones más, pero inactivas, la de 15-30 años, y la de 60 en adelante. Curiosamente, Enrique Diego-Madrazo, para el cambio radical en la educación, cifraba esos tramos en cinco más que Ortega, en 20 años. Sin embargo, es evidente que a los que siguen en el poder intemporalmente, anacrónicamente -y no me refiero al Gobierno solamente, sino a cualquier modo de poder- parece interesarles esta teoría mucho menos que, por ejemplo, las ganas que tienen los de a pie de saludar a sus representantes.

Inminente la I Guerra Mundial (1914), aproximadamente hacia 1910, surge un grupo de intelectuales y escritores que entrañan una transformación en el rumbo respecto a las orientaciones de la Generación del 98, así como del Modernismo, aunque estos sean su antecedente y su fundamento para deducir y tratar la nueva filosofía, como decíamos arriba sobre el sistema generacional. Esta nueva generación es un puerto hacia el Vanguardismo, que se solidificará acabada la guerra.

 

gr1Gregorio Marañón, brillante ensayista y una figura cumbre de la ciencia médica en España

 

Aunque su prosa es preferente, sus líneas no están tan encuadradas como en los anteriores: contra el 98, superan el pesimismo y el afán de protesta, junto con la adopción de una postura desazonada, intranquila y agitada. El problema nacional deja de ser ya dramático. Su enfoque va a ser más filosófico e intelectual, más europeo. En cuanto al modernismo, abandonarán su pompa decorativa, su sentimiento vago, llegando a una poesía más íntima y depurada, siendo su concreción emotiva e intelectual superior.

Como decíamos será Ortega quien va a liderar un elenco de escritores, filósofos e intelectuales que, perdónenme por la boutade, han sido desconocidos ‘de generación en generación’ para los estudiantes de Bachillerato, por la sencilla razón -y aquí viene lo impresionante- de que siempre venían al final del libro de texto. Porque imagino, también, que no fuese porque hablaban de filosofía y de Europa.

Así, nos encontramos con Eugenio D’Ors, Gregorio Marañón, Ricardo León, nuestra Concha Espina, Ramón Pérez de Ayala, Gabriel Miró, Wenceslao Fernández Flórez, Ramón Gómez de la Serna, sin olvidar nunca a Menéndez Pidal y a Américo Castro, cuya aportación a la historia e historiografía es difícilmente superable. Solo por poner algún ejemplo.

 

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‘La Tertulia del café Pombo’, José Gutiérrez Solana (1920). Tomás Borrás, Manuel Abril, José Bergamín, José Cabrero -pintor santanderino-, Ramón Gómez de la Serna, Mauricio Bacarisse, José Gutiérrez Solana, Pedro Emilio Coll y Salvador Bartolozzi.

 

 

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