El pintor ciego, de Mariano Sánchez Soler

Cajón de sastre el que nos abre Mariano Sánchez Soler (Alicante, 1954), periodista de investigación (el hombre que sabe más sobre la familia Franco que ella misma, colaborador de Tiempo, Interviú, Le Monde diplomatique y El Periódico, entre otros), politólogo, cinéfilo y novelista de género negro (Carne fresca, Festín de tiburones, Para matar, Oasis pour l’OAS, Lejos de Orán, Grupo antiatracos, La brújula de Ceilán, Nuestra propia sangre y El asesinato de los marqueses de Urbina), poeta y fundador del evento cultural Mayo Negro; textos muy diversos que reúne en este libro editado por Libros.com en la colección Calibre 44 y que constituyen un sabroso menú degustación en el que el lector podrá disfrutar de diversas texturas literarias.

Junto a declaraciones de principios, como la de La pistola estaba encendida: A la conciencia – como siempre he dicho – hay que dominarla con la razón; es preciso derribar las paredes de la moral oficial, esa cárcel para los espíritus auténticamente libres. –; teorizaciones sobre el género negro como las de ese autor en busca de realismo que asesina al director de la revista Gimlet para ganar el premio que convoca.  Al romper las hojas experimentaba una insoportable impotencia. ¡Describir un crimen, narrarlo en toda su magnitud, sin caer en la enredadera del tópico! ¡Sin mentir!,  justificaciones literarias sobre su preferencia genérica, el negro policial: Siempre sospeché que escribía novelas policiacas para exorcizar a la muerte, la idea de la extinción, el miedo a desaparecer sin dejar rastro. (Para que no amanezca).

El Mariano Sánchez Soler social y combativo tiene su espacio en el libro: En las primeras horas del domingo, el metro de Barcelona era un triste desierto metálico y oloroso. La ciudad me pareció un esqueleto sin arterias transeúntes. Los mendigos se colocaban ya en sus esquinas estratégicas con sus carteles dramáticos, postrados y con el rostro entre las manos. O en esa lúcida reflexión sobre los sin techo de Serafín, el rey de los mendigos: Cuando ves a un hombre durmiendo en el suelo, te fastidia, aunque no lo conozcas, porque en él ves tu propio futuro.

Pocos se acuerdan de las luchas cruentas, con muertos, de la tranquila Transición, por eso el texto Ejecución, que hace referencia a la Coordinadora de Presos en Lucha, fija la memoria en ese momento convulso: En una triste mañana de noviembre, Ángel García Cantero y su cómplice, Ramón Molina López, dos asesinos terminales, fueron juzgados por el asesinato de mi amigo José Ramón López Moscoso, Pucho, de 45 años irreductibles marcados por la rebeldía; veterano fundador de la Coordinadora de Presos en Lucha, COPEL. El último de una generación.  Y Mariano Sánchez Soler remueve las conciencias, destapa los hedores mefíticos de la cloaca institucional con licencia para asesinar en Matarile, texto sobre el asesinato del Nani por parte de la policía. Desde aquel despacho, sólo vimos a Ángel. Sangraba por la nariz, le conducían a empujones y le golpeaban sin miramientos. Ángel tenía la cara tan ensangrentada que, cuando pasó junto a nosotras, me salpicó en el vestido; chorreaba.

 

Hasta en la comida encuentra el autor alicantino ocasión de meter la cuña social. El enviado es un relato gastronómico en el que un niño de Rusia se encuentra con su tío en España. La gran mentira siempre empieza por el estómago. Si consiguen engañarte en la comida, saben que te han atrapado. Que aceptarás todas las falsedades del sistema sin rechistar y para siempre. Empieza a pasar en España con las franquicias fast food made in USA: engañan y deforman gustos y esa es una forma de colonialismo.

El Mariano Sánchez Soler cinéfilo cree ver al Stewart Granger de Las minas del Rey Salomón: Inmersos en el Maracaibo buscábamos una liberación imposible. La fantasía del cine de barrio nos alejaba de una realidad sin perspectivas; nos libraba de un futuro de talleres. El cine como fábrica de sueños.  Esa sala de barrio, el Maracaibo, con reminiscencias de The last picture show, presente en varias piezas del libro. En Maracaibo, exterior noche un adolescente sale clandestinamente de la proyección para robar un cartel de Descalzos por el parque. Allí hay autoficción: Mi adolescencia transcurría tan deprisa como mis zancadas, entre camisas blancas y corbatas azueles con el emblema del colegio. Entonces ya había conocido el amor solitario con una Stefania Sandrelli estática, seducida y abandonada en un film de Pietro Germi. La Sandrelli: mito erótico por excelencia de Mariano.

 

La pasión cinéfila le lleva al autor de  El asesinato de los marqueses de Urbina a un relato vengativo nada menos que contra uno de los genios indiscutibles del Séptimo Arte en Ajuste de cuentas con el Hombre Gordo: Orson Welles. Yo le había perseguido durante toda mi vida, pero siempre, cuando lo tenía más cerca, se me escapaba bajo entidades falsas. Quinlan, Arkadin, Falstaff, Lime, O`Hara, Kane…Ahora, sin embargo, yo lo había volatilizado. Sí, me había librado de él y de su sombra para tener mi propia dimensión artística del infierno.

Onírico, mediterráneo, nostálgico, hiperbólico y social son algunos de los adjetivos que me vienen a la cabeza ante este conjunto de textos brillantes reunidos en El pintor ciego que maridan ficción y realidad y dan una idea de la valía literaria y el compromiso social del escritor alicantino, un periodista de raza en estos tiempos de periodismo basura que habría que clonar o prohibir que se jubilara.

 

 

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