El documental sobre Amy Winehouse: crece la polémica

1430387650_019171_1430390505_sumario_normalFoto Facebook

 

 Por Mónica Maristain/SinEmbargo

Murió el sábado 23 de julio de 2011 en su casa de Camden Town y entró anacrónicamente al Club de los 27 (Cobain, Joplin, Morrison, Hendrix…), los que mueren a una edad impropia y fruto de una circunstancia trágica como una sobredosis de heroína, un suicidio o, como en su caso, un coma etílico.

Amy Winehouse se consumió la vida en poco tiempo y dejó discos como Black to Black, que hoy están agotados en la tiendas. Tenía más de 11 millones de dólares en su cuenta bancaria al tiempo de perecer, sola, dañada y ya inmortal, lejos de su novio de entonces, el cineasta Reg Traviss y de su padre –el de ella- Mitch Winehouse.

Precisamente los dos hombres de su vida han levantado la voz para quejarse por Amy, el documental dirigido por Asif Kapadia que llegará a las salas de cine el próximo 1 de julio, luego de su estreno oficial en el Festival de Cannes, que inicia el 13 de mayo.

 

 

Según los familiares de la cantante, el filme está lleno de falsedades a imprecisiones, puesto que “hay acusaciones concretas contra la familia y su manager que son infundadas”, dijo un portavoz, al tiempo que el último novio de Winehouse protestó por haber sido eliminado totalmente de la historia de la artista.

Efectivamente, el exprometido de Amy Winehouse no aparece en el documental biográfico de la artista británica, a pesar de haber grabado varias horas de entrevista.

“Estoy preocupado por la forma en la que Amy saldrá retratada. Es necesario que sea verdadera. Han entrevistado a gente muy cercana a Amy pero al parecer esas declaraciones, tras haberlas visto, las han descartado, en favor de un vago retrato periodístico.

Una película de ficción basada en hechos reales te da una licencia creativa, pero un documental biográfico es algo bastante diferente. Hay una responsabilidad. Una biografía no es ficción, no es algo que puedas o debas censurar. Debes hacer dos cosas: una es ser completamente imparcial y la otra es ser tan veraz como puedas ser”, explicó Traviss al periódico Daily Mirror.

 

 

EL DIRECTOR ASIF KAPADIA

Visto esto hay que destacar que se entiende la elección del británico Asif Kapadia como director del filme dedicado a la cantante, como lo confirma su película anterior, Senna, dedicado al piloto brasileño Ayrton Senna (1960-1994), fallecido trágicamente en el circuito de Ímola.

El filme fue aclamado por la crítica y público, al punto de obtener el BAFTA en 2011, en la categoría de “Mejor documental”.

 

 

Como podría preverse, Kapadia y su equipo se defendieron ardientemente de las acusaciones de Mitch Winehouse y Reg Traviss, argumentando entre otras cosas que al inicio del rodaje contaron con el apoyo total de los parientes de Amy.

“Durante el proceso de producción, llevamos a cabo 100 entrevistas en la región con gente que conocía a Amy Winehouse, entre ellos amigos, familiares o miembros de la industria musical. La historia que la película cuenta es un reflejo de estas entrevistas”, dijeron los hacedores del filme en un comunicado difundido a la prensa.

“Me han definido como un padre ausente. Todos saben que yo estaba con Amy todo el tiempo. No es ni siquiera creíble. Han pintado un cuadro de Amy de los últimos tres años de su vida y han excluido a Reg también.

Solo tras una extrema presión han puesto unas pocas fotos de Amy y Reg al final. Reg pasó mucho tiempo con ellos hablando sobre su relación y más cosas. No escucharás su voz en la película. Ellos son los que se encargan de la biografía de Amy, es su deber retratarla de forma precisa, no poner a Reg en la película es ridículo… Hemos estado realmente engañados, nos dijeron que iba a ser una gran película y no lo es”, había dicho el padre de la artista a la prensa inglesa.

La polémica agrega interés al documental y pone otra vez en el tapete la figura de una intérprete prodigiosa, cuya industria póstuma no hace más que facturar y facturar a favor de sus herederos.

 

NO, NO, NO

En Back to Black, Amy Winehouse cantaba aquello que se volvió paradigmático: “No, no, no”…, la contundente respuesta de la joven a los intentos de su disquera y de su padre Mitch por llevarla a la rehabilitación.

