La religión de las mujeres es el amor

Por José de María Romero Barea

Walcott_Burlador_promocionEn El burlador de Sevilla (Vaso Roto, Teatro, 2014), Derek Walcott despliega todo su arte para adaptar a su situación y la de sus contemporáneos el lenguaje y la cultura hispánicas del siglo XVII, pero manteniendo una radical originalidad e independencia. La sensibilidad de Walcott para el ritmo, el metro, y el lirismo del original, la obra homónima del español Tirso de Molina (Madrid, 1584 – Almazán, 1648), hacen de su adaptación un logro extraordinario.

El autor caribeño toma un modelo y lo homenajea, pero de forma accesible, sin complejos de culpa. Para Tirso de Molina y Walcott, Don Juan es un libertino que cree en la justicia divina (el verso “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague” del original, se transforma en “Y que Dios te ayude … ¡si odias las burlas!” p. 23). En ambos, el burlador confía en que podrá arrepentirse y ser perdonado antes de comparecer ante Dios (el famoso “¡Qué largo me lo fiais!” muta en un “Edén eucalíptico rociado de sal” donde mezclar “unas cuantas metáforas”, p. 54).

La adaptación de Walcott, sin embargo, adolece de la vocación moralizante de la obra original. La burla y la seducción se convierten en la perdición de un Don Juan que entrega dichoso su alma y desafía abiertamente a la ira divina, al afirmar: “una hora es todo lo que yo tengo/ entre tu Infierno y el Cielo de Ana, / entre sus sábanas y tu sepultura” (p. 86). El seductor caribeño no solo roza los límites de la más cínica arrogancia (¿Y si lo que nuestro cuerpo necesita es un pecado?” p. 160), sino que hace gala de un gran escepticismo religioso (“¿Mi fe? La fe de todas las mujeres. / La religión de las mujeres es el amor” p. 164).

El Don Juan de Walcott se enamora: “Oh, herida que yo envidio, brota otra vez/ como esta fuente, empápame en sangre!/ Condúceme por una llovizna fina/ hacia el amor. El amor es el dulce dolor” (p. 145). La salvación y la entrada al reino de los cielos se obtiene a través del amor (cuando no del sexo): “¡Yo sirvo a un principio! El de/ la tierra generadora, cuyas leyes/ obligan al león a moverse con grandes/ zancadas hacia la desocupada leona” (p. 161). Don Juan desconfía la salvación de su alma, ya que no cree en la vida eterna: “estoy alegre (…) ya que muero” (p. 170).

Eterno defensor del mestizaje, Derek Walcott nace en 1930 y crece en Santa Lucía, una de las islas más pequeñas del Caribe, donde recibe una educación inglesa. Su generación, tanto como la de sus padres, trata a los textos en otros idiomas no como algo ajeno o impuesto, sino como parte de su lengua materna. La adaptación que nos ocupa es la respuesta de Walcott a esa sociedad postcolonial: la acción de El burlador transcurre en una república moderna de las Antillas.

Se descarta la dicotomía blanco / negro. Walcott prefiere hacer hincapié en la variedad étnica, de ahí la presencia de elementos indígenas, africanos y españoles. La política, pues, se funde con la estética y el discurso de la obra, cuya teoría literaria podría reducirse a un solo principio: el artista moderno debe hacer el máximo uso de los recursos de la tradición. En El burlador, la imitación no es una forma de adulación, sino de creación.

Al devolver la poesía al teatro, Walcott enriquece a ambos. El poeta caribeño cree en el mito de la obra que adapta, el personaje más universal del teatro español. Se aborda la leyenda de Don Juan como algo real. Su intención es centrar la atención del público sobre protagonista y el lenguaje. El estilo del seductor es elevado, aunque el tono es cercano. Como Shakespeare antes que él, Walcott hace que sus personajes nobles empleen un estilo llano.

Aunque el escenario no es Sevilla, se emplean expresiones de similar frescura. Su sociedad, como la sevillana de la época, es la encarnación de la crueldad y el machismo despiadado. Al igual que Tirso de Molina, (y luego Molière, Lorenzo da Ponte, Lord Byron, Espronceda, Pushkin, Zorrilla, Azorín, Marañón y muchos otros) Walcott trata de acercar a nuestra experiencia una vieja leyenda.

