Fértil y femenina, mamá de todos

Todo buen relato tiene su propia personalidad, no sólo por la forma en que sus oraciones o sus párrafos se disponen sobre la página, sino por ese lenguaje casi corporal tan difícil de caracterizar. En “Tierra no hay más que una” escuchamos la voz de un niño innominado que habla de/se dirige a su madre. Su fraseo es fluido, pero también quebradizo. Una especie de tímida rigidez equivale en la narración a una cierta incomodidad. Inhibición y confesión se mezclan en un discurso nada pueril.

“Mamá nos da todo lo que tiene que darnos y también nos quita todo lo que debe quitarnos”. El minimalismo estilístico de la escritora Jenn Díaz (Barcelona, 1988) gira sobre sí mismo; los razonamientos de fondo nos llevan a través del río de la narración, que fluye rápido: “De todos mis hermanos, es a mí a quien mamá quiere menos, aunque mamá quiere a todas sus criaturas”. Hay algo irreductible en ese cauce que todos desean reducir. Lo que leemos está escrito desde el interior de su afluente: “De cuando mamá nos amamantó a todos y nos alimentó y nos crio nadie se acuerda”.

En otras palabras, la progenitora es ajena a su vástago, pero la imaginación de éste se convierte en recipiente de la visión materna: “De mamá sabemos sólo lo que mamá quiere que sepamos. De sus misterios no conocemos nada”. En este acto de suplantación la ironía de la autora de El duelo y la fiesta (2012) se apodera de su protagonista, sin disminuir la centralidad o el carácter abierto de la experiencia. La cuestión ecológica se resuelve en apenas unos trazos: la aventura de la maternidad (“pueden tenerse dos madres, una que puedo oler y tocar (…) otra a quien temo y a quien debo amar por encima de todo”), la libertad como opción (“vivir tranquilo, sin que mamá sea una amenaza”).

Una historia de amor anida en el corazón de este cuento. Es lo que conduce su centro y le da forma. Supone, al mismo tiempo, una especie de parábola del renacimiento de nuestra era moderna. El relato ha sido incluido en el número 6 de la revista Granta en español (Galaxia Gutenberg, 2017). Dirigida por la periodista y escritora Valerie Miles, la publicación aborda, desde diferentes perspectivas, el derecho a existir de nuestro planeta, mientras se enfrenta a todo aquello que destruye su riqueza biológica. Nada más oportuno, en estos tiempos de industrialización feroz, de crecimiento nada sostenible y dependencia energética, que la defensa del medio ambiente que llevan a cabo autoras y autores de la talla de Mercedes Monmany, Ramón Andrés o Juan Vico.

El canto a la maternidad y la regeneración de los ciclos vitales que entona la novelista de Es un decir (2014), no es, sin embargo, nada sentimental. Surge del interior del idioma en que está escrito. En el clímax del relato, la inhibición y la ironía: “Nuestra mamá querida, fértil y femenina, mamá de todos”. La conciencia colectiva de la representación de algo nuevo. Una especie de experimento social. Mucho se ha escrito sobre cómo las mujeres comparten sus experiencias a través de las brechas sociales. “Tierra…” nos adentra en la complejidad de ese intercambio. Escribir contra la contaminación puede ser una forma de radicalidad: no significa necesariamente romper con el lenguaje, sino dejar que lo irracional tome el control.

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