La canción “Rehab” caló tanto que hasta los cerebros bienpensantes de la sociedad establecida se quejaron por el premio Grammy que recibió al mejor tema del año. “Con estos premios, se envió un mensaje: búrlate de la adicción, crea una canción de guerra para los que sufren de ella, arruina tu vida en todos los demás aspectos excepto por el éxito financiero y el reconocimiento y serás recompensado con medallas de oro por parte de la industria”, escribió el político estadounidense William J. Bennett en el portal de la CNN.

Sin embargo, con premio o sin él, nada podía cambiar la esencia del arte expresado sin dobleces, con el corazón en la mano, por una cantautora veraz y doliente como pocas.

No se trata de que en su canción Amy instara a sus congéneres a drogarse o a no intentar la rehabilitación, una circunstancia que ella enfrentaba con relativo éxito en sus últimos días de vida, sino de relatar con una crudeza pocas veces vista en las cancioncillas de mercado con que nos intoxican los oídos a toda hora, un drama de la existencia difícil de sobrellevar para quien lo padece.

Es, precisamente, ese grado de verdad en su arte lo que hizo grande a Amy Winehouse. No se premia a un artista por sus vicios, sino por la capacidad de sobreponerse a ellos y hacer arte con lo que le sucede.

 

10171687_10152438496885741_2961109544835117324_nTiempos felices: Amy y su familia. Foto: Facebook

 

Mitch Winehouse, que adoraba a su hija con un amor totalmente correspondido, estaba desesperado cuando decidió asistir al Parlamento Británico en calidad de padre de un drogadicto.

Fue el 20 de octubre de 2009 cuando el taxista se paró ante los diputados y senadores para decirles: “El año pasado, el Gobierno dedicó 440 millones de euros a programas de rehabilitación, pero si alguien quiere abandonar voluntariamente las drogas, apenas recibirá ayuda”.

“Si uno puede permitirse el ir a una clínica de desintoxicación privada, va a recibir el mejor tratamiento. Pero si, por el contrario, no tiene dinero, ¿qué hacer entonces?”, se preguntó ante los políticos de su país.

Según lo publicado por The Guardian, “dejó más de una docena de canciones grabadas inéditas, que podrían ser publicadas de forma póstuma”. Como para curarse en salud, el periódico aclara que “aún es muy pronto para que los padres decidan qué hacer con ese material, pues están pasando por un momento de duelo”: una metafórica y muy sutil forma de presionar desde los medios y antes los fans a la familia Winehouse.

Es verdad, por ahora Mitch, Janis (la madre) y Álex (el hermano) sólo pueden llorar la muerte del ser amado. Aun cuando las causas del fallecimiento todavía no han sido esclarecidas (se habla de la mezcla letal de una píldora de éxtasis con alcohol), la visión de la familia es coincidente en el sentido de que Amy estaba pasando por una buena época, gracias a su novio, el director de cine Reg Traviss. “Él la ayudó con sus problemas y Amy miraba hacia delante para tener un futuro juntos. Estaba más feliz de lo que había estado en años”, dijo el padre de la cantante, que hablaba por teléfono tres veces al día con su hija.

También dijo que el problema más grave de Amy no eran las drogas sino el alcohol.

“Estaba luchando duro contra la bebida y había completado tres semanas de abstinencia”, agregó.

Una cruel ironía que echaría por tierra todos los esfuerzos de la industria para convertir a Amy Winehouse en otro rentable objeto de consumo, basado en sus tragedias personales, es el rumor que crece: la cantante habría muerto por no beber y no por hacerlo a saco como era su costumbre.

“La abstinencia hizo que su cuerpo sufriese un ataque, y se cree que éste fue el causante de su muerte”, comentó una fuente no identificada. La policía inglesa, en tanto, ha pedido prudencia y no hacer conjeturas hasta que no se tengan los resultados de la autopsia.

Érase una niña de familia judía, con padre taxista y fanático del jazz, que creció oyendo los dolientes himnos del desamparo en la voz de Dinah Washington, Frank Sinatra y la eterna Billie Holiday.

Hoy, Amy vuelve a ser centro de una polémica. Lo que más le gustaba en la vida.

 

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