Quizás la vida no es la realidad

Por: Juanjo Fernández Torres

mascaras en calleDesde hace mucho estoy convencido que entender la realidad que pasa como un tren ululante delante nuestro nos lleva indefectiblemente al escepticismo más recalcitrante. Desde hace algún tiempo he llegado  a comprender, después de recorrer tercas e inútiles jornadas de justicia quijotesca, que conocer la naturaleza humana equivale a saber que la vida siempre ha sido así y no cambiará. Desde hace poco sé que nadie crea acontecimientos nuevos sino que los repite desde el principio de nuestros tiempos, que las parábolas en las historias bíblicas y sus discípulos literarios son la mejor forma de imaginar un mundo humano soportable. Desde hace un rato he comprendido que la vida no es la cruda realidad, que quizás sólo es uno mismo, su camino, y aquél que te acompañe a recorrerlo.

Quizás mi vida volvió a empezar, quizás no. Quizás la encontré tarde en el camino, cuando todo ya empezó a desmoronarse dentro y las hojas caen para no dejarte caminar. Quizás su brisa barrió la niebla y su luz se asomó por algún grumo abierto en el hervor de chocolate agrio reseco sobre mi pulso, quizás no. Quizás llegó a caminar tomada de mi mano húmeda del rocío de otoño, a pegar su cuerpo a mis deseos más teñidos de añil noche, a latir dentro de mi furia de galope fríamente desbocado, a unir su voz a mi lamento con tristeza impregnada de agua marina sobre carbones de una fogata muerta frente al mar, quizás no.

Ahora el andar empieza a alejarse a zancadas en dirección al bosque más escarpado de la mente y, tal parece, llegará a tocar los primeros árboles en plena oscuridad de invierno. Tal parece que recorreré ese bosque sin ninguna brisa que me susurre el camino de salida, sin la delgada luz que me deje ver las piedras más puntiagudas, sin la mano aferrada al sudor de la angustia de saberse cada vez más lejano, sin el tenue azul de las noches de garúa fresca, sin el impulso del caballo que va escapando del espíritu, sin la tristeza que me ayude a encontrar la nostalgia del otro lado del bosque. Quizás la tuve, quizás no.

 

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