El tono dominante es el idiomático y conversacional. En ocasiones, se vuelve a las formas tradicionales. La retórica, sin embargo, nunca es rígida o envarada. La versión al castellano de Keith Ellis (1935), poeta, narrador, traductor, profesor e investigador de la literatura cubana, latinoamericana y caribeña de origen jamaiquino, respeta el dialecto de los diferentes personajes. El lenguaje estándar, del cual surge el discurso, se convierte en drama a través de máscaras, rostros y personajes. El estilo que emplea Ellis sabe transmitir las sutilezas intelectuales de la obra. Al mismo tiempo, es fiel al tono reflexivo que el texto privilegia en ocasiones, ya que conoce la medida exacta del sonido que emplea.

Cuando la Royal Shakespeare Company encargó en 1974 al que sería Premio Nobel de Literatura en 1992 la adaptación de El burlador para el Taller de Teatro de Trinidad, Walcott llevaba décadas trabajando en Puerto España, como reportero del Trinidad Guardian, cubriendo noticias sobre arte y exposiciones locales. Al mismo tiempo, escribía y dirigía para diversas compañías de teatro. Su adaptación fue todo un éxito. Walcott logró tal uniformidad que hizo que el resultado fuera un bello poema dramático en el que se defienden conceptos eternos como la armonía y la música, así como la fe del ser humano en ellas.

 

José de María Romero Barea (Córdoba, 1972) es profesor, poeta, narrador, traductor y periodista cultural. Autor de Poesía (qué si no), cuya primera sección, el corazón el hueco, consta de la trilogía Resurrecciones (Asociación Cultura y Progreso, 2011), (mil novecientos setenta y) Dos (Ediciones en Huida, 2011) y Talismán (Editorial Anantes, 2012), del que la plaquette ridículo ciego feliz en mi sitio (Q Ave Press, 2012) es un adelanto.
Su poemario un mínimo de racionalidad un máximo de esperanza se encuentra en proceso de edición. Ha presentado el V Ciclo de Poesía Nadadora Sevilla-Córdoba 2014 y ha participado en la XI edición de Cosmopoética, Poetas del Mundo en Córdoba, y en el 9º RCA Recital Chilango Andaluz. (octubre de 2014).
José de María Romero Barea es autor, además, de una serie de novelas reunidas bajo el título común de Interrupciones. Hilados Coreografiados (Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, 2012) abre la serie. Le siguen Haia, en proceso de edición, Mitze Katze (inédita), Oblicuidades (inédita) y una quinta entrega en proceso de escritura.
Romero Barea ha traducido el poemario de Curtis Bauer Spanish Sketchbook/España en dibujos (Ediciones en Huida, 2012), Disarmed/Inermes de Jeffrey Thomson (Q Ave Press, 2012) y Gerald Stern. Esta vez. Antología Poética (Vaso Roto, 2014).
José de María Romero Barea es crítico de narrativa, poesía, ensayo y novela gráfica. Ha sido coordinador de las I Jornadas de narrativa Sevilla 2014, que organiza la Asociación Colegial de Escritores de España (A.C.E.), a la cual pertenece. Además, es miembro de la AAEC-Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y coordinador de las I Jornadas de Crítica Literaria ACE-Andalucía 2014. Pertenece a la Asociación Cooltura, Acción y Poesía y a la Asociación Nueva Grecia, así como al Circuito Literario Andaluz.
El autor colabora con sus reseñas, entrevistas y traducciones en publicaciones de ámbito nacional e internacional, en formato digital y en papel, entre otras: los diarios La Vanguardia (Revista de Letras), Andalucía Información (“Veredictos”) y Mundiario; las revistas de divulgación Culturamas y Tendencias 21; las revistas de literatura Quaderni Iberoamericani (Italia), Resonancias (Francia), Letralia (Venezuela), Contratiempo (EE.UU.), Nayagua (Centro Poesía José Hierro), Sonograma (Barcelona), El Placer de la lectura (Madrid), Cuaderno Ático (Madrid), Piedra del Molino (Cádiz), Estación Poesía (Universidad de Sevilla) y Nueva Grecia (Sevilla), de cuyo consejo de redacción forma parte.
Más sobre el autor:
Programa TV Dazibao
Diario de Sevilla 2011
Diario de Sevilla 2014
Radio Nacional de España
Revista MisLibrosPreferidos
Sevilla, 2015
José de María Romero Barea
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41009 Sevilla